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Concierto con móvil navideño

David Bisbal, villancicos de etiqueta y éxitos 'turbo' en el Palau Sant Jordi

El cantante almeriense sacudió la sala con las canciones de su último álbum, el euforizante-sentimental ‘Todo es posible en Navidad’, y una selección de sus ‘hits’, arropado por una formación de 15 músicos

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Iba a ser una canción, luego un álbum y ‘Todo es posible en Navidad’ ha acabado siendo un revitalizador de la carrera de David Bisbal, con su gira en las fechas señaladas y su insinuación de ritual anual con el que mirar de reojo a Mariah Carey. A un Palau Sant Jordi lleno, con el escenario enmoquetado en rojo y una banda frondosa (15 piezas, incluyendo el octeto de la Orquesta Ciudad de Almería), llegó este martes la onda expansiva de esta celebración con la que Bisbal es a la vez ‘crooner’ de etiqueta, depositario de las más entrañables tradiciones y señor artista nostálgico de sus primeros éxitos.

En la parcela puramente navideña del repertorio (nueve de las 22 canciones), Bisbal comenzó a golpe de swing, como un Michael Bublé del sur, en ‘Navidad junto a ti’, canción nueva, como la que da título al disco, que cayó justo después situando el marco mental de la noche. Público familiar, gorros de Papá Noel en pista y gradas, y Bisbal haciendo el signo del corazón con los dedos. Peligro: todo parecía orientado a la apoteosis del azúcar y del ‘kitsch’, pero entonces el guion giró hacia el temario clásico del artista. Se trataba de aprovechar que las fibras estaban sensibles para pulsar la tecla de la melancolía y retroceder hasta sus años más tiernos con piezas como la balada ‘Dígale’.

La combinación de ambos temarios, el villancico (clásico o moderno) y el ‘hit’ propio, fue resultona, beneficiada de arreglos elegantes y variados. A Bisbal, figurín en danza y vocalista competente, siempre tan entusiasta, no se le vio encorsetado (seguramente no lo estaría ni obligado a cantar los grandes éxitos de Metallica) y manejó con soltura los cambios de tercio: de la latinidad sensual de ‘Quién me iba a decir’ (“ahora un poquito de cadera, ¿no?”), al ‘up-tempo’ de ‘Jingle bell rock’ y de ahí a las baladas sentidas, adaptaciones al castellano de ‘White Christmas’ (Irving Berlin) y ‘Always on my mind’ (clásico en la voz de Elvis Presley).

En ese tramo más recogido aludió a la cara B de la Navidad, la evocación de los ausentes, que hace que “las canciones suenen dolorosas”. Bisbal a flor de piel, pulsando las teclas más vulnerables. Rindió ahí buena cuenta de ‘Navidad sin ti’, la pieza nueva de la reedición del último álbum, y brilló en el bolero ‘Te deseo muy felices fiestas’ (aunque no es fácil medirse con Luis Miguel) y en ‘Mi princesa’, culminada con tremendo dramatismo (ese “creo en los milagros”) ante un grupo de fans que le entregaron ramos de flores.

Estaban por caer sus éxitos más lejanos y fogosos: ‘Corazón latino’ (que cantó envuelto en la bandera de Almería; lástima de los coros pregrabados), una ‘Bulería’ en la que giró en modo peonza, a su estilo, y ‘Ave María’ como desatado punto final. Antes, una incursión aflamencada en ‘Los peces en el río’ y ese indispensable ‘Burrito sabanero’ (del venezolano Hugo Blanco), que precipitó un fenómeno viral y que ha contribuido a que la temática navideña dé a David Bisbal un nuevo argumento para seguir en la cresta de la ola.

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