FIL de Guadalajara
Eduardo Mendoza vuela a Guadalajara para pasar el testigo de su Barcelona literaria a las nuevas generaciones
El autor de 'La verdad sobre el caso Savolta' inaugura el Salón Literario Carlos Fuentes de la FIL con una jocosa lección de historia sobre la ciudad en la que vive y escribe
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Eduardo Mendoza recibe la Medalla Carlos Fuentes de manos de la viuda del escritor mexicano, Silvia Lemus / Alejandro Acosta

Llegó Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) con su impecable disfraz de 'gentleman' despistado, desenroscó el tapón de la botella de agua que le esperaba sobre la mesa y, como a Ravi Shankar cuando afinaba el sitar, le llovieron los primeros aplausos. "Voy a hablarles, sorprendentemente, de Barcelona", anunció con su sonrisa de pícaro grabada en los ojos. Más aplausos, primeras risotadas. Lo normal, qué menos, para recibir a un escritor y novelista, humorista ilustrado al fin y al cabo, que debería empezar a pensar seriamente en cambiar su segundo apellido por el de 'proveedor de felicidad'. Así lo bautizó hace unos meses el jurado del Premio Princesa de Asturias de las Letras y con idénticas palabras lo presentó este domingo la directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. "Su obra nos hace felices y hoy celebramos la dicha de tenerlo aquí", destacó Marisol Schulz.
Venía Mendoza, figura totémica de la delegación barcelonesa en la FIL, a inaugurar el Salón Literario Carlos Fuentes y, efectiva y sorprendentemente, habló de Barcelona. Pero a su manera, claro. Con los elefantes de Aníbal, los dragones de Carlos Ruiz Zafón y el esplendor "de segunda" de la Edad Media. Con datos que, advirtió, “no están en las bases de datos, seguramente porque son falsos” y recuerdos que adoquinan el camino que lleva del 'Quijote' al 'boom' de amigos, conocidos y saludados como García Márquez, Vargas Llosa, Julio Cortázar, Sergio Pitol y Cristina Peri Rossi. Menuda faena, por cierto, la de Cervantes. "Eso de archivo de cortesía ha sido una carga pesadísima, porque si lo dice Don Quijote, qué le vas a hacer. Los barceloneses teníamos la obligación de ser extremadamente corteses", dijo. ¿La casa en la que vivió Cervantes en Barcelona? Mejor ni pregunten.
En peligro de extinción
Consciente de que se le había invitado, casi expuesto, por su condición de especie en peligro de extinción, por ser "uno de los últimos representantes de una época que se llamó dorada de Barcelona como ciudad literaria", el autor de 'La verdad sobre el caso Savolta' dedicó buena parte de su intervención a su Barcelona, esa en la que vivió, escribió y carcajeó. "La Barcelona en la que yo nací era oscura, llena de hambre, enfermedad y miedo. No hay nada más terrible que una Guerra Civil, todas las familias tenían víctimas en un lado y otro. Pero como era mi infancia, tengo un recuerdo casi feliz, con los patios llenos de cascotes y el papel de las paredes de las casas partidas por la mitad", evocó.
Entrado en faena, chasqueo de dedos y magia de grandes éxitos: las tiras cómicas y el humor blanco de los tebeos como educación sentimental, las películas de María Félix y Cantinflas en bucle (más aplausos, qué menos) y los años del ‘boom’ como "transfusión de sangre nueva y de entusiasmo por ver que podía existir una lengua tan rica y tan distinta al mismo tiempo y una manera tan desinhibida de entender la literatura". Una pizca de luz y entusiasmo entre el gris ceniza de la dictadura. "Con Franco, a Barcelona le había tocado el papel de tía soltera: como el poder estaba en el centro y el Barcelona estaba en la orilla, abusando de la incompetencia burocrática española, se podía hacer lo que a uno le diera la gana. Barcelona era una juerga, pocas veces la ciudad ha sido tan divertida como entonces", explicó.
Fue la de Mendoza una clase de historia portátil y de reivindicación sutil de su propio papel en todo esto con novelas como 'La ciudad de los prodigios', pero también un extraño momento de transición y relevo. A punto estuvo de cartografiar el nuevo mapamundi de 'expats' y furor turístico, pero en vez de esto aprovechó para pasar el testigo de la Barcelona literaria, su Barcelona, a las nuevas generaciones. "He leído por ahí que aquí se venía a hablar del presente y el futuro, no del pasado, y estoy completamente de acuerdo. Yo quisiera que esto fuera la inauguración pero también la clausura de una historia que ya pasó y que ahora empiece el presente y el futuro de Barcelona", dijo.
Cambio de guardia en la capital de los prodigios y medalla Carlos Fuentes de manos de la viuda del escritor mexicano, Silvia Lemus, para elevar a Mendoza a un panteón en el que le esperan Salman Rushdie, Jonathan Franzen, Leonardo Padura, Dacia Maraini y Orhan Pamuk. Seguro que el padre de Gurb es el único capaz de hacer reír a todos los demás.
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