Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Política y moda

¿Todavía hay que renunciar al bolso para que te tomen en serio como líder?

Sanae Takaichi, la nueva primera ministra nipona, con su bolso.

Sanae Takaichi, la nueva primera ministra nipona, con su bolso. / EPC

Cuando Margaret Thatcher se postuló como candidata a primera ministra, sus asesores (todos varones, obvio) le exigieron que, si quería tener alguna posibilidad de alcanzar el poder siendo mujer, renunciara a su bolso, perlas, tocado y acudiera a un logopeda para que su voz aguda (femenina) sonara más grave (masculina). Thatcher les respondió: "Haré todo lo que digáis, pero las perlas y el bolso son innegociables". Con determinación y carácter, la primera dama de hierro convirtió el modelo Asprey negro de asa corta en un apéndice de su brazo duro y símbolo de su poder. Tanto fue así que un miembro de su ejecutivo una vez preguntó: "¿empezamos ya la reunión? Total, está su bolso…".

Como fiel admiradora de Thatcher, Sanae Takaichi, la nueva primera ministra nipona, ha adoptado también su estética: prendas estructuradas, blazers azules conservadores, pelo corto, un collar de perlas y un bolso de cuero de lujo de una marca artesanal local que se ha hecho viral. Aún estando confeccionado en piel, el bolso sólo pesa 700 gramos. Su precio es de 900 euros, pero la asociación entre ese bolso de la firma Hamano y el poder ha generado una avalancha de encargos que hace imposible tener uno igual antes de agosto.

Aunque la llegada de la mujer a las primeras líneas de poder ha sido cada vez más común desde Thatcher, hasta la llegada de Takaichi, el complemento femenino por excelencia no había vuelto a tener tremendo protagonismo en la escena política. Existían anécdotas puntuales con el de Angela Merkel o Hillary Clinton, pero no obtuvieron la misma trascendencia. También fue muy comentado el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría ocupando el escaño ya vacío de Mariano Rajoy. Suele ser el precio del complemento el que genera siempre más polémica debido a cierta obsesión de algunas representantes públicas por el marquismo. La última trifulca vino hace sólo unos días cuando la hija de Yolanda Díaz acompañó a su madre luciendo un 'tote bag' de Marc Jacobs. A la vicepresidenta no se le ocurrió mejor argumento para acallar a los críticos y proteger a la menor que señalar que el bolso era una copia del mercadillo. La ministra de trabajo justificando una falsificación…

¿Pero cuál es el bolso de Meloni? ¿Y el de Sanna Marin, Jacinda Ardern o Kamala Harris? Ni idea. A excepción de Isabel II y Manuela Carmena, se consideró que si una mujer tenía suficiente poder no debía llevar sus pertenencias encima, pues siempre habría alguien para cargar con dicha responsabilidad. Además, si bien algunos restaurantes de alta gama han empezado a incorporar asientos para los bolsos de sus clientas, siempre está el problema de dónde dejarlos. En el suelo se va el dinero; en el hueco entra la espalda y el respaldo es incómodo; encima de la mesa o las rodillas genera un impedimento visual con el interlocutor… Los mandatarios hombres, quitando al papa Francisco, tampoco transportan sus maletines. Y aunque la serie el Ala Oeste de la Casa Blanca provocó que la mayoría de entonces jóvenes políticos de nuestro país se echara la mochila al hombro, la imagen que proyecta es de instituto (#nosoissherpas).

"Dejen de decir que no me atrevo a presentarme. Ustedes saben tan bien como yo que EEUU no está preparado para una mujer presidenta. Así que no mientan y no me hagan perder el tiempo", sentenció Michelle Obama acerca de los rumores de porqué no se postula como candidata demócrata a la Casa Blanca. Y no sé si en algunos países andamos más avanzados en estos menesteres, pero está claro que si aún tenemos que plantearnos si una prenda u accesorio femenino nos resta poder es porque todavía queda mucho camino por recorrer…

Suscríbete para seguir leyendo