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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

Los ‘textos explícitos’, de Rosalía a Bad Gyal, y el encanto de lo malote

‘Parental advisory. Explicit content’, reza el discreto mensaje impreso en la portada de ‘Lux’, aportando un contraste oscuro y sucio a la foto celestial, en un tiempo en que las letras con contenidos sexuales y tacos estridentes campan en los cancioneros de los nuevos ídolos juveniles

El vinilo de 'Lux', el cuarto disco de Rosalía, en la FNAC de la Rambla de Barcelona

El vinilo de 'Lux', el cuarto disco de Rosalía, en la FNAC de la Rambla de Barcelona / Sandra Román

Nos hemos mirado la portada de ‘Lux’ del derecho y del revés, y apenas nos hemos fijado en esa pequeña etiqueta rectangular que aparece debajo de su imagen de novicia en éxtasis místico (o a las puertas de la locura) y que reza, nunca mejor dicho, las cuatro palabras legendarias: ‘Parental advisory. Explicit content’. No es una pegatina, sino que el mensaje está impreso en la cubierta, como un ingrediente del ‘artwork’.

Un raro vestigio de otro tiempo: esa ‘advertencia a los padres’ se estableció en los 80, cuando Tipper Gore, esposa del que sería vicepresidente estadounidense Al Gore, se horrorizó al escuchar el álbum ‘Purple rain’, de Prince, que había comprado para su hija de once años (el tema ‘Darling Nikki’, con su escena de masturbación), y emprendió su cruzada contra letras sexuales o escabrosas. Los álbumes se llenaron de adhesivos de ‘Parental advisory’, y el efecto fue antagónico al deseado: esa leyenda hacía que millones de jovencitos ardieran en deseos de comprarlos. Un rapero serio no podía permitirse pasar por un blandengue cuyos discos no merecían tal distintivo, percibido como una medalla.

¿Tiene hoy algún sentido esa etiqueta? El artista puede pensar que añade un mensaje interesante al modo en que se va a leer su obra: en ‘Lux’, aporta un trazo de oscuridad, peligro y suciedad que contrasta con el aura espiritual de la foto. Tal vez haya ironía u homenaje a la venerable pegatina como icono cultural. Pero álbumes físicos se venden relativamente pocos (aunque de ‘Lux’ se despacharon 28.000 en España en su primera semana) y hoy en día es el ‘streaming’ el que concentra el consumo.

Ahí, el aviso de letras conflictivas es más vinculante e hila más fino. Se aplica canción a canción: junto al título, tanto en Spotify como en Apple Music, aparece la letra ‘E’ (de explícito) cuando corresponde. Y el usuario puede activar el filtro para que, por ejemplo, su hija de once años no pueda escuchar ’Darling Nikki’.

Podemos dudar de su eficacia práctica: un estudio del año pasado de la BBC concluía que el número de canciones con ‘textos explícitos’ aumenta y que representa más de un tercio de los éxitos del Top 50 británico. Entre los ‘superventas’ en España hay gran abundancia de temas deslenguados: en ‘Lux’ solo dos se ganan la ‘E’ (‘Berghain’ y ‘La perla’), pero son abrumadora mayoría en los últimos discos de iconos juveniles como Bad Gyal (9 de las 15 canciones), Myke Towers (22 de los 23) o Anuel AA (todas, las 33). El irresistible encanto de lo malote.

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