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Exposición

Mercè Rodoreda se hace bosque en el CCCB para derribar "clichés fosilizados"

Obras de Suzanne Valadon, Ramon Casas, Fina Miralles, Marc Chagall, Man Ray y Leonora Carrington, entre muchos otros, dialogan con la autora de 'La plaça del Diamant' y transforman su universo literario en una de las exposiciones de la temporada

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David Morán

David Morán

Barcelona
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Entre los ecos del exilio y el gran mural que muestra las portadas de las más de 40 ediciones internacionales de 'Mirall trencat', una pequeña vitrina recoge en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona algunos de los chistes de náufragos que, por lo que sea, Mercè Rodoreda (1908-1983) coleccionaba con gran avidez. Instalada en Ginebra, atravesada por la soledad, la escritora encadenaba obras maestras o simplemente mayúsculas como 'La plaça del Diamant', 'Jardí vora el mar' y 'El carrer de les Camèlies’ mientras recortaba tiras cómicas de la prensa en las que veía reflejado su propio desarraigo. "Escribir en catalán en el extranjero es lo mismo que querer que florezcan flores en el Polo Norte", puede leerse junto a una de las viñetas descoloridas.

Antes de eso, en el apartado dedicado a la infancia, una inquietante fotografía de la barcelonesa Bego Antón, un jarrón de flores en plena combustión, resume aún mejor lo que se propone 'Rodoreda, un bosc', la colosal exposición con la que el CCCB quiere reivindicar la contemporaneidad y radicalidad creativa de la gran autora catalana del siglo XX. A saber: limpiar la mirada de "clichés fosilizados" y derruir el estereotipo "cursi" que asocia a la catalana a las flores. "Se trata de entender a Rodoreda con una mirada nueva y renovada", ha defendido este jueves la comisaria de la exposición, Neus Penalba. Para conseguirlo, manga y anchísima y atracón visual: más de 1.300 metros cuadrados y 400 piezas de artistas y creadores como Suzanne Valadon, Man Ray, Fina Miralles, Pablo Picasso, Leonora Carrington, Ramon Casas, Dora Maar, Giorgio de Chirico, Pina Bausch, Michael Haneke, Francesc Català Roca y Marc Chagall, entre muchos otros. Una kilométrica red de raíces, troncos y ramas para anclar a Rodoreda al siglo XXI y, como ha apuntado el jefe de exposiciones del CCCB, Jordi Costa, ver cómo su voz "se multiplica y muta en obras ajenas".

Esto último es especialmente trascendental ya que, como recuerda Penalba, 'Rodoreda, un bosc' no es una exposición biográfica, sino una celebración poética y estética de su obra y de los temas y gestos recurrentes. "Traducir visualmente el estilo literario de Rodoreda es imposible, pero sí que se puede hacer un discurso y un diálogo con obras de otros artistas", ha explicado la comisaria. De ahí, asegura, la idea de bosque que "permite vertebrar los temas que se repiten en su literatura" y expandir hasta el infinito el rico imaginario de luces y sombras, de belleza y brutalidad, de la escritora barcelonesa. "Durante demasiados años se la ha visto como una novelista urbana que escribió 'La plaça del Diamant' y a la que le gustaban muchos las flores", ha lamentado Penalba.

Barcelona 04/12/2025 Exposición «Rodoreda, un bosque» sobre Mercè Rodoreda en el CCCB Fotografía de Ferran Nadeu

Detalle de la instalación de Mar Arza para la exposición 'Rodoreda, un bosc' en el CCCB / Ferran Nadeu

La mentira de la vida adulta

Precisamente contra esa idea lucha una exposición que echa a volar abjurando de la idea de Rodoreda como icono pop y 'patum' literaria "risible" y toma tierra entre elogios de Mariana Enríquez, Pol Gusch, Wadji Mouawad, Carlota Subirós, Colm Toibin, David Uclés, Lisa Appignanesi y Blanca Llum Vidal. Por el camino, todo un mundo. O unos cuantos. Los narradores cándidos e inocentes ante un mundo siniestro e inquietante; el aprendizaje como forma de descubrir "la mentira presente en los rituales que ritman la vida adulta"; el deseo "que imanta los cuerpos" y pone a prueba sus propios límites; las maternidades altamente problemáticas; los horrores de la guerra; el exilio; la Barcelona bastarda; el anhelo de cambio y metamorfosis; la espiritualidad... Biografía, ya ven, la justa. "Es absurdo que nos hayamos pasado tantos años leyendo su vida a través de su literatura, porque Rodoreda no hacía autoficción. Era una escritora realista y fantástica al mismo tiempo", ha destacado la comisaria.

Otra cosa es que vida y obra converjan, se enreden en cartas de Joan Sales y Salvador Espriu y formen tándem para traerse del exilio en Ginebra fotografías del interior y el exterior del piso en el que vivió, listados de lugares para visitar y agendas telefónicas de Armand Obiols. Apuntes históricos para una exposición que, lo demás, se centra en explorar afinidades afectivas y estéticas y amplificar el eco de obras como 'La mort i la primavera' y 'Quanta, quanta guerra…' a partir del diálogo real o fabulado con otros artistas. Nadie sabe, por ejemplo, si la catalana leyó alguna vez a Shirley Jackson, pero Penalba traza una línea directa que conecta el arranque de 'La salamandra' y el linchamiento de 'La mort i la primavera' con 'La lotería', el inquietante relato de la estadounidense.

Barcelona 04/12/2025 Exposición «Rodoreda, un bosque» sobre Mercè Rodoreda en el CCCB Fotografía de Ferran Nadeu

Mural con las más de 40 ediciones internacionales de 'Mirall trencat' / Ferran Nadeu

Lo mismo sirve para las infancias terribles de Rodoreda, proyectadas aquí en fragmentos de 'La cinta blanca', de Michael Haneke, y 'Lazzaro felice', de Alice Rohrwacher; el mito de Ofelia reinterpretado por Bego Antón y en clara sintonía con 'Mirall Trencat'; y el deseo, furioso y extraño, que evocan los lienzos de Ramon Casas, las esculturas de Josep Clarà y ese diálogo de desnudos entre Pablo Picasso y Suzanne Valadon. "Mirar lo más terrible y contarlo de una manera inocente es su sello. La luz la encontramos en el estilo", ha recordado Penalba, encargada de diseñar un recorrido que incorpora acuarelas y óleos de influencia 'mironiana' de la propia Rodoreda y que potencia la conversación con Paula Rego, la primera artista que pintó un aborto, y Josefa Tolrà, médium y creadora autodidacta de quien se expone un magnífico mantón bordado.

Fotografías bélicas de Agustí Centelles, grabados de Doré y Goya, coreografías de Pina Bausch filmadas por Wim Wenders, rostros y cuerpos 'art brut' con los que Jean Dubuffet parece evocar a los hombres sin caras de ‘La mort i la primavera’ y una constelación de referentes literarios que emparenta a Rodoreda con Kafka, Ramón Llull, James Joyce, Walt Whitman, Joaquim Ruyra, Marcel Proust o Katherine Mansfield, entre otros, aguardan en los múltiples senderos de este tupido bosque que se enriquece con instalaciones ideadas específicamente para honrar a la catalana desde la actualidad. Entre ellas, un pasillo de mujeres y flores con el que CaboSanRoque "expresa el horror de la guerra” a través de la belleza; un cuarto oscuro de fotografías intervenidas por Èlia Llach a partir de una frase de Rodoreda (“mi deseo más ferviente es verlo todo en llamas”); y dos esculturas de papel con las que Mar Arza formaliza la violencia extrema que se ejerce en el pueblo de 'La mort i la primavera'.

Una síntesis casi perfecta para una escritora cuya obra, subraya la comisaria, estuvo siempre marcada por un constante tira y afloja entre la luz y la oscuridad, entre la ternura y la crueldad.

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