Moda
De María Antonieta a Trump: la historia del rosa y cómo un jersey ha desatado la polémica en EEUU
Un suéter de la firma americana J.Crew disgusta a la derecha estadounidense más rancia
Jabón, armas, genes y muchos fans republicanos: las polémicas de Sydney Sweeney, la nueva musa de Trump

En el centro, el jersey navideño de J.Crew. A la derecha, Messi, con la camiseta del Inter Miami CF, y el actor Domingo Colman, en la gala de los 30 º Premios SAG. / AFP / RICH STORRY / J.CREW / INSTAGRAM

Una podría pensar que la política estadounidense tiene problemas más urgentes que un jersey rosa. Pero basta asomarse a la red social X para comprobar que no. El último terremoto de la guerra cultural allí ha sido un inocente suéter navideño de la marca J. Crew, en un tono rosa, con estampado Fair Isle en el canesú, de lana calentita y cuello redondo.
Desde el punto de vista de la moda, totalmente inofensivo: ni asimetrías, ni borlas, ni flecos, ni ningún eslogan por delante ni por detrás que echarle en cara. Pero, desde el punto de vista de la política, al parecer, la prenda de un color tan osado ha escandalizado al ala MAGA de los republicanos. La comentarista conservadora Juanita Broaddrick fue la que abrió fuego con esta observación: "¿En serio? Hombres, ¿se pondrían este suéter de 168 $?". Los seguidores de Broaddrick entraron al trapo rápidamente: "Así se visten todos los demócratas para el Día de Acción de Gracias"; "Mi marido no usa ni una toalla rosa"; "No me vestiré como una Chica Dorada"... La indignación fue creciendo como si en lugar de un jersey el debate girara en torno a una declaración geopolítica.

El jersey navideño rosa de J.Crew, con estampado 'Fair Isle' en el canesú. / J.CREW
Durante siglos, un color de chicos
Nada de esto sería tan llamativo si no revelara una fragilidad de fondo: esa masculinidad hipervigilada que necesita blindarse incluso frente a un pigmento textil. Y lo más curioso es que esta reacción pasa por alto un hecho histórico que desmonta toda la épica viril que algunos pretenden defender a capa y espada: el rosa fue, durante siglos, un color masculino.
La burguesía europea tiene la culpa de que los tonos pastel, en especial el rosa, se pusieran de moda durante el siglo XVIII. María Antonieta, considerada la reina de la moda de Versalles, fue la ideóloga del cambio en los colores que vestían a la corte, que pasó de los marrones y negros a celestes, rosados y amarillos y dorados.

Kristen Dunst, protagonista de la 'María Antonieta' de Sofia Coppola (2006). / EPC
No fue hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX cuando el rosa empezó a asociarse con alguno de los géneros. Hasta la primera guerra mundial, los bebés se vestían con algodón blanco por ser más fácil su limpieza. Lo explica la historiadora Jo B. Paoletti en Pink and Blue: Telling the Girls From the Boys in America.
En 1914, The Sunday Sentinel, un periódico estadounidense, aconsejó a las madres "usar el rosa para el niño y el azul para la niña". ¿La razón? "Es que el rosa es un color más decidido y fuerte, más adecuado para los niños, mientras el azul, que es más delicado y refinado, es mejor para las niñas", argumentaba.
El rosa fue un color asociado con la masculinidad, considerado como un color rojo aguado, relacionado con la sangre. Sin embargo, en otros países, los códigos para bebés eran otros. En los orfanatos franceses, utilizaban el azul para los niños y el rosa para las niñas. Y durante la segunda guerra mundial, los nazis identificaron a los homosexuales prisioneros con una insignia en forma de triángulo de color rosa con el vértice hacia abajo.
Hasta bien entrada la década de 1920, los grandes almacenes estadounidenses aún discutían qué color correspondía a cada sexo. Un manual especializado, Infant’s Department, lo explicaba claramente en 1918: "El rosa, al ser un color más definido e intenso, es más adecuado para el niño, mientras que el azul, más delicado, es más bonito para la niña". El razonamiento era simple: el rosa era un derivado del rojo, asociado a la fuerza y a los uniformes militares. El azul, en cambio, se vinculaba a la pureza mariana.
En definitiva, las convenciones actuales entre colores y género no son naturales; sino invenciones culturales y comerciales. Fueron las marcas, necesitadas de vender más ropa infantil, las que establecieron estas reglas cromáticas que antes eran difusas.
La masculinidad, ¿en cuestión?
Con estos antecedentes, la tormenta sobre el jersey de J.Crew resulta incluso más absurda. La polémica no tiene que ver con la moda, sino con el color político. "Es interesante que la reacción contra el jersey se esté produciendo en EEUU, donde una especie de masculinidad hegemónica exagerada ha vuelto a ser la corriente dominante, encarnada por hombres poderosos en el gobierno y el mundo empresarial", afirma en Vogue Magazine Veronika Koller, profesora de estudios del discurso en la Universidad de Lancaster. "Se basa en denigrar y marginar la feminidad y otras masculinidades", insiste.
Las redes conservadoras han reaccionado no solo con rechazo, sino con fantasías de infiltración política ("lo usaría si fuera de incógnito a un mitin demócrata"), demostrando que el rosa no se percibe como un color, sino como un bando.
La pasarela no pide permiso
Mientras tanto, en el otro extremo del espectro cultural, el rosa vive un momento dulce en la moda masculina. Dior, Willy Chavarría, Paul Smith o Loewe llevan varias temporadas apostando por él en tonos que van del empolvado al fucsia.
Sin embargo, el mercado masivo avanza más lento, atrapado entre la demanda real y el miedo a los prejuicios. La prueba es casi caricaturesca: en 2009, una tienda británica rebautizó un suéter rosa como rosa masculino para poder venderlo a clientes inseguros. El machismo convertido en etiqueta.

Lionel Messi, en un partido disputado por el Inter Miami CF, el pasado 29 de noviembre, en Florida.. / AFP / RICH STORRY
'Men in pink'
La contradicción es evidente: una masculinidad que se siente amenazada por un color no es tan sólida como proclama. Si un hombre puede perder su identidad por llevar una prenda rosa, quizá la identidad no estaba tan bien construida. Como señalan diseñadores que llevan años experimentando con tonos rosados: el problema no es la moda, es la fragilidad.
Y la realidad desmonta rápidamente la alarma. Messi; Trump y Farage han llevado corbatas rosas; Daniel Craig y Jake Gyllenhaal han posado en alfombras rojas en tonos salmón; Harry Styles y Timothée Chalamet directamente han hecho del rosa un signo de estilo... Ninguno ha dejado de ser percibido como un hombre por ello.
Es interesante que algunos sectores de la derecha MAGA se hayan ofendido tanto con un jersey de J Crew. Justo cuando se trata de una marca que tradicionalmente se alinea estéticamente con la derecha conservadora de la vieja escuela, y con el estilo preppy, la piedra angular del uniforme americano (vestimenta clásica, pulida y conservadora que se originó en la cultura estudiantil de las escuelas preparatorias y universidades). Sin embargo, en la era Trump, incluso esto puede convertirse en fuente de conflicto: un choque estético entre los conservadores tradicionales y la neoderecha MAGA.
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