Festival Mil·lenni
Sau resucita en el Palau: fidelidad a la leyenda y canciones que ya son de todos
El rearmado grupo, dirigido por Pep Sala, emocionó al público que llenó la sala modernista a través de un recorrido por sus distintas etapas, evocando al malogrado Carles Sabater a través de las voces solistas de Jonathan Argüelles y Fredrik Strand, y con Lucrecia y Aurelio Morata como invitados especiales

Concierto de Sau en el Palau de la Música / Zowy Voeten

Primero fue Sau30 (marca creada en honor al aniversario del grupo) y ahora ya estamos ante una formación llamada abiertamente Sau, que Pep Sala ha armado conservando a cuatro miembros históricos y en paralelo al rodaje de un ‘biopic’, ‘Els de Sau’ (a estrenar el año que viene). Sala pasó muchos años comprometido con su carrera en solitario, mientras el legado de la banda acumulaba leyenda y nuevas capas de público, así que se entiende el movimiento (aunque Sau sin Carles Sabater, fallecido en 1999, ya no pueda ser Sau).
La cita de este domingo en el Palau (Festival Mil·lenni) fue la celebración del poder de unas canciones, muy vivas, compartidas por un público que, mayormente, había crecido con ellas. El rigor y la fidelidad a las esencias estaban garantizados por esa banda rodadísima, con ingredientes como la fina guitarra de Josep Lluís Pérez, en su última noche con Pep Sala por una temporada, ya que, como ilustre exmiembro que es de la saga Los Rápidos-Los Burros-El Último de la Fila, pronto iniciará los ensayos de la gira de reunión de la sociedad García & Portet.
El presentado como ‘Un concert de pel·lícula’ nos trajo una cuidada inmersión en el imaginario de Sau, con aparato audiovisual (algo limitado por los protocolos del Palau: las musas del escenario son intocables) y recalando en temas de todas sus etapas, incluyendo rarezas como ‘Laia’. Pep Sala comenzó llevando la voz cantante y deparó más adelante sustanciosos registros a lo ‘folk singer’ en ‘Glòria per tu’ y ‘Poemes i promeses’. La voz grabada de Sabater se apoderó de algunas piezas, como ‘Fins el final’ (con imágenes del actor Guim Puig en ‘Els de Sau’), mientras que un viejo amigo, Aurelio Morata (Los Rebeldes, Aurelio y Los Vagabundos), se marcó un elegante solo de guitarra en ‘Ningú no ens mourà d’aquí’.
La singularidad, bien resuelta, es que la papeleta, o el honor, de ocupar la plaza de Sabater fue compartida y móvil, aportando dinamismo y reforzando la idea de que esas canciones pueden ser de todos, y lo son. Ya sabíamos que Jonathan Argüelles, el cantante de Sau30, tenía facultades para levantar el patio de butacas con su empuje vocal, y así fue con ‘No he nascut per militar’ y ‘Tu encens el meu foc’. Y el elemento más novedoso fue Fredrik Strand, ampurdanés con raíces suecas, salido de ‘Eufòria’ (TV3), que imprimió el frescor vocal de sus 26 años a ‘Envia’m un àngel’ y ‘Encara que siguin de bar’.
Vivaz alternancia de voces en la galopante ‘És inútil continuar’, un ‘Tren de mitjanit’ con el pellizco fogoso de la última figura invitada, Lucrecia, de ahí a una ‘Perestroika’ a cargo de Sala a solas al teclado… Sin dejarse en el camino ‘Boig per tu’, claro, aunque esta fue el Palau al completo el que se la hizo suya, como corresponde. Canciones que perduran y que contagian ganas de cantar: el meritorio legado de Sau.
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