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Gira de grandes éxitos

Mónica Naranjo, diva desencadenada: el espectáculo fue ella en el Palau Sant Jordi

La cantante de Figueres arrolló con un concierto en el que lució su poderío vocal y escénico por encima del ‘show’ en un recorrido a sus tres décadas de trayectoria

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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La carrera de Mónica Naranjo no ha sido siempre fácil no ya de etiquetar sino de comprender, pero con todos sus giros, licencias y ‘excentricités’ (ese doble epé de 2019-20) ha establecido un canon imprevisible que hace de ella un raro animal en la arena pop. Se apreció este viernes en el Palau Sant Jordi (10.000 asistentes, según la promotora Planet Events), donde fue siempre ella misma, ya fuera a través del hedonismo ‘disco’ o del ramalazo operístico, gótico o ‘heavy’, imprimiendo carácter en la cita barcelonesa del ‘Greatest hits tour’.

Resumir y representar esos 31 años de obra discográfica, ricos en accidentes geográficos, tenía su intríngulis, como ella hizo notar tras un arranque galopante: la balada ‘Fama’, con poderío vocal estratosférico, la rendición ante la bola de espejos de ‘Entender el amor’ y ‘Solo se vive una vez’, y el arrebato lírico de ‘Doble corazón’. Tendió a agrupar canciones por álbumes (incluyendo tres ‘medleys’, solución antipática pero resolutiva), aunque el segundo, ‘Palabra de mujer’ (1997), fue de largo el más citado, con siete canciones, e hizo de discontinua columna vertebral. En lugar de poner al día aquella sonoridad electro-pop noventera, la reconstruyó, reivindicando el eco ‘vintage’. Ahí estuvo un ‘Desátame’ arrollador que puso en pie al Sant Jordi y en la que dispensó agudos en el límite de lo hiriente. En otro extremo, la sentida balada al piano ‘Empiezo a recordarte’.

Hubo mucho ‘hit’ impepinable (‘El amor coloca’, ‘Pantera en libertad’), pero también disfrutables incursiones en territorios más tortuosos, como en las citas al álbum ‘Tarántula’ (2008), con drama, oscuridad y gesto rococó en la larga ‘Europa’ y en ‘Amor y lujo’. En esta gira ya no está Pepe Herrero (Stravaganzza), pero la impronta metalera siguió ahí en ‘Para siempre’ y ‘Medusa’. A Mónica Naranjo algún día tendría que ficharla el Rock Fest de Can Zam. Esta última no la cantó ella, sino que la compartieron coristas y bailarines. Sí, esos cuatro interludios sin ella en escena atascaron un poco el ‘show’. También hay que consignar la inhabitual sencillez del montaje, sin pasarelas, ni escenario alternativo, ni plataformas de esas que suben y bajan.

El espectáculo era ella, claro, la diva desencadenada, vozarrón justo a veces de matices pero imperativo. Compartió foco con el dúo Nebulossa, invitado en ‘Venenosa’, y tras la novedad de ‘Por un like’ (ese coro a lo ‘Heading out for a hero’, de Bonnie Tyler-Jim Steinman), dejó claro que aquel proyecto llamado ‘Minage’ (2000), ofrenda a Mina con la que se jugó la carrera, le iba a dar su canción más despampanante, ‘Sobreviviré’. A veces, ser raro tiene premio.

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