Revolucionario del tebeo
Dan Nadel, biógrafo definitivo de Robert Crumb: "El LSD le condujo a una visión grotesca de Estados Unidos"
La minuciosa biografía 'Crumb. Vida de historietista' pone más el acento en la obra del artista que en el personaje de patriarca 'freak' del cómic 'underground'

Robert Crumb muestra el número 2 de 'Zap Comix', en 1968 / Es Pop Ediciones

Art Spiegelman, futuro autor de 'Maus', obra merecedora del primer Premio Pulitzer otorgado a una historieta, en 1992, abandonó el cómic cuando vio en casa de Robert Crumb, en San Francisco en 1967, los trabajos que reuniría el inminente número uno de 'Zap Comix', tebeo autoeditado por Crumb. "Decidí que me iba a hacer budista, porque los cómics se las iban a apañar perfectamente sin mí", dijo Spiegelman. Por suerte, volvió a los cómics tras digerir el sopapo a su ego artístico. "Todo historietista ha de pasar por Crumb -añadió-. Lo que ocurre cuando encuentras su obra es como la escena de la evolución acelerada de '2001'. Tienes que pasar a través de él para averiguar cuál podría ser tu voz. El de Crumb era un arte radical: encarnó la idea de que los cómics iban a ser una forma de expresión personal en vez de un trabajo en el que, a lo mejor, podías colar algún detalle personal".

Portada del número 1 de 'Zap Comix' / Es Pop Ediciones
Resulta imposible exagerar el impacto de Crumb (Filadelfia, 1943) en el cómic en general y en el cómic 'underground' en particular. No obstante, está más estudiado su perfil de personaje, por no decir 'freak', cultivado a través de su extensa obra autobiográfica y del documental de Terry Zwigoff 'Crumb' (1994), que su trabajo desde un punto de vista artístico. La biografía 'Crumb. Vida de historietista' (Es Pop Ediciones), de Dan Nadel, remedia ese desequilibrio. "Para mí era importante centrarme en el contexto histórico del arte de Robert, explicar dónde se asienta en relación con la historia del arte gráfico, y anclar su obra en su vida -explica Nadel-. Había mucho sobre su relación con la historia del 'comic book' y sobre la manera en que su obra fue publicada y distribuida que no había sido explorado. Además, sentía que era importante retratar bien a personas de su entorno".
El marginado y el sátiro
'Crumb. Vida de historietista' cumple con creces con la ambición de situar al artista en un linaje, hasta casi ser una historia del cómic. Crumb bebe desde ilustradores del siglo XIX como Thomas Nast hasta la revista prefiguradora de la contestación de los años 60 'Mad', pasando por los dibujantes 'anónimos' Carl Barks, Walt Kelly o John Stanley. Sin olvidar las publicaciones de la editorial EC en que se cebó la fiebre antitebeos de los 50. De todo ello tomó Crumb. Primero, para reflejar el lado chungo de la sociedad estadounidense; después, para burlarse de la contracultura que lo encumbró; más adelante, para exponer sin cortapisas sus múltiples y contradictorios yoes: el pusilánime y el vanidoso, el marginado y el sátiro desencadenado por la fama, el hombrecillo trémulo y el energúmeno. Si se publicaran en la actualidad, sus fantasías sexuales originarían seguramente una campaña de cancelación por sexistas y racistas. "Es un exhibicionista, seguro -indica Nadel-. Pero cualquier tipo de autobiografía o proyecto artístico es exhibicionista. Simplemente, Crumb es más directo". No hace prisioneros, y menos cuando el sujeto es él.

Aline Kominsky, Robert Crumb, Mary Boettcher, Robert Armstrong y Terry Zwigoff, en los años 70 / Es Pop Ediciones
La sombra de Charles
Sin estudios artísticos. Miembro de una familia en la que anidaba la enfermedad mental. Tuvo sin embargo un tutor exigente: su hermano mayor, Charles, bajo cuya disciplina empezó a dibujar tebeos de niño, muy en serio. El disléxico, miope y depresivo Robert se abrió camino contra todo pronóstico gracias a su talento como dibujante e historietista (no es lo mismo); Charles nunca dejó el endiablado hogar familiar y se suicidó en 1992. Crumb lleva su fantasma a cuestas, que le hace sentir el designado por error. "Charles fue el primer lector de Robert, y su primer colaborador -indica Nadel-. Modeló su aproximación crítica al cómic, permitiéndole a la vez su propia interpretación del medio". Sus paseos de parias sociales y el impulso de Charles para hacer tebeos caseros están en la base de todo.

Páginas de los cuadernos de bocetos de Robert Crumb, fechadas en 1986 / Es Pop Ediciones
Llegó la contracultura 'hippie' y Crumb se convirtió en el más improbable de sus cabecillas. El LSD, que no consumió ni una, ni dos, ni tres veces, cambió literalmente su obra. "Le abrió a narrativas no lineales y a una manera más áspera de dibujar -observa Nadel-. El LSD le condujo a una visión grotesca de Estados Unidos que antes estaba ausente de su trabajo. Fue la llave que le permitió acceder a un inconsciente colectivo más grande y más salvaje".
Clowes podría ser su hijo
Incluso para los estándares de la era del amor libre, Crumb tenía una vida promiscua y poco dedicada a su mujer y su hijo. Del, ejem, hogar familiar en Potter Valley (California) podría haber salido Daniel Clowes, cuya novela gráfica 'Monica' es al fin y al cabo la memoria de un crío de esa época. "Ser un niño atrapado en la contracultura de los 60 era terrorífico", dijo Clowes a este diario. "'Monica' es para mí uno de los mejores libros nunca hechos -indica Nadel-. Es muy profundo el daño hecho que expresa a través de un lenguaje común con Crumb, el de los tebeos". El mismo linaje artístico, distintos puntos de vista generacionales.
Dibujo y discos de 78 RPM

Robert Crumb y Aline Kominsky-Crumb / Es Pop Ediciones
Tras problemas con la censura y con el fisco, y asqueados del neoliberalismo cristiano del presidente George H. W. Bush, Crumb y su segunda esposa, Aline Kominsky-Crumb, también historietista y con quien mantendría una relación abierta hasta que ella murió en 2022, se mudaron a Sauve, en el sur de Francia. Desde allí, en buena medida gracias a Aline, alcanzó Crumb un respeto y un caché artísticos inéditos para un historietista. En la génesis de 'Génesis', traslación del libro sagrado a ilustraciones con texto y algún bocadillo más que a la historieta, un trabajo obsesivo hasta decir basta, vemos a Aline alquilando cabañas aisladas para que Crumb complete su épica tarea. "No le veo como un fanático -desmitifica Nadel-. Es un artista muy dedicado a su trabajo, y los artistas hacen lo que necesitan hacer. Su necesidad de aislamiento para completar 'Génesis' era debida solo a que requería lugares donde concentrarse". Hasta extremos insólitos llegó su concentración, como poner cara a 58 de los "hijos de Israel que llegaron a Egipto". Su representación de la profecía de las vacas gordas y las vacas flacas es imborrable una vez vista.
En Sauve, a los 83 años, Crumb "dibuja, escucha discos y forma parte de una comunidad con fuertes vínculos", informa Nadel. No escucha cualquier disco. Es legendaria su colección de discos de 78 RPM de blues y country primitivos, muchos conseguidos a cambio de dibujos.
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