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Estreno de cine

“La herida del colonialismo sigue abierta en mi país”: por qué ‘El extranjero’ sigue siendo relevante (y discutible) ocho décadas después

El director francés François Ozon ('En la casa', 'Cuando cae el otoño') adapta en su nueva película 'El extranjero', la célebre novela de Albert Camus

“Todas las familias francesas tiene una conexión con Argelia. Mi abuelo fue juez en Argel y sobrevivió a un intento de asesinato, y mi madre volvió a Francia por eso. Durante muchos años, eso fue algo de lo que no se hablaba en mi casa”, asegura el director Françoise Ozon

Benjamin Voisin y Rebecca Marder en 'El extranjero'.

Benjamin Voisin y Rebecca Marder en 'El extranjero'. / EPC

Nando Salvà

Nando Salvà

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“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé”, reza el que sin duda es uno de los arranques de novela más célebres e impactantes de la historia de la literatura. Pertenece al primer libro publicado por Albert Camus, ‘El extranjero’, que 80 años después de su publicación sigue siendo no solo uno de los libros franceses más leídos de todos los tiempos -concretamente el tercero, después de ‘El principito’, de Antoine de Saint-Exupéry, y ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’, de Julio Verne- sino también uno de los más intensamente rebatidos.

Pese al poder de seducción casi hipnótico de ese inicio, sin embargo, la versión homónima del texto que el cineasta François Ozon -’8 mujeres’ (2002), ‘En la casa’ (2012), Gracias a Dios’ (2018)- ha convertido en su 24º largometraje da comienzo con otro de sus pasajes, también aplastante: “He matado a un árabe”, palabras pronunciadas por un colono francés en Argel llamado Mersault, personaje principal igualmente mítico, al ingresar en prisión y ser preguntado por su delito. “Empezar mi adaptación con esa frase es una forma de explicar mi visión del libro”, afirma Ozon. “La he hecho para intentar comprender mejor sus páginas y, sobre todo, comprender mejor a Meursault, que no es sino un gran enigma. No sabemos nada de él; no hay psicología, ni pasado, ni presente, ni motivos. Y me propuse averiguar si nos es posible conectar con él pese a no entenderlo”.

El director francés François Ozon (izq.) y los actores franceses Rebecca Marder (centro) y Benjamin Voisin (der.) llegan a la proyección de 'L'Etranger' (El extranjero) durante la 82.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, en Venecia.

El director francés François Ozon (izq.) y los actores franceses Rebecca Marder (centro) y Benjamin Voisin (der.) llegan a la proyección de 'L'Etranger' (El extranjero) durante la 82.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, en Venecia. / ETTORE FERRARI / EFE

En la película como en el libro, tanto la incapacidad de Mersault para mostrar emociones después de la muerte de su madre como la frialdad y la falta de razones que exhibe tras cometer un asesinato lo abocan a la pena de muerte. Su actitud y sus palabras, consideradas inaceptables, se derivan de su incapacidad para mentir ni siquiera en su propia defensa. El propio Camus decía del personaje que “lo anima una pasión profunda, aunque tácita: la pasión por lo absoluto y por la verdad”. Ese hombre se niega a seguirle el juego al orden establecido, rechaza las ficciones legales o religiosas impuestas por la sociedad. “Su historia es la encarnación misma del absurdo”, opina Ozon. “Meursault no es condenado por matar a un árabe; la justicia colonial argelina de 1940 no condenaría a un europeo a muerte por eso. Es condenado por su indiferencia, que choca con los valores de la sociedad colonial europea. Camus, recuérdese, nació en 1913 en la Argelia ocupada y, en cuanto que ciudadano francés, gozaba de derechos y prebendas impensables para la mayoría árabe o bereber del país.

El escritor Albert Camus.

El escritor Albert Camus. / EPC

‘El extranjero’ ya fue objeto de adaptación a la pantalla en 1967 a manos de Luchino Visconti y, durante mucho tiempo, la tibia recepción obtenida por su película desaconsejó nuevas versiones cinematográficas del relato; directores como Youssef Chahine en los 70 y Abdellatif Kechiche en los 00 llegaron a trabajar en la suya propia, pero ninguna se materializó. La adaptación de Ozon difiere notablemente de la de Visconti : carece casi por completo de voz en off, y sustituye la luz abrasadora y los colores cegadores usados por el maestro italiano -ideales para representar la atmósfera mediterránea y el calor insoportable, elementos esenciales de la novela-, por una fotografía en blanco y negro.

“Me pareció la estética idónea para recrear una época perdida y un mundo extinto, porque todos los recuerdos de esa época están en blanco y negro”, explica el director francés. “Además, al ser un libro filosófico, pensé que el color nos distraería de la pureza y la abstracción”. En cualquier caso, lo que principalmente distingue la nueva película es que funciona como algo parecido a un palimpsesto cinematográfico que, aunque no desoye la novela, sí le otorga una lectura contemporánea al integrar elementos contextuales sobre la relación histórica y política entre Argelia y Francia. Quizá movido por la corrección política, Ozon no adapta a Camus sino que, más bien, lo comenta.

“Estamos en 2025, y ya no vemos las cosas como se veían en 1942”, afirma el galo al respecto. “Hoy, la invisibilidad a la que los árabes son sometidos en el libro resulta flagrante, mientras que en su momento no impactó a nadie. No digo que respondiera a una decisión racista por parte de Camus; simplemente describe una realidad desde una perspectiva colonial, dos mundos que viven el uno al lado del otro sin verse. Sin embargo, en nuestro presente los estragos causados por el colonialismo están bien documentado, y por tanto me pareció crucial dar voz y conciencia a los personajes árabes a modo de presagio de las futuras tensiones entre Francia y Argelia”, añade Ozon, que considera su decisión un gesto político necesario “ahora que, por ejemplo, se está invisibilizando a las víctimas de Gaza”.

Especialmente desde el final de la guerra de Independencia de Argelia hace medio siglo, la obra maestra de Camus ha sido considerada problemática por quienes consideran que ningunea a la población nativa argelina y la estigmatiza por su etnia, y que de ese modo legitima el discurso colonialista. Aunque no necesariamente las comparta, Ozon entiende esas críticas. “La herida causada por el colonialismo sigue abierta en mi país”, asegura. “Todas las familias francesas tiene una conexión con Argelia. Mi abuelo fue juez en Argel y sobrevivió a un intento de asesinato, y mi madre volvió a Francia por eso. Durante muchos años, eso fue algo de lo que no se hablaba en mi casa”.

Sea como sea, ‘El extranjero’ de Camus trasciende la mera realidad del colonialismo para abarcar un mundo carente de sentido y revelar la bancarrota de los valores sociales y las morales vacías de contenido que han reemplazado a la verdadera ética. En última instancia, la novela expone la soledad del hombre occidental, que una vez desapegado de mitos, dioses y grandes creencias se topa con su propia finitud y su nulidad. "El libro plantea preguntas siempre relevantes sobre nosotros mismos y sobre la locura del mundo", opina Ozon. "Camus observa el sinsentido sin resignarse, se rebela contra él a su manera velada; se opone a ideologías extremistas como las que están resurgiendo ahora con fuerza. Por eso, el grito callado de Meursault sigue retumbando”.

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