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Entrevista

Marçal Girbau, nuevo director de Barnasants: “Si los grandes festivales no necesitan subvenciones para sobrevivir, ¿por qué las reciben?”

El programador cultural (Sabadell, 1988) toma el relevo del creador e ideólogo de la muestra de cantautores, Pere Camps, y afronta una 31ª edición, del 27 de enero al 10 de mayo, con un número de conciertos rebajado, 59 en total, frente al casi centenar que acogió el año pasado. El propósito es rejuvenecer tanto la programación como el público y abrir el género de la canción de autor a una variedad de registros sonoros bajo la máxima de la hibridación de la música y los textos con calado literario

Marçal Girbau, nuevo director del festival Barnasants.

Marçal Girbau, nuevo director del festival Barnasants. / Jordi Otix / EPC

Jordi Bianciotto

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Barcelona
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Esta es la 31ª edición y usted tiene 37 años. Casi nació con el festival, y ha crecido con él, dado que su padre, Carles Girbau, fue hasta hace poco el responsable de producción.

Es verdad, lo he mamado desde los inicios. Tengo la imagen viva de Pere (Camps) descargando el sofá para un concierto de Albert Pla en las Cotxeres de Sants, cuando yoi era muy pequeño. La ‘nova cançó’ era la música que con mis padres poníamos en el coche. Y cantautores españoles, latinoamericanos, franceses... Además, en los últimos 15 años he colaborado en el proyecto.

Y habrá desarrollado su mirada sobre el festival.

Sí, en esta edición ya hemos introducido algunos cambios, no todos, porque es bueno que no sean bruscos. En ningún caso es una enmienda al buen trabajo que ha hecho Pere en estos treinta años. Solo que la situación evoluciona, como en cualquier ámbito, y te preguntas qué se puede hacer para encararlo mejor.

Han reducido los conciertos: 59 en escenarios catalanes, frente al centenar del año pasado. ¿Por qué?

Pere hizo una cosa muy bien hecha: que Barnasants fuese la casa grande de la canción de autor, el ‘pal de paller’. Todos los cantautores de nuestro país sabían que tenían las puertas abiertas el festival. Ahora tenemos dos retos. Uno es ser más exigentes, y luego, descubrir figuras que tengan menos de 30 años. Hemos reducido los conciertos y el objetivo es situarnos en torno a la cuarentena. Eso implica que este año hemos tenido que decir que no a gente a la que esta casa grande siempre acogía. Puede parecer traumático, pero es bueno para todos. De los 59 conciertos, solo ocho son de artistas que participaron el año pasado. Y de cara al año que viene el objetivo es que ningún artista repita de un año a otro.

Marçal Girbau, nuevo director del festival Barnasants.

Marçal Girbau, nuevo director del festival Barnasants. / Jordi Otix / EPC

Hay cantautores que han dependido de Barnasants para ir funcionando.

Pero la canción de autor solo sobrevivirá si conserva el espíritu de excelencia, lo cual no significa que sea un género de eruditos. Lo que no puede ser es que se identifique como canción de autor a propuestas donde el texto es solo un relleno de la melodía.

Entramos en el meollo de la cuestión: ¿qué entendemos por canción de autor en 2026?

Lo mismo que en 1975, y que en el siglo XII con los trovadores. Es un género híbrido que une música y literatura, ambos con la misma importancia.

¿Es un requisito para Barnasants que los textos expresen un compromiso social o político?

No, no, lo que debe haber es textos con interés literario. ¿Que eso es muy subjetivo? Pues que cierren las facultades de filología, entonces. Hoy tenemos muy claro lo que tiene interés literario y lo que no. Me sabría mal que eso sonara elitista, pero la cultura es así, hay unos cánones. ‘El mal querer’, de Rosalía, era canción de autor. ‘Lux’ creo que no, aún he de encontrarle su interés literario. En la canción de autor, el texto debe removerte, darte un puñetazo en el estómago, o en el corazón, o en la cabeza.

Marçal Girbau, nuevo director del festival Barnasants.

Marçal Girbau, nuevo director del festival Barnasants. / Jordi Otix / EPC

¿El cantautor puede ser un grupo de hip-hop?

Claro, la canción de autor no entiende de estilos ni estéticas. Este año me he quedado con muchas ganas de programar a algún artista de la escena hip-hopera. La canción de autor se puede expresar en rock duro o en ska. El tema ‘Tanti auguri’, de Raffaella Carrà (‘Hay que venir al sur’), que hizo bailar a media Europa, tiene una letra fantástica, parece banal y no lo es. Es de los años 70 y reivindica el placer sexual de la mujer y dice “lo importante es que lo hagas con quien quieras tú”. Un cliché es que la canción de autor debe ser aburrida. No, no.

La tradicional sintonía de Barnasants con la canción italiana está presente este año con Carmen Consoli y Anna Castiglia. ¿Y la canción francesa, que en el festival ha ido generalmente un poco coja?

De Italia, este año me he quedado a las puertas de traer a Lucio Corsi, que simboliza para mí la renovación de la canción de autor. Allí, gracias al Club Tenco, de San Remo, hay una nueva generación de voces interesantes. Eso es lo que me gustaría que ocurriera aquí, como cuando hace 15 o 20 años aparecieron Roger Mas, Mazoni, Sanjosex, Pau Alabajos, Feliu Ventura... Contribuir a provocar otra nueva ola. Respecto a los franceses, hemos hablado con artistas que no puedo traer este año por cuestiones de agenda y que trataremos de traer en 2027. Me encantaría programar a una Hoshi, o a Benjamin Biolay, que hace muchos años que no viene, o a Francis Cabrel.

El 45% de su presupuesto, 600.000 euros, es público. ¿Cultura subvencionada?

Normalmente, quien formula esta crítica es gente del ‘show business’ que es la primera en recibir dinero público. Hay proyectos y festivales que reciben mucho más que Barnasants en números absolutos. La mayor parte del presupuesto del ICEC va a proyectos que no son en lengua catalana. Nuestro proyecto no podría sobrevivir sin subvenciones. Si los grandes festivales no las necesitan para sobrevivir, ¿por qué las reciben entonces? Que renuncien a ellas y habrá más dinero para proyectos que apuestan por la cultura en el país. Lo que no podemos hacer es, con dinero público, programar rarezas para tres espectadores, pero el primer criterio no puede ser el número de entradas vendidas. Si Roger Mas no hubiese contado con la complicidad de propuestas como Barnasants, receptoras de dinero público, no sé si hoy estaría haciendo una gira con la Cobla Sant Jordi.

Ahora hablan de Barnasants como un ciclo y no como un festival. ¿Por qué?

Porque nos identificamos más con un ciclo de teatro, de conciertos, que con el modelo de festival de fin de semana. ‘Ciclo’ parece una palabra antigua y por eso le tenemos que sacar el polvo. Reivindicamos ser un ciclo.

En un momento en que los macroconciertos se han multiplicado, ¿Barnasants representa la respuesta al ‘FOMO’, es decir, una forma de ‘JOMO’ (‘Joy of missing out’), la alegría y el alivio por librarte de los eventos multitudinarios?

Nosotros tenemos que estar por encima del ‘FOMO’ y del ‘JOMO’. El otro día decía Quique González que si lo que determinara la calidad de una propuesta fuera la venta de entradas, el McDonalds sería el mejor restaurante del mundo. No quiero decir que cuanto más raro y menos público, más interesante. Pero nuestro objetivo es que el público salga del recital cambiado, que le haya generado una reflexión en algún ámbito, como la catarsis del teatro griego.

Pere Camps dice que ha dejado Barnasants con la frustración de no haber conseguido abrir el Ateneu de la Cançó. ¿Cómo está este asunto?

Él, como director fundador, está batallando para conseguirlo. Si conseguimos el Ateneu, Barnasants será el ciclo de calidad con su apuesta anual y luego el Ateneu será un espacio de creación y exhibición, donde los artistas puedan hacer residencias, con una programación estable durante todo el año. Aquí sí que aquella casa grande tendría cabida.

¿En un local de propiedad pública?

Puede ser público o privado y que las administraciones hagan una apuesta. Lo importante es que entiendan que la canción de autor es nuestro jazz. Deberían ser las primeras en darse cuenta de que es un género que nació aquí, con los trovadores, que va ligado a nuestra civilización desde hace ocho siglos. Quiero pensar que habrá ‘seny’ y que el ayuntamiento, la Diputació y la Generalitat se pondrán de acuerdo para hacerlo realidad, como ocurrió en su día con el Centre Artesà Tradicionàrius. Ya tenemos la raíz. Ahora lo que hace falta es el futuro. Además, y eso me da rabia, resulta que no es caro. Con muy poco esfuerzo se podrían poner los recursos. Que se haga o no responde a la voluntad política.

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