Opinión | La retirada de TVE
El drama de quedarte sin Eurovisión: cuando la fiesta se va a celebrar igual, pero sin ti
Hay algo peor que encajar que el acontecimiento más anhelado del año se suspenda: que se celebre igualmente, pero sabiendo que tú no estarás ahí, y encima eres tú quien lo ha decidido en nombre de tus principios
Las consecuencias del adiós a Eurovisión: impacto económico, pérdida de audiencia y el futuro incierto del Benidorm Fest
¿Se equivoca España al dejar Eurovisión en manos de Israel? Los expertos hablan: "Era mirar hacia otro lado o respetar los derechos humanos"

Un grupo de 'eurofans' de la edición 2018 de Eurovisión. / MIGUEL A. LOPES / EFE
Quién lo hubiera dicho cuando Eurovisión era aquel festival decadente que TVE relegó a La 2, pero hoy este concurso de canciones (sí, eso es lo que es) ejerce un papel de aquelarre motivador, un fiestorro a compartir con los amigos o la familia, un ritual cargado de connotaciones transversales: sentimentales, geopolíticas, relativas al orgullo ‘queer’ o a la representación de algún que otro nicho desatendido. ¡Oiga, corre el rumor de que hay incluso claves musicales!
Pero este año todo se va al traste para el ‘eurofan’ español debido a esa retirada de TVE por la participación de Israel. Solo hay algo peor que ver suspenderse esa fiesta de la que tenías tantas ganas: que se vaya a celebrar igualmente, pero sin ti. El ‘FOMO’ consiguiente es de caballo. Y el cortocircuito aquí resulta ser doble, porque encima eres tú quien ha decidido ausentarse, movido por causas que nada tienen que ver con las canciones, ni con los intérpretes, sino con una cuestión candente de la esfera política internacional.
Es un episodio de tormento existencial, digno de expansiones trágicas a lo ‘drama queen’, para los grupos organizados y colectivos que viven con pasión el festival año tras año, y no solo ellos. Porque si estás en contra de la retirada de España por un asunto político, se entiende que tu cabreo sea épico, pero si tus principios se alinean con el veto a Israel quizá sea peor: estamos ante un duro pulso íntimo, un fatal "quiero y no puedo".
Eurovisión no es solo fiesta, también memoria emocional, recogimiento familiar, un ‘nosotros’ desatado. ¿Cómo llevas que la conciencia ideológica se cargue tu rito sentimental? ¿Y ver que los demás celebran la fiesta tan alegremente sin ti? A veces, hay que pagar un precio. TVE planea seguir con el Benidorm Fest, pero no hay color, y menos todavía sin el caramelo de que el ganador vaya a ir a Eurovisión. Solo un cambio de formato audaz podría inyectarle tensión. Quizá demasiada: ¿se atreverían a hacerlo con canciones que representaran a las comunidades autónomas?
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