Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Obra inaugurada en 1971

El mural cerámico de Miró en el aeropuerto de Barcelona será Bien de Interés Cultural

Imagen de archivo del mural de Miró en la Terminal 2 del Aeropuerto de Barcelona-El Prat.

Imagen de archivo del mural de Miró en la Terminal 2 del Aeropuerto de Barcelona-El Prat. / Quique García / EFE

EFE

EFE

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El Ministerio de Cultura ha iniciado los trámites para declarar el mural cerámico de Joan Miró en el Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de bien mueble, según ha hecho público este miércoles. El mural, realizado por Miró en colaboración con el ceramista Josep Llorens Artigas, fue un encargo para "dotar de modernidad" al aeropuerto, con motivo de su ampliación en 1968.

La incoación para la declaración como BIC de esta obra, ubicada en la fachada de la Terminal 2B del aeropuerto, supondrá la aplicación de esta categoría de protección, la máxima que establece la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

El Ayuntamiento de Barcelona encargó la obra en 1968, cuando se inauguró la nueva terminal, la maqueta se realizó un año después y empezó a tomar forma en 1970, inaugurándose el 18 de marzo de 1971. No era la primera vez que Miró y Artigas trabajaban juntos, puesto que desde mediados de los años cuarenta habían elaborado varias obras murales de gran envergadura para edificios públicos.

Entre las instituciones que cuentan con estas 'piezas únicas' destacan la sede de la UNESCO en París (1957), la Universidad de Harvard (1960), el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York (1967), la Fundación Maeght de Saint-Paul-de-Vence (1968) o el Palacio de Congresos de Madrid (1979). El panel en el aeropuerto, formado por piezas cerámicas de "dimensiones excepcionales", mide 50 metros de ancho por 10 de alto y está formado por 4.865 azulejos esmaltados rectangulares dispuestos de forma horizontal.

El montaje de la obra duró seis meses, instalándose sesenta placas diarias para cubrir los 500 metros de superficie del mural. Con el gran mosaico, Joan Miró cumplió su promesa realizada en 1968 sobre que Barcelona tendría "la gran obra que aún no le había ofrendado".