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Ciclo ‘Sit back’

Júlia Colom, un arte de la canción poderoso y sutil en l’Auditori

La cantante y compositora de Valldemossa desplegó el repertorio de su excelente segundo álbum, ‘Paradís’, donde refina su cruce de canción de autor, raíces y dinámicas pop

Júlia Colom, un arte de la canción poderoso y sutil en l’Auditori

Júlia Colom, un arte de la canción poderoso y sutil en l’Auditori / MAY ZIRCUS

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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En su proceso de componer unas canciones sobre anhelos no materializados, lo que sí ha consumado Júlia Colom es un álbum, ‘Paradís’, como ella hizo notar este jueves en la sala 3 de l’Auditori (ciclo Sit Back), acogiéndose a la idea de que el arte puede estar para eso, para transformar en un estímulo estético elevado las sensaciones ingratas. Este es uno de los discos más remarcables de este año en la escena en catalán, destilación de las pistas expuestas en ‘Miramar’ (2023), en algún lugar flotante entre la canción de autor, la herencia tradicional y una noción pop no ajena al tenue roce electrónico.

Júlia Colom dispuso un directo cuidado y con base orgánica, trío de guitarras clásicas y batería, acompañado a veces de sutiles pistas digitales añadidas, perceptibles en piezas como ‘Sa teva barca’ (arranque de la sesión sobre un ligero temblor de drum’n’bass) o ‘Necessit’, con su up tempo invasivo. Todo ello se sustentó en unas canciones sugerentes, de bellos recovecos melódicos, como ‘T’he cercat’, arrolladora con la máxima suavidad, y en sus facultades como intérprete, con carácter y de una gran delicadeza. El repertorio de ‘Paradís’, recorrido al completo, dejó secuencias estimulantes en piezas como ‘Sa nit i es dia’, con Martín Leiton cambiando la guitarra por el laúd, en los arpegios galopantes de ‘Més avall’ y en las dinámicas con ecos ancestrales de ‘Gelosies’ y ‘Transformacions’.

Júlia Colom, un arte de la canción poderoso y sutil en el Auditori

Júlia Colom, un arte de la canción poderoso y sutil en el Auditori / .

Hay algo que es a la vez antiguo y ultramoderno en Júlia Colom, que atraviesa los tiempos sin caer en frivolidades ni efectismos, aspirando a una trascendencia. Moderno porque no se obsesiona con serlo, claro. Los perfiles fueron cambiantes, mutando con sigilo. Un cuarteto de cuerda la arropó en tres canciones, una de ellas la tradicional ‘Tonada de recollir figues’, que la emparentó con su admirada Maria del Mar Bonet. Y en ‘Sa Madona’, composición popular mallorquina, el flujo vocal se triplicó con la entrada en escena de Tarta Relena. Un espejo este en el que Colom dijo mirarse por el éxito del dúo al hacer viable un proyecto musical a priori apartado del mainstream.

Del pasado regresaron ‘Olivera’, contemplativa de la naturaleza perenne que lo resiste todo, y ese ‘Camí amunt’, que cerró el concierto con su mirada al sendero recorrido y la afirmación fijada en lo que se persigue y se anhela. Tal vez Júlia Colom forme parte, como dice, de una generación que no llega a tocar sus sueños con la punta de los dedos, pero no parece que ella esté llamada a conformarse con eso.

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