Icono cultural
Los 90 años de Brigitte Bardot, el mito que cambió el cine por los animales y vio en los toros un “espectáculo degenerado”
La actriz francesa llevaba décadas casada con Bernard d'Ormale, otrora asesor del partido ultra Frente Nacional, y recluida en sus casas de Saint-Tropez
Muere Brigitte Bardot, mito del cine, a los 91 años

Brigitte Bardot en la película de Jean-Luc Godard 'El desprecio' (1963).
Recuperamos esta información sobre Brigitte Bardot con motivo de su muerte.
Gracias al cine, Brigitte Bardot llegó a convertirse en una de las mujeres más deseadas del planeta. Y eso que la actriz nunca pensó que lo suyo fuera realmente para tanto. "De pequeña yo no era guapa. Usaba gafas y tenía estos dientes grandes", comentó una vez la francesa, quien, a diferencia de otras diosas de la pantalla coetáneas, como Gina Lollobrigida o Sophia Loren, no era una muchacha de clase trabajadora, sino que procedía de una familia burguesa (y muy católica) que vivía en un apartamento de siete habitaciones cercano a la Torre Eiffel.
En un principio aspiraba a ser bailarina pero, animada por su madre, Bardot comenzó a trabajar como modelo, y a los 15 años apareció en la portada de la revista Elle, mostrándose como la personificación de la gracia y el estilo. Debutó en el cine con la comedia Le trou normand (1952), estrenada cuando tenía 18, la misma edad a la que se casó con su admirador número uno, el director Roger Vadim. Precisamente bajo sus órdenes rodaría Y Dios creó a la mujer (1956), título que le brindó fama nacional y sirvió para mostrar al mundo su sensualidad desbordante.
“Bardot está tan lejos de la imagen pulcra y construida de las estrellas de Hollywood de la época que, cuando la película se estrenó en Estados Unidos, provocó indignación a escala continental”, escribió al respecto la periodista y ensayista Agnès Poirier. “Cuando vieron esas perlas de sudor, los hombres estadounidenses enloquecieron. Los que se atrevieron a proyectar una película así fueron procesados, la película se prohibió en algunos estados y los artículos de prensa denunciaron la depravación de todo aquello. Como resultado, la cinta tuvo un éxito de taquilla aún mayor y el furor viajó de vuelta a Europa”.
Cualquier biografía de la actriz reconoce que Y Dios creó a la mujer fue la cinta que proyectó mundialmente como mito erótico el nombre de la actriz a la que Jean-Luc Godard dio una obra maestra titulada El desprecio (1963) y Simone de Beauvoir dedicó el ensayo Brigitte Bardot y el Síndrome de Lolita. “Brigitte sigue sus instintos”, apuntaba en él la filósofa. “Come cuando tiene hambre y hace el amor cuando le apetece. Deseo y placer son para ella una certeza mayor que las reglas y los convencionalismos. No critica a nadie. Hace lo que le da la gana y por eso es tan turbadora".
De alguna forma, Bardot supuso una revolución en la forma de representar la sexualidad femenina. “Es la primera mujer que ha mostrado públicamente su libertad sexual”, apuntó su biógrafa Marie-Dominique Lelièvr. “Antes de ella, a una mujer que cambiaba de amante al menor capricho se la llamaba zorra. Después de Bardot, a una mujer así se la consideraba simplemente liberada. A diferencia de las actrices de Hollywood, que se atenían a las reglas, Bardot fijaba las suyas. Atraía a mujeres que querían hacer como ella, y a hombres que simplemente la deseaban”.
No a Hollywood
Los estereotipos y las convenciones han pesado poco en la francesa, que no quiso formar parte de Hollywood y en 1959, dos años después de divorciarse de Vadim, se casó en Saint-Tropez con el actor Jacques Charrier, al que acabaría describiendo como "grosero, un machista dictatorial e incontrolado, un chulo alcohólico y despreciable". Pero antes de mandarlo a freír espárragos en 1962 dio a luz a su único hijo, Nicolas, del que en sus memorias, refiriéndose al periodo de gestación, hablaría como "un tumor que se alimentaba" de ella.
También a principios de los sesenta coqueteó con el mundo de la música, cantando entre otros con Serge Gainsbourg, en su caso algo más que un compañero de escenario: Bardot grabó la primera versión de la legendaria Je t'aime moi non plus, que Gainsbourg escribió para ella mientras estaban juntos, y juntos firmaron también el álbum Bonnie & Clyde. En 1966 contrajo matrimonio con el heredero Gunter Sachs, uno de los playboys más célebres, al que debe parte de su fortuna, y con el que estuvo casada tres años. Y poco a poco fue decayendo su interés por la interpretación, hasta el punto de que en 1973 se estrenaron sus dos últimas películas —e incluso rechazó rodar con Marlon Brando un filme por el que cuentan que iba a percibir más de un millón de dólares—.
“El cine fue un trampolín”, reconoció en una ocasión. “En el fondo, nunca me gustó. Al principio me divertía, hablaban de mí. Comprendí muy pronto que todo aquello me asfixiaba y amenazaba con destruirme. La mera lectura de un guión me daba pánico. Pasaba el tiempo y comprendía que todo aquello no me servía para nada. Yo deseaba hacer cosas reales. Y me largué”. Confirmó su retirada en 1974, en un reportaje para la edición italiana de Playboy donde lucía desnuda, y se acabó erigiendo en defensora acérrima de los derechos de los animales, algo de lo que nunca se ha apartado porque considera que “cada una de las vidas que habitan la tierra ha de servir para algo. Y el combate contra la injusticia, la crueldad y el sufrimiento de los animales es lo que le ha dado sentido a la mía”.
Tanto es así que, desde hace varias décadas, ‘la mujer más bella del mundo’ preside una fundación para la protección de los animales que lleva su nombre, al tiempo que ejerce como una máquina de generar titulares. Muchos de ellos guardan relación con su lucha, como cuando en los setenta unió fuerzas con el famoso protector medioambiental suizo Franz Weber, que fue capaz de movilizar a los medios del mundo entero contra la matanza anual de focas, o cuando se posicionó en contra de las corridas de toros, en sus palabras “un espectáculo de degenerados que debería de ser definitivamente abolido”. Aunque otros tantos titulares tienen que ver con sus salidas de tono y su incorrección política, esa que la llevó a asegurar que la pandemia de COVID-19 era algo positivo, puesto que “somos demasiados en la Tierra”.
Al fondo a la derecha
Condenada en varias ocasiones por sus declaraciones racistas, su progresiva deriva derechista se produjo a raíz de su boda con Bernard d'Ormale, otrora asesor del partido ultra Frente Nacional (ahora conocido como Agrupación Nacional), con el que desde 1992 reside en Saint-Tropez, de donde rara vez sale. “Me gustaría que salvara a Francia: ¡es la Juana de Arco del siglo XXI!”, apuntó por ejemplo sobre Marine Le Pen, conocida por su populismo xenófobo. Y no menos ampollas levantaron sus declaraciones sobre el movimiento feminista Me Too, del que se quiso desligar desde el minuto uno, al considerar que la mayor parte de los casos eran acusaciones hipócritas y ridículas: “Hay muchas actrices que provocan a los productores para conseguir un papel. Después, para que se hable de ellas, dicen que sufrieron acoso”.
Recientemente, la actriz dio luz verde a una serie francesa, dirigida y escrita por la cineasta Danièle Thompson, que indaga en sus inicios. Cuando Thompson empezaba a desarrollar el proyecto, estrenado en España el pasado mes de mayo, en el canal SundanceTV, le escribió a Bardot pidiéndole permiso para realizarlo. La interfecta respondió con una carta en la que expresaba que no entiende por qué todo el mundo sigue hablando de ella en lugar de dejarla en paz. “Dejé de trabajar en el cine hace años y quiero ocuparme de mi causa animal”, apostillaba, antes de decir que, si de todas formas iba a hacerse la serie, entonces prefería que fuese Thompson quien se encargara del asunto —en parte, porque en su día había sido amiga de los padres de la cineasta, el director Gérard Oury y la actriz Jacqueline Roman—.
En una de sus últimas entrevistas, la parisina de 90 años apuntó que, pese a vivir recluida en sus casas, La Madrague y La Garrigue, “veo la televisión, hablo con mis amigos y estoy en contacto con el mundo”, y le parece “abominable” la manera en que tratamos a nuestro planeta. “El peso de una demografía incontrolable nos ha traído desgracias como el calentamiento global, inundaciones e incendios. Temo que el coronavirus y otras epidemias que llegarán pongan orden de forma dolorosa. Cuando los 5.000 millones de seres humanos que hay de más en la Tierra se hayan ido, la naturaleza recuperará sus derechos”.
Esta información se publicó inicialmente en septiembre de 2024.
- Globos de Oro 2026: Los mejores vestidos de la alfombra roja, de Amanda Seyfried a Teyana Taylor, Jennifer Lawrence y Ariana Grande
- Julio Iglesias, en directo: última hora de la acusación de agresión sexual, investigación y penas
- Agatha Christie inmortal: guía para ver las mejores series basadas en sus novelas
- Adolfo Blanco, propietario de los Verdi: 'No creo que Netflix vaya a comprar Warner para crear Netflix 2, no tendría sentido
- Fernando Gil: 'Antes de 'Machos alfa' pensé que quizá tenía que buscar otra manera de ganarme la vida
- El 'efecto Uclés': las becas y residencias literarias como 'armadura' económica y creativa
- ‘Sirat’ se queda sin premio en unos Globos de Oro que afianzan la carrera hacia el Oscar de ‘Una batalla tras otra’
- Las siete esferas' intrigan en Netflix: los misterios y giros de Agatha Christie, en la mirada del creador de 'Broadchurch