Estreno de cine
La hora de Rose Byrne, la eterna secundaria que acaba de ganar un Globo de Oro
La australiana Rose Byrne se supera a sí misma en 'Si pudiera, te daría una patada', un papel que podría llevarla a obtener una nominación al Oscar tras ganar el Globo de Oro este año

Rose Byrne con el premio, la noche del domingo en Los Angeles. / ETIENNE LAURENT / AFP

“Oh, Ni siquiera puedo imaginar la posibilidad de estar en esa posición”, afirmó Rose Byrne en la pasada edición de la Berlinale al ser preguntada por los honores que prometía proporcionarle su nueva película, la que ahora estrena en España y que la tiene en boca de todos. Fue una respuesta motivada quizá por la cautela, o tal vez porque de verdad no esperaba lo que estaba por venir para ella: que solo unos días después obtendría el Oso de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista en el certamen alemán; que casi 11 meses más tarde, a principios de esta semana, ganaría su primer Globo de Oro; y que hoy su nombre sería uno de los dos o tres que tienen un lugar prácticamente garantizado en la lista de nominaciones al Oscar en la categoría de Mejor Actriz, que se darán a conocer la semana que viene.

Rose Byrne en el Beverly Hilton hotel en California, el pasado domingo. / ETIENNE LAURENT / AFP
Y lo noticiable de todo ello no es que a Byrne le haya llegado su momento -que también- sino que, afortunadamente, por fin le ha llegado. La australiana es una de esas actrices que mejora cada proyecto en el que participa y que, a lo largo de más de tres décadas, nunca ha ofrecido una mala interpretación para la pantalla grande ni para la pequeña. Pero, seguramente porque muchos de los personajes de su filmografía son secundarios, y porque buena parte de su trabajo se circunscribe en el ámbito de la comedia -aunque su versatilidad en diferentes géneros ha quedado más que probada-, no ha recibido el reconocimiento merecido. Hasta ahora.
El personaje al que Byrne da vida en ‘Si pudiera, te daría una patada’ es Linda, una terapeuta que se enfrenta a la vez a varios problemas: su hija sufre un trastorno que le provoca aversión a la comida, por lo que debe ser alimentada a través de una sonda; el techo del apartamento en el que viven se derrumba, así que las dos recalan en un motel destartalado; y su marido se va de viaje de trabajo durante meses, dejándola sola frente al desastre y sometida a los efectos del estrés, el vino, la marihuana y una salud mental cada vez más deteriorada.
Segundo largometraje de la directora Mary Bronstein -está inspirado en su propia experiencia personal-, desde el principio nos introduce en la frágil psique de su protagonista, y mantiene tal intensidad narrativa mientras la dirige hacia un punto crítico que, tras ver la película, el espectador sale a la calle con la misma necesidad de aire fresco, de un respiro, que azota a Linda. Y, entretanto, ‘Si pudiera, te daría una patada’ obliga a desdecirse a quienes, no sin motivo, pudieran opinar que a estas alturas Byrne ya había hecho de todo.
Tras aparecer durante apenas unos segundos en ‘Star Wars. Episodio II: El ataque de los clones’ (2002) y besarse con Brad Pitt en ‘Troya’ (2004), en efecto, la actriz ha actuado para algunos de los mejores cineastas, como Sofia Coppola en ‘María Antonieta’ (2006) y Danny Boyle en ‘Sunshine’ (2007), y tocado géneros tan dispares como el terror sobrenatural en la saga ‘Insidious’, la fantasía romántica en ‘Les doy un año’ (2013), el cine de acción y superhéroes en la saga ‘X-Men’, el musical en ‘Annie’ (2014) y la intriga legal en las cinco temporadas de ‘Daños y perjuicios’, que le proporcionaron dos nominaciones al Emmy.

Rose Byrne y su marido Bobby Cannavale en los New York Film Critics Circle Awards. / CJ Rivera / AP
Y más o menos mediado el transcurso de esas dos décadas largas, decimos, Byrne decidió liberar a la payasa que lleva dentro tras ser elegida por el director Nicholas Stoller para dar vida a una petulante estrella del pop en ‘Todo sobre mi desmadre’ (2010). “Me di cuenta de que ya no quería ser tomada demasiado en serio”, asegura la actriz para explicar su inesperado viraje hacia las profundidades del humor. “O, mejor dicho, que quería ser tomada en serio haciendo algo divertido. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que lo más difícil para un intérprete es hacer reír”. A partir de entonces, Byrne coprotagonizó algunas de las películas más genuinamente graciosas que el cine estadounidense ha dado en los últimos años, como ‘La boda de mi mejor amiga’ (2011), ‘Espías’ (2015) o, junto a Seth Rogen y de nuevo a las órdenes de Stoller, la saga ‘Malditos vecinos’.

La actriz en ‘Si pudiera, te daría una patada’. / EPC
Hace solo unos meses, asimismo, vio la luz la segunda temporada de ‘Platónico’, en la que Byrne vuelve a colaborar con Stoller y Rogen en la piel de una ama de casa que reconecta con un viejo amigo, y que compone algo parecido a un díptico con ‘Si pudiera, te daría una patada’. Pese a que primera vista parecen muy distintas -la serie es una ‘sitcom’, mientras que la película por momentos funciona a la manera de una historia de terror en la que el villano no es un asesino en serie sino las presiones consustanciales a la adultez-, ambas ficciones plantean las complicaciones y la culpa que sufren las mujeres con hijos en cuanto se ven atraídas por fuerzas ajenas a la maternidad. “Ser madre lo cambia todo a niveles físico, emocional y espiritual”, reconoce la intérprete, que tiene dos niños junto a su pareja y colega, Bobby Cannavale. “Te obliga a reevaluarlo todo, a reorientarlo todo y a examinar tus propias carencias de paciencia, disciplina o capacidad de adaptación”.
A través de ‘Si pudiera, te daría una patada’, Byrne pone sobre la mesa pensamientos que muchas progenitoras, especialmente las de hijos con necesidades especiales, reprimen por miedo a parecer malas madres. Y lo hace ocupando la pantalla en casi cada plano, sometida a escrutinio casi hostil por una cámara que permanece provocadoramente pegada a su rostro, y exhibiendo una habilidad sorprendente para transmitir fragilidad, bravura, ansiedad, estupefacción, volatilidad y, en ocasiones, varias de esas emociones a la vez. No solo es un trabajo extraordinario, sino uno lo suficientemente deslumbrante como para que esta vez, pese a la miopía que siempre ha demostrado con ella, la industria estadounidense sea incapaz de pasar por alto el talento de la actriz que lo desempeña.
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