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Resumen del año cultural

Los 10 mejores discos internacionales de 2025: del folclore latino a la vanguardia electrónica

Los expertos de EL PERIÓDICO eligen los álbumes más destacados publicados en el año que está a punto de concluir

De izquierda a derecha, Lily Allen, Bad Bunny, Laetitia Sadier (de Stereolab) y Jeff Tweedy

De izquierda a derecha, Lily Allen, Bad Bunny, Laetitia Sadier (de Stereolab) y Jeff Tweedy / EPC

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

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El balance del año nos deja un mosaico muy diverso, con inventiva y experimentación en el pop a cargo de artistas emergentes, así como obras de veteranos despiertos y un triunfador nato, Bad Bunny, que convence a la crítica tanto como al gran público. He aquí los mejores discos internacionales de 2025 a juicio de los especialistas de este diario.

Propuesta de vanguardia cerrando el Top 10, la del británico Dev Hynes, que despliega un 'collage' concienzudo ('beats', cuerdas neoclásicas, vientos de jazz) sin quebrar la idea de canción, transmitiendo calidez, misterio y escapismo.

Si han vuelto las guitarras, estos galeses deben atraer miradas con su pop de esbeltas tonadas a varias voces, con modos 'jangle' y una pizca de vibración punk. Guitarras, sí, en bucle, cristalinas y sibilinas, hijas del 'college' ochentero.

Casi 20 años después del malévolo 'Smile', Lily Allen comparte la historia de una traición amorosa y sus efectos secundarios. Piezas deslenguadas y envolventes, con baladismo, ambientes 'sixties' y la espléndida casi-bossa nova titular.

Creador fecundo, Kai Slater saca oro de una herencia noble, el tintineo de The Byrds y el eco melódico de los Beatles, combinando dinámicas incisivas y recesos íntimos, con el tacto 'lo-fi' del garaje e interferencias sónicas psicodélicas.

Del día a día con su PC, la australiana Nina Wilson extrae un vínculo amoroso y sexual ('Fuck my computer') que proyecta en artefactos electrónicos irónicos, trinchando pistas de EDM, dubstep e hiperpop. Diversión sobreexcitada, a chorro.

Comenzó encuadrado en el pospunk, pero este grupo de Brighton ha expandido y clareado su lenguaje. Sus canciones imprevisibles acogen patrones 'motorik', espasmos eléctricos psicóticos y refinados recovecos líricos. Con músculo y misterio.

El timonel de Wilco, autosuficiente y sin frenos: triple álbum, 30 canciones que exhiben su don como cancionista en clave otoñal, entre el tacto de madera folk-rock y el instinto pop. Con calor de hogar: le ayudan sus hijos Spencer y Sammy.

Un retorno por la puerta grande, sonando al Stereolab de siempre en un cancionero rampante. Ahí están los bucles con vestigios de krautrock, el encanto melódico en la voz con ángel de Laetitia Sadier y los textos con trasfondo político.

Ella es la francesa Marylou Vanina Mayniel y en su primer álbum saca punta a un lenguaje digital con alma en canciones miniaturistas que apuntan al futuro y a una resonancia antigua. Hallazgos pop, al fin y al cabo, livianos y mágicos.

Un álbum que lleva la moderna latinidad a otro nivel, casando metales calientes y sintetizadores, el folclore puertorriqueño y la disrupción urbana. Una fiesta y un grito de orgullo con carga política: críticas a la gentrificación y al avistamiento de la bota yanqui.


Las listas de los mejores discos del año han sido elaboradas con las votaciones de Jordi Bianciotto, Quim Casas, Patri Di Filippo, Ignasi Fortuny, Juan Manuel Freire, David Morán, Patricio Ortiz y Rafael Tapounet

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