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Adiós a un fenómeno

Crítica del episodio final de 'Stranger things': un cierre efectivo no exento de excesos

El capítulo de despedida resulta satisfactorio a varios niveles, pero sobran efectos digitales y el epílogo es eterno

'Stranger things' se homenajea a sí misma en una temporada final con pocas sorpresas

Crítica de 'Stranger things (temporada 5, parte 2)': el largo clímax continúa

Un momento del último capítulo de la temporada final de 'Stranger things'.

Un momento del último capítulo de la temporada final de 'Stranger things'. / Netflix

Juan Manuel Freire

Juan Manuel Freire

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Señal de estar ante un momento importante: Netflix, servicio de 'streaming' conocido por su excelencia técnica, se colapsa varios minutos en lugar de entregarte en bandeja el contenido que querías. Sucedió con el lanzamiento de la quinta y última temporada de 'Stranger things' y, por supuesto, volvió a pasar con el episodio final de la serie, un momento esperado (o mejor dicho, temido) por decenas de millones de espectadores alrededor del mundo.

Había tensión por saber cómo se desarrollaría la batalla final con Vecna (Jamie Campbell Bower), ese villano cósmico que quiere hacer chocar el Abismo, un planeta inhóspito, contra el nuestro, que sin ser perfecto, tampoco es tan mal lugar para vivir. O, en otras palabras, saber si a nuestros héroes se les daría bien la Operación Planta de Habichuelas, consistente en subir a la torre de radio de Hawkins y, cuando el Abismo esté lo bastante cerca, saltar al interior de ese mundo a través de alguna de sus grietas. 

Bueno, hay más que eso. En 'Stranger things', los planes solo son alambicados y con margen para el desastre. Por eso al principio de este capítulo vemos también a Once (Millie Bobby Brown) sumergiéndose en el tanque del Laboratorio del Mando del Revés y adentrándose en el Vacío para colarse en el cerebro del Vecna, bien conocido por una Max (Sadie Sink) que también está ahí para ayudarla, igual que su hermana perdida Kali (Linnea Berthelsen). O al sin par Murray Bauman (Brett Gelman) preparándose para hacer volar el Mundo del Revés una vez se haya rescatado a los niños capturados por Vecna para amplificar habilidades y asegurar su plan de fusión. 

Historia de dos misiones

Por supuesto, no todo sale como se esperaba, o de lo contrario este episodio no tendría por qué durar 128 minutos, que aunque parezcan muchos, son 14 menos de los que duró el capítulo final de la anterior temporada. Vecna es criatura dura de roer y los monstruos humanos, esos militares liderados por la Dra. Kay (Linda Hamilton, último icono de los 80 y 90 fichado por la serie), saben poner piedras en un camino que, por momentos, trae efluvios del turismo interplanetario de 'Star trek'. Y puestos a seguir jugando al 'señala la referencia', ¿no hay rastros de la acción alienígena de 'Starship troopers (Las brigadas del espacio)' en ciertas partes del capítulo? El director de aquella, Paul Verhoeven, dicho sea de paso, sabía ser más mesurado con los efectos digitales, que aquí pueden tender a la hipertrofia. De manera innecesaria: nada tan espectacular como Joyce Byers (Winona Ryder) recordando lo expeditiva que puede ser una madre coraje. 

Los propios hermanos Duffer, creadores de la serie y guionistas y directores del capítulo, tenían una misión (casi) imposible por llevar a cabo: cerrar satisfactoriamente las historias de un nutrido grupo de personajes, de Ce a su querido Mike (Finn Wolfhard), del torturado policía Hopper (David Harbour) a la adorable pareja de amigos formada por Dustin (Gaten Matarazzo) y Steve (Joe Keery). Para hacerlo se toman su tiempo, un tiempo quizá excesivo: cuando la historia parece haber terminado, todavía quedan 45 minutos de capítulo, y lo que sigue es básicamente un episodio de 'Las chicas Gilmore' con otro elenco, un puñado de minutos amables sobre la bifurcación de los caminos de nuestros (numerosos) héroes. Resulta ligeramente anticlimático hasta el relato de una posibilidad inesperada que remite al núcleo emocional de la serie: es importante conservar un ápice de inocencia, permitirse a uno mismo creer, seguir siendo quien fuiste de adolescente mientras el mundo te va lanzando horrores.

La franquicia no se acaba

El final de la serie sabe, en cierto modo, a fin de época. En una época de contracción de la industria, cuesta saber cuándo volveremos a ver una historia así de ambiciosa y extensa contada con esta holgura de medios; según publicó el medio digital 'Puck', cada episodio de esta última temporada ha costado entre 50 y 60 millones de dólares de presupuesto. ¿Quién se atreverá a dar a dos cineastas poco experimentados la oportunidad de hacer realidad una visión exuberante y con múltiples ramificaciones, además de original, max mix de mil referencias pero original? (Ah, hablando de popurrís: las partes más emocionales y catárticas del capítulo tienen a Prince como banda sonora, lo que solo puede calificarse de gran chantaje emocional). 

Por supuesto, 'Stranger things', como franquicia, no acaba aquí. Este año se estrenará una extensión en clave de animación y más adelante debería llegar un 'spin-off' del que por ahora no se ha desvelado nada. En ambos proyectos, los Duffer (que preparan ya un proyecto de cine para Paramount) son tan solo productores. Existe el peligro de acabar diluyendo el impacto de un legado querido, muy querido, uno capaz de unir a quienes crecimos con los referentes citados en la serie y a generaciones más jóvenes. Deberían dejar al menos un tiempo para respirar y que dé tiempo a echar este universo realmente de menos. 

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