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Entrevista

Núria Cadenes: "A la hora de la verdad, la gente se ayuda"

La escritora catalana afincada en Valencia publica 'Qui salva una vida', obra con la que ganó el Premi Proa de Novel·la

La red de resistencia antinazi de 'mossèn Joan' le brinda a Núria Cadenes el Premi Proa de novela

Núria Cadenes, fotografiada a principios de noviembre en la biblioteca Montserrat Abelló

Núria Cadenes, fotografiada a principios de noviembre en la biblioteca Montserrat Abelló / JORDI COTRINA / EPC

David Morán

David Morán

Barcelona
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Núria Cadenes (Barcelona, 1970) recrea en 'Qui salva una vida', obra ganadora del último Premi Proa de Novel·la, las vidas cruzadas de los integrantes de una red de evasión liderada por su tío abuelo, 'mossèn' Joan Domènech; una célula de resistencia y escape que, desde la Cerdanya, ayudó a cientos de personas a huir del nazismo a través de la frontera pirenaica durante la Segunda Guerra Mundial. "En este mundo que te dice constantemente que has de ser tú y tu ombligo, vale la pena explicar que a veces pasa lo contrario. Yo vengo de Valencia, y la gente se ayuda; hay gente que actúa bien", reivindicaba hace unas semanas, poco antes de recoger el galardón. "La comunidad humana es más fuerte de lo que pensamos, y trinchar eso es terrible. Estar encerrados en casa mirando una pantalla es lo contrario de lo que somos y de lo que nos hace humanos", insiste ahora Cadenes.

En estos tiempos, escribir una novela que habla de bondad y de gente ayudándose de manera altruista, ¿es un acto de rebeldía? 

Sí, pero también una necesidad. Me hacía falta escribir sobre gente que hace el bien. Como sociedad nos atrae mucho el mal, y a mí también, pero en realidad las personas nos ayudamos. Y es bonito ver que esto también pasa. Esta historia hacía mucho tiempo que me perseguía, pero el último impulso fue un comentario de Carlos Zanón, que en una mesa redonda dijo que era muy difícil escribir sobre gente buena sin caer en la cursilería, sin que nos dé un poco de vergüenza. Así que también era un desafío. Porque, leída aquí y ahora, 'Qui salva una vida' nos puede servir para entender que el mundo no es necesariamente como nos lo dibujan; un lugar donde la gente se mueve por miedo y desconfianza, por el abuso hacia los demás y el 'sube tú y pisa a los otros'.

Es como si la realidad le estuviera pidiendo una novela, aunque fuese para llevarle la contraria. 

Más que la realidad, el enfocarnos hacia un tipo de noticias que nos hacen pensar que la realidad es así. La realidad es muy cruda, sí, pero no es solo eso. Ni siquiera es lo mayoritario. A la hora de la verdad, la gente se ayuda. Una cosa muy significativa que ha ocurrido con el libro es que han coincidido la ilustración de la portada de Júlia Gaspar, dos manos en vertical ayudándose, y la de una ilustradora valenciana Ame Soler que se publicó coincidiendo con el primer aniversario de la dana del 29-O y en la que se ven dos manos agarradas a una sábana. Ese símbolo también está sacado de la realidad, porque mucha gente se ayudó así. A la hora de la verdad, el gobierno de Mazón dijo que no se fuera a ayudar, lo prohibió, pero la gente fue igualmente. No tenían por qué hacerlo, pero se calzaron unas botas y cogieron una escoba. Es muy diferente ver el mundo así que desde la desconfianza.

¿Se infiltró de alguna manera lo visto y vivido durante la dana en la novela? 

Eso creo. Yo puedo parecer optimista, pero en realidad soy bastante fatalista. Era terrible pero al mismo tiempo también precioso ir a Picanya y ver a los chavales del instituto de mi pareja cubiertos de barro porque iban o venían de ayudar. En aquel momento me sirvió para aparcar apriorismos y sacudirme esa manera triste de ver el mundo que de vez en cuando se te pega. De alguna manera, todo esto ha acabado impregnando el libro.

La escritora posa con el Premi Proa junto a consellera de Cultura, Sònia Hernández, y el presidente de Grup 62, Josep Ramoneda

La escritora posa con el Premi Proa junto a consellera de Cultura, Sònia Hernández, y el presidente de Grup 62, Josep Ramoneda / EPC

¿Cuándo escuchó hablar por primera vez de la red evasión con la que 'mossèn' Joan ayudaba a judíos y fugitivos del nazismo a cruzar la frontera?

Ha estado ahí desde siempre. Mossèn Joan venía a casa y era algo que se sabía, aunque no se acabase de explicar del todo. Lo que no sabíamos concretamente era quién formaba parte de la red. El otro día me escribió una chica por Instagram para decirme que, cuando era pequeño, su padre también ayudaba a mossèn Joan. Lo bonito es que todos lo hacían con naturalidad, cada uno por motivos diferentes. Es otra de las cosas que buscaba con la novela, romper estereotipos.

A 'mossèn' Joan lo persiguieron y apartaron de su parroquia. Lo arrancaron de ahí. Piensa que había curas que denunciaban a la gente que trabajaban los domingos, y él era todo lo contrario".

¿En qué sentido? 

Son personas que no esperas que hagan determinadas cosas. Están los dos curas, ‘mossèn’ Joan en Puigcerdà y Jean Guinoux en Dorres. Luego también Melitó, el comunista que quiere cambiar el mundo y que está casado con una mujer muy creyente. A Rosita, por ejemplo, no se la tomaban en serio porque vestía colores muy llamativos y era muy alegre...

Pero luego escondía a pilotos aliados en el cine de Puigcerdà.

Exacto. Y se jugaba la vida para hacer algo correcto. 

La religión es muy importante, pero no desde un punto de vista estrictamente eclesiástico. 

Es que son este tipo de sacerdotes de comunidad que también existen. Además, se muestra su choque con la jerarquía eclesiástica franquista. A 'mossèn' Joan lo persiguieron y apartaron de su parroquia. Lo arrancaron de ahí. Piensa que había curas que denunciaban a la gente que trabajaba los domingos, y él era todo lo contrario. También ayudó a algunas mujeres de exiliados del 39 a pasar a la frontera hacia el norte. 

En el libro, Melitó muere asesinado en el campo de exterminio de Neuengamme. ¿Ocurrió así de verdad? 

Así es. Y la familia siguió colaborando con la resistencia después de que la Gestapo se lo llevase. Son historias reales. Es bueno encontrar ejemplos de gente con coraje que hace cosas buenas y se preocupa por los demás sin alardear. En gran medida, somos los que hacemos.

“El ansia de hacer bien las cosas le complicaba a menudo la vida”, escribe sobre su tío abuelo.

Es que igual que habla de la comunidad, el libro también habla de la responsabilidad individual: podemos decidir actuar o no ante cosas que nos pasan.  

La novela también tiene su lado oscuro, con los nazis haciendo de las suyas.

Como la destrucción de Vallmanya, sí. No quería llenar toda la novela del horror de la guerra, pero hay que ver en qué contexto pasaban estas cosas. He intentado contener la expresión, que no hubiera horror por todos lados, y explicar los hechos sin demasiados gritos, aunque hay unos cuantos. 

De hecho, 'Qui salva una vida' empieza con gritos y con un antiguo miembro de la Gestapo atacando a ‘mossèn’ Joan dentro de una iglesia de Organyà.

La realidad es muy cruda, sí, pero no es solo eso. Ni siquiera es lo mayoritario. A la hora de la verdad, la gente se ayuda. .

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