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Escenario 'underground'

La sala El Pumarejo de L'Hospitalet lanza un SOS con un concierto en Razzmatazz para recaudar fondos y retomar su actividad

El local autogestionado de conciertos y actividades culturales tuvo que cerrar en agosto para emprender una serie de obras exigidas por el Ayuntamiento de L’Hospitalet cuyo coste trata de afrontar con una campaña de ‘crowdfunding’ y con el evento de este domingo, en el que tomarán parte artistas como Tarta Relena, la Orquesta del Caballo Ganador y Marina Herlop

Concierto del grupo israelí Wackelkontakt en la asociación cultural El Pumarejo de L'Hospitalet, el 28 de febrero de 2020.

Concierto del grupo israelí Wackelkontakt en la asociación cultural El Pumarejo de L'Hospitalet, el 28 de febrero de 2020. / Manu Mitru

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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El Pumarejo, la emblemática sala autogestionada de L’Hospitalet, que acoge conciertos y actividades culturales, está en peligro después de que tuviera que cerrar sus puertas, el pasado agosto, para afrontar unas obras de adecuación del local, exigidas por el Ayuntamiento, que han venido seguidas, inesperadamente, de otras que deberá afrontar para recuperar su actividad. Asfixiada por los gastos y la caída de los ingresos, la asociación sin ánimo de lucro que regenta este autodenominado “refugio cultural” lanza ahora la alerta ‘SOS El Pumarejo’ con un concierto que tendrá lugar este domingo en Razzmatazz (salas 2 y 3) por parte de un plantel de artistas asociados a su singladura.

Ahí estarán Tarta Relena, la Orquesta del Caballo Ganador (con los miembros de Za!, Los Sara Fontán y Esperit!), St. Frances, Nexus, Dame Área y Asia, así como, en formato ‘dj’, figuras como Marina Herlop, Meritxell de Soto o Me Siento Extraña, todos actuando gratis. Razzmatazz ha cedido los espacios, la plataforma DICE ha renunciado a la comisión de la venta de entradas, y toda la recaudación se destinará a financiar las obras pendientes. Reformas que los responsables de la sala juzgan “muy exageradas”, señala Andrea Marcos, su coordinadora, porque, a su entender, no se ajustan a la realidad de este local situado en una antigua nave industrial.

Nuevas exigencias

El primer “supuesto del cierre”, en agosto, fueron las molestias a los vecinos, indica. “Pero se hicieron audiometrías y ni siquiera los tonos más graves alcanzaban a los pisos más cercanos”, apunta. El Pumarejo está en el interior de un pasaje industrial que da a la avenida del Carrilet y los edificios de pisos no están pared con pared, sino situados al otro lado de esa arteria. En paralelo, la normativa antincendios les conminó a segmentar espacios internos con paredes de pladur.

Ahora se encuentran con un nuevo imperativo. “Nos dicen que, como la nave tiene 500 metros cuadrados, sumando la planta baja y la de arriba, debemos tener otra puerta de emergencia, además de las dos que ya existen, o bien reducir el aforo a la mitad. No tienen en cuenta que la planta de arriba no es de uso público, sino de salas donde se gestionan proyectos, una cocina y un baño. Allí pueden juntarse cinco personas”, explica Andrea Marcos. La manera de resolver este escollo pasa por “tapiar salones que se utilizan para crear proyectos y así reducir el número de metros cuadrados”. En septiembre se puso en marcha un ‘crowdfunding’ para sufragar obras y gastos ordinarios (alquiler, suministros).

Entre Urbanismo y Cultura

El Pumarejo es la sede, entre otras actividades, de la emisora de internet La Penca Radio y del sello discográfico Amén Discos. “Más que una sala de conciertos, es un centro cultural, en torno al cual hay una comunidad artística muy fuerte”, destaca la coordinadora del local, que apela a una mayor comprensión del Ayuntamiento y a un diálogo entre sus departamentos. “Nos sentimos un poco abandonados”, explica. “Desde Cultura nos han ayudado en algún momento, pero no están luchando por el centro cultural. Si dejan que Urbanismo nos imponga todo el peso de la ley, como si fuéramos una sala grande, con exigencias fuera de lugar, y Cultura no nos ayuda, el espacio morirá".

La sala se ha mantenido siempre en pie por la venta de las entradas y las donaciones (“muy lejos de las ayudas públicas”) y observa ahora un cambio de rumbo consistorial. “En algún momento, los espacios autogestionados les interesaban para dar imagen de ‘somos cultura’ y ‘somos distrito’, y ahora parece que ya no tanto”.

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