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Amanda Seyfried, la estrella que prefiere su granja al glamur de Hollywood

La actriz, que estrena en marzo su próxima película, ha confesado que padece TOC, miedo escénico y crisis de pánico

Sidney Sweeney y Amanda Seyfried encabezan el reparto del desvergonzado thriller 'La asistenta'

Amanda Seyfried

Amanda Seyfried / Instagram

Natalia Araguás

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Con 40 años recién cumplidos, Amanda Seyfried saborea el reconocimiento de público y crítica como actriz: doble nominada en los próximos Globos de Oro por sus interpretaciones en la serie ‘Long Bright River’ y el drama musical ‘El testamento de Ann Lee’, en la actualidad se luce como antagonista de Sydney Sweeney en el thriller psicológico ‘La asistenta’, adaptación al cine de la saga superventas de Freida McFadden. Hacía tiempo que no se divertía tanto como dando vida a Nina Winchester, ha confesado, una acaudalada ama de casa que no tarda en desquiciarse tras contratar a Millie (Sydney Sweeney) para el servicio doméstico bajo la mirada atenta de su marido.

En ‘La Asistenta’ Amanda Seyfried pone a prueba todo su arco interpretativo, que no es poco, sin caer en el histrionismo pese a los abruptos giros de guion. Una de las actrices más dotadas de su generación, tiene también voz de soprano, como demostró en ‘Los Miserables’ y años antes, en ‘Mamma Mia!’, que supuso su consagración y de la que habrá una tercera entrega, seguramente en 2028. En ‘El testamento de Ann Lee’, biopic sobre la fundadora del Movimiento Shaker en el siglo XVIII que se estrenará en marzo en España, no solo impresiona como ‘Jesucrista’ de una secta, sino por sus dones musicales.

Aunque todo augura un 2026 plagado de alfombras rojas, Amanda Seyfried mantiene los pies en el suelo en su granja de los Catskills, una zona rural al norte del estado de Nueva York donde vive rodeada de animales, en compañía de su marido, el actor Thomas Sadoski, sus dos hijos y su inseparable perro Finn. Ya hace más de una década que la actriz tomó la decisión de alejarse de Hollywood, en beneficio de su vida familiar y su salud mental entre caballos, gallinas y cabras.

Sobreexposición

Diagnosticada de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) desde los 19 años, está convencida de que vivir en medio de la naturaleza le da energía para afrontar los rodajes y la sobreexposición que supone promocionar sus películas. Tanto al instalarse en los Castkills de forma permanente como al hacer público que sufre TOC, miedo escénico y ataques de pánico, desoyó los consejos de sus representantes.

Nada de eso le ha impedido triunfar como actriz, como tampoco posicionarse políticamente. Firme defensora del #MeToo, abomina de Trump, contra quien ha llegado a manifestarse. También se mantuvo en sus trece tras el asesinato del activista MAGA Charlie Kirk, a quien calificó como un hombre “odioso” por su discurso racista y misógino, sin desdecirse pese a los ataques que recibió en redes.

Saltó a la fama en 2004 con ‘Chicas Malas’, recién alcanzada la mayoría de edad, y bien podía haber descarrilado como su compañera de reparto Lindsay Lohan. Pero apostó por la discreción en lo privado y limitó el consumo de drogas a las médicamente necesarias, como el Lexapro, un antidepresivo, de cuyo uso ha hablado abiertamente.

En los sets de rodaje, es famosa por tejer para mantener los nervios a raya y hace dos años fundó una empresa de juguetes con dos amigas de la infancia, Make it Cute, que diseña casitas de cartón para niños. Versátil y concienzuda, saborea en la madurez una estabilidad y un éxito profesional que se ha ganado a pulso.

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