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Crítica de ópera

El brillante ‘L'elisir d'amore’ de Mario Gas volvió a conquistar el Liceu

La mítica puesta en escena de la ópera de Donizetti que firmó el director teatral en 1983 continúa en plena vigencia y fue ovacionada en su reposición

El Liceu de Barcelona recupera la producción de Mario Gas de 'L'elisir d'amore' con Javier Camarena y Pretty Yende. Programa 15 funciones hasta el 15 de diciembre.

El Liceu de Barcelona recupera la producción de Mario Gas de 'L'elisir d'amore' con Javier Camarena y Pretty Yende. Programa 15 funciones hasta el 15 de diciembre. / LICEU / Europa Press

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

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En este regreso de ‘L’elisir d’amore’ de Donizetti al Liceu, no solo eran protagonistas los solistas, ya que también regresaba una vieja conocida, la entrañable, simpática y bien parida producción que imaginara de este título para el Festival Grec de 1983 ese mago del teatro que es Mario Gas. Una década después el montaje volvería a la vida en el Festival de Peralada antes de que en 1998 se incorporarse al repertorio del Gran Teatre barcelonés, siendo recuperado en 2005, 2012, 2013 y 2018, siempre con un contingente de estrellas del bel canto romántico.

La propuesta escénica continúa plenamente vigente, como corresponde a un buen clásico; ahora repuesta por Leo Castaldi –en reemplazo del añorado José Antonio Gutiérrez, ‘Guti’, que ya la había hecho suya–, explica muy bien la trama con una estética propia del cine neorrealista italiano y desde una época de tintes fascistas mussolinianos, detallista, cargada de jugosos momentos que hacen que el público siempre conecte. La producción dibuja unos personajes deliciosos y bien perfilados, mientras que la escenografía de Marcelo Grande –autor también del acertado vestuario, con ‘squadristi’ de ‘camicie nere’ incluidos, claro– y los bien planteados movimientos escénicos, permiten una excelente proyección de las voces, lo que se agradece profundamente. Todo ello muy bien iluminado, escena a escena, por Quico Gutiérrez, con sus momentazos teatrales. Mejor imposible.

En cambio Diego Matheuz, desde el podio, no siempre pudo llevar las riendas de una obra que el Coro y la Simfònica del Liceu conocen bien: a ratos no controló el equilibrio foso-escenario (incluso en algún dúo), ni tampoco los decibelios orquestales, penalizando a más de uno de los solistas.

Aun así se movieron con comodidad tanto la Adina de una espléndida y entregada Serena Sáenz, dueña absoluta del personaje vocal y actoralmente, coronado con sobreagudos brillantes (también interpretarán el papel las fantásticas Marina Monzó y Pretty Yende en sucesivas funciones), así como el Nemorino de Filipe Manu en reemplazo de un indispuesto Javier Camarena, quien canceló por enfermedad y que ya había interpretado al inocentón pueblerino en este mismo montaje en 2012 (papel que también asumirá Michael Spyres). El trabajo del joven tenor criado en Nueva Zelanda –de ascendencia tongana–, ganador en 2024 del Concurso Tenor Viñas, controló todas las aristas del rol con poderío juvenil.

El Belcore de Huw Montague Rendall aportó chulería, una voz bellísima y buena línea de canto, mientras que el gran Ambrogio Maestri volvía a robarse la película con su incorregible Doctor Dulcamara al que también había dado vida en 2013. Completó el aplaudido reparto la eficaz Giannetta de Anna Farrés.

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