Crónica de concierto
Anuel AA, un antihéroe fulminado por el reloj y el Sant Jordi

Anuel AA, en los primeros instantes de su concierto en el Palau Sant Jordi, este 22 de noviembre en Barcelona. / FERRAN SENDRA

Ni un solo silbido impaciente se oyó durante la hora y cuarto de retraso que sumaba el concierto de Anuel AA en el Palau Sant Jordi anoche antes de su aparición. Una espera amenizada con reguetón, corridos tumbados, trap, todo seguido por el público, al igual que esa incómoda y casposa cámara que enfocó y proyectó en las pantallas constantemente a chicas que, en ocasiones, siguieron el juego con sus mejores movimientos. Acorde a su condición de capo del trap latino, sus súbditos, fieles y jóvenes seguidores que llenaron el gran recinto barcelonés, aguardaron al ídolo, un ídolo a contracorriente, sin rechistar.
Anuel AA no acata que el reloj no espera a nadie, no se conoce hombre o superhombre que haya logrado vencer al tiempo, tampoco él, puertorriqueño con más de un caso sonado de poca profesionalidad. El artista, que una vez formó pareja de estrellas latinas con Karol G, quedó anoche fulminado por el reloj inalterable y por el Sant Jordi.

Anuel AA, en los primeros instantes de su concierto en el Palau Sant Jordi, este 22 de noviembre en Barcelona. / FERRAN SENDRA
Empecemos por el final o, más concretamente, por la última media hora esperpéntica. 30 minutos de canciones con las luces del recinto abiertas, señal inequívoca de que algo no iba bien y, sobre todo, no iba a acabar mejor. Pantalla deslucida, fuegos sin sentido y gestos de incredulidad detrás del escenario. Como es costumbre, Anuel AA había guardado sus mejores galas, sus canciones más populares, para el final. Pues bien, enmudeció él, su micrófono, durante 'Bebé', 'hit' junto a 6ix9ine, dejando a sus fieles sin el siempre deseado desenlace. El reloj marcaba casi la medianoche y dijo basta, y él, sin dar muestras de estar muy alterado por la situación, se fue saludando. Entonces sí, silbidos de desaprovación y a otra cosa, que, en el caso de Anuel AA, es seguir con una gira de altibajos constantes y que, por cierto, tiene otra parada en Barcelona el próximo miércoles.
"Real hasta la muerte"
Después de la larga espera protocolaria y antes del esperpento final, Anuel AA apareció de una trampilla con un micrófono aparatoso que simulaba una gran cruz que brillaba con luz propia, deseoso de mostrarse como un ser iluminado –aunque su marca sea una ‘A’ con aspecto satánico-. Empezó, sin embargo, explotando su cara gánster, él que sustenta una provechosa carrera taleguera, con ‘47’, una canción dedicada a esa arma que quiere poseer -su condena fue, precisamente, por eso- para protegerse de aquellos que le persiguen para darle fin. Después, en ‘Medusa’, recordó aquello de que “aquí, si la sacas la usas”. Poco aguantó sin beber de una botella de agua, dejando un lado las voces a media canción, y sin proclamar su lema: “Real hasta la muerte”. La respuesta correcta a eso, por cierto, es un rugido inconcreto y muy icónico: “Brr”.

Anuel AA, en los primeros instantes de su concierto en el Palau Sant Jordi, este 22 de noviembre en Barcelona. / FERRAN SENDRA
Y del manifiesto callejero al romático y caliente himno reguetonero. “Dejen las pistolas y agarren a sus bebecitas”, avisó el puertorriqueño para introducir una colección de piezas de chico malo conquistador, aulladas canciones de discoteca, que fueron desde ‘Amanece” hasta ‘Reloj’, “música para chingar” hecha a medias con Rauw Alejandro. En ‘Delicuente’, Anuel AA es ese bandido al que la dominicana Toskicha quiere invitar a su habitación, una las numerosas colaboraciones que sonaron ayer y con las que ha crecido este antihéroe boricua. Disparó también ‘La ocasión’, entre los que aparece Ozuna y que recordó escuchar “en la cárcel acostado”, y ‘Sola’, iluminada por Daddy Yankee en –definió- “tiempos oscuros”. Para situar a Anuel AA en el mapa, uno ve que después de un tema con DY puede presentar un trabajo con Bad Bunny, con pasado ‘trapstar’, en ‘Hasta que Dios diga’, aquella canción que piropea así: “tan dura, que hasta Ricky Martin quiere darte”.
En la recta final, antes de la iluminación espontánea, que se sintió como un 'coitus interruptus', un quad apareció en el escenario en el número de baile más destacado de un grupo intermitente de seis bailarinas. El vehículo quedó ahí, aparcado en lo alto de la pasarela del escenario, repleto del triste confeti final pero arropado por un público que coreó incrédulo su última canción y que tuvo que conformarse con que, quizá, eso del trap siga siendo, a pesar de todo, ser "real hasta la muerte".
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