Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

QUEMAR DESPUÉS DE LEER

El perro de Picasso y la Casa del Diablo, por Laura Fernández

Si están pensando en leer una novela de terror en breve o, en cualquier momento, no lo duden y háganse con la única de John Darnielle, el cantante de The Mountain Goats, que se ha publicado en España. Parece una única cosa, pero es muchas a la vez, como Lump, el perro que primero se comió un Picasso y luego se convirtió en su muso

John Darnielle es el líder de una banda llamada The Mountain Goats. Pero también es un escritor de terror buenísimo.

John Darnielle es el líder de una banda llamada The Mountain Goats. Pero también es un escritor de terror buenísimo. / Laura Monsoriu

Laura Fernández

Laura Fernández

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Imagina que eres Pablo Picasso e invitas a un fotógrafo a tu casa, en Cannes. Es una casa bonita. Tiene un jardín precioso. El fotógrafo es un fotógrafo conocido, David Douglas Duncan. El año es 1957. David llega a tu casa con un perro salchicha metomentodo, y aparentemente encantador. El perro ha tenido hasta el momento una vida corta pero intensa. En su apenas año de vida ha viajado a Stuttgart y a Roma y está en ese momento en Cannes, en tu casa, porque David, el fotógrafo lo lleva a todas partes. A ti te parece divertido dibujarle un conejo en una servilleta. Cuando se lo muestras, el perro se lo come sin dudar. De un bocado. Te ríes. Ese perro se ha comido un Picasso, piensas, porque ya eres famoso. Uno de los pocos pintores que se hizo famoso antes de morir.

La historia que acabo de contar es una historia real. Tal vez la conozcan. El perro se llamaba Lump, y Picasso se enamoró de él. Empezó a pintarlo aquel mismo día, de manera que David, el fotógrafo, no tuvo más remedio que regalárselo. El perro viviría 17 años, y aparecería en 54 piezas del pintor. Se tumbaría a su lado, observándole mientras pintaba o esculpía, y él lo bocetearía por diversión. Murió en 1973, como el propio Picasso. De hecho, Lump murió diez días antes que el pintor malagueño. Existe un pequeño libro que cuenta su historia. Es un libro de fotografías y es obra, cómo no, del fotógrafo, David Douglas Duncan. Con todo esto quiero decir que las cosas pueden parecer una sola, pero a veces pueden ser otras muchas.

Como el propio John Darnielle (Bloomington, Indiana, 58 años). John Darnielle es músico. Se diría que si es conocido es por formar parte de una banda llamada The Mountain Goats. De hecho, es su cantante. Su líder. Pero Darnielle también es escritor. Un escritor de terror buenísimo. En serio. Si se plantean leer un libro de terror en breve —o en cualquier momento— no duden y busquen La Casa del Diablo (Aristas Martínez). Ese libro contiene una de esas cosas que, como el perro de Picasso, parecen una sola cosa y en realidad son muchas. Ajá. La propia casa del título, por supuesto. ¿Quieren saber en qué consiste ser muchas cosas cuando eres una casa? Haber tenido distintas vidas. Haber mutado en el tiempo que ha pasado desde que sea que se pusiera en pie.

El protagonista de 'La Casa del Diablo' —el título no engaña, es una mala casa— es un escritor acostumbrado a transformar pequeños crímenes en pesadillas, o leyendas, mitos. Es el autor de 'La Bruja Blanca de Morro Bay', la historia de una supuesta asesina de niños que, en realidad, sólo fue una mujer que se defendió de un par de chicos que trataron de, quién sabe, puede que violarla y asesinarla en su propia casa, pero que no pudieron llegar a hacerlo porque ella les mató. Les hizo pedazos. Aunque en el true crime que ha convertido a Gage Chandler, el protagonista de La Casa del Diablo, en un escritor de éxito, la mujer no sufría ninguna amenaza. Sólo era alguien a quien le gustaba la sangre. Y que vaciaba a sus víctimas.

He aquí el peligro de confiar en el true crime, cuando el true crime no pretende contar la verdad sino convertir cualquier acto criminal —oh, no cualquiera, un asesinato horrible, o más de uno— en moraleja de algún tipo. Pero no adelantemos acontecimientos. Porque, efectivamente, en la Casa del Diablo —que primero fue una heladería, y luego un quiosco en el que empezó a venderse porno, y finalmente una casa— se ha cometido un crimen. En 1986, un grupo de adolescentes aparentemente cometió un doble asesinato satánico. Les ahorraré los detalles, o mejor, lean la novela para tenerlos todos. El caso coincidió con el apogeo del Pánico Satánico de los 80 en California, una suerte de revival de la Era Manson.

¿Adivinan qué piensa hacer Gage Chandler? Instalarse en la casa. De hecho, va a comprarla por una cantidad irrisoria que, como él mismo dice, en San Francisco no le daría ni para un armario. La propia compra de la casa forma parte del contrato de su siguiente libro. Su editor se frota las manos. Y Gage, a quien vivir en esa especie de ruina le trae sin cuidado porque no cree en los fantasmas —¿no es él quien los crea?—, empieza a tratar de deformar aquello que allí ocurrió para darle el toque que todo true crime necesita para prácticamente convertirse en un relato de los hermanos Grimm. Pero esta vez, el relato podría contenerle a él. Porque ¿acaso se detiene la historia de una casa maldita por el hecho de que alguien pretenda contarla? ¿No sigue en marcha? Chapeau, Darnielle.

Suscríbete para seguir leyendo