Opinión | Quemar después de leer
Ocho boxeadoras adolescentes se dan cita en el Palacio de Boxeo de Bob, en Reno, Nevada, con todo su futuro tiempo perdido
Existe una escritora en San Francisco que una vez quiso ser la mejor en cualquier deporte que se proponía practicar. Y pasó un tiempo en 'palacios' de boxeo y, cuando 'The Paris Review' la convirtió en la más prometedora estrella literaria del momento, echó la vista atrás y construyó un artefacto asombroso llamado 'Golpe de luz'
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Rita Bullwinkel, autora de 'Golpe de luz'. / Laura Monsoriu
Rita Bullwinkel nació en San Francisco en 1988. Cuando era niña no hacía otra cosa que leer historietas de Nancy Drew. ¿Conocen a Nancy Drew? Es una detective adolescente. La creó un tipo en los años 30 del siglo pasado. El tipo se llamaba Edward Stratemeyer. Pero no era él el autor de sus aventuras. O lo era, a veces, pero con otro nombre. El nombre con el que se escribían y publicaban las aventuras de Nancy Drew era Carolyn Keene. Había cientos de autores y autoras detrás de ese nombre. Pero las niñas norteamericanas de los 90 —Bullwinkel se pasó todo tercer grado leyendo esas historietas— no tenían ni idea. Lo único que sabían era que, de mayores, les gustaría ser como Nancy. Salir a resolver misterios con sus dos mejores amigas. No tener que ir al instituto ni trabajar.
Porque Nancy era una especie de Bruce Wayne. El tipo que hay detrás de Batman. Tenía un ama de llaves, y no tenía padre, porque su padre había muerto. Pero tenía 18 años, y era en exceso brillante, como una Sherlock Holmes con Watson dividido en sus dos mencionadas amigas —Bess Marvin y Georgia, "George", Fayne— y, en ocasiones, su novio, un tal Ned. Se supone que Nancy sabe mucho de psicología, es una buena pintora, habla francés, pilota con frecuencia embarcaciones de motor, y conduce talentosamente todo tipo de coches. También es un gran tiradora, una excelente nadadora, una cocinera gourmet y una buena jugadora de bridge. Todo un icono nerd al que, por cierto, la recién despedida 'Stranger Things' —qué gran final— rendía homenaje con el personaje de Nancy.
Sí, alguien en algún momento llama a Nancy Wheeler, Nancy Drew y ella arruga el gesto, pero los hermanos Duffer no hacían otra cosa que encerrar otra 'pulp fiction' más en su impresionante obra maestra. Como Nancy Wheeler, Nancy Drew vivía en un pequeño pueblo. Algo llamado River Heights. A Rita Bullwinkel le encantaba todo aquello. "Llegué a creer que solo existían sus libros y sus historietas. Leí cientos. Fue un alivio descubrir, cuando acabé, que el mundo estaba lleno de otras historias", confesó la talentosa autora de 'Golpe de luz' (Sexto Piso), una primera novela apabullantemente brillante. Tanto, como para dar en el clavo y acabar de finalista del Booker. La historia de siete combates de boxeo entre dos mujeres —jóvenes, muy jóvenes— librándose a la vez ahí fuera y dentro.
Con el dentro me refiero a sus cabezas. Lo fascinante de 'Golpe de luz' es la estructura. "Soy una persona obsesiva", dijo Bulwinkell, en una de las pocas entrevistas que concedió al conocerse que formaba parte de las nominadas al Booker. No es habitual que una debutante sea entrevistada por 'The Paris Review', como le ocurrió a ella con su primera colección de relatos, algo llamado 'Belly Up', francamente admirable. Pero volvamos a lo de "obsesiva". "Escribí esta novela porque quería recordar cómo me sentía cuando era mucho más niña y competía obsesivamente en cada deporte con el que me cruzaba", dijo en esa entrevista. El boxeo fue uno de ellos. Y la manera en que lo aborda en 'Golpe de luz' no tiene desperdicio.
Porque pueden no interesarte las peleas. Pero a donde vas a mudarte, como lector, o lectora, es a la cabeza de cada una de las contrincantes en cada uno de los combates. Vas a sentir cómo confiesan que sus padres ni siquiera saben que están a más de 4.000 kilómetros de casa —porque se han subido al coche y han conducido hasta allí, aún no saben bien por qué—, o cómo odian a sus hermanas porque tuvieron éxito en eso mismo antes que ellas —como le ocurre a Artemis Victor, que solo puede ser perfecta—, o, y esto es lo más interesante, qué ocurrirá cuando todo eso acabe, cuando el tiempo pase, y ese momento no sea más que un recuerdo en la vida de una farmacéutica cualquiera de, aún, pelo horroroso. Porque el narrador intrusivo de Bulwinkell es prodigioso.
Tanto que, sí, se permite —como un dron que avanzara por un espacio convertido en tiempo, y el espacio es el ring, en cada uno de los momentos en que las chicas se enfrentan, y son distintos momentos, pequeñas burbujas, relatos— completar parte de la historia de cada una de ellas, ir, como en un combate real, del cuerpo a cuerpo —todo aquello que puede tocarse, desde las espinillas de la cara hasta las trenzas que nunca salen bien— a la visión cenital, o de conjunto, la anticipación del golpe, el futuro tiempo perdido, todo, traducido a lenguaje existencial, y a convivencia con una misma y el resto. Bajo el auspicio de Virginia Woolf —'Al faro' es la novela que Bulwinkell más ha leído—, nada nunca puede salir mal. Si están pensando en rescatar una novela de 2025, no lo duden.
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