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Cine infantil

'L'Olívia i el terratrèmol invisible', el primer largo catalán rodado con la técnica 'stop motion', nominado a los Premios del Cine Europeo

La película de Irene Iborra, el primer largometraje catalán realizado con la técnica 'stop motion', ha sido nominada a los Premios del Cine Europeo

'Sirat' y 'Tardes de soledad' encabezan las nominaciones de los Premios del Cine Europeo

Una imagen de 'L'Olívia i el terratrèmol invisible'

Una imagen de 'L'Olívia i el terratrèmol invisible' / Filmax

Nando Salvà

Nando Salvà

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A estas alturas, tanto la crisis financiera e hipotecaria que sacudió España en 2008 como los desahucios que han afectado a miles de personas desde entonces a causa de ella han inspirado varios dramas cinematográficos y televisivos. También la salud mental es un asunto recurrente en el ámbito de la ficción, y lo mismo puede decirse de otros como la inseguridad laboral, los retos de ser madre soltera, la angustia adolescente y la integración social de los inmigrantes. No es habitual, en cambio, que esa miríada de asuntos sean abordados a la vez en una misma película, pero lo que en buena medida otorga a 'L’Olívia i el terratrèmol invisible' la condición de obra excepcional es que, además de una reflexión sobre todo ello, es una película infantil de animación.

"Creo que tendemos a sobreproteger a los niños, especialmente en esta sociedad actual que tiende a resaltar solo lo bonito y se niega a afrontar situaciones y emociones difíciles; y es paradójico, porque, al mismo tiempo, mantenemos a la infancia pegada a pantallas que emiten contenido insuficientemente regulado", afirma la directora Irene Iborra al explicar el enfoque de su primer largometraje. "Me parece que hacemos un flaco favor a nuestros hijos aislándolos de esas complicaciones, porque tienen que entender que la vida tiene sus luces y sus sombras".

El poder de la solidaridad

Adaptación de 'La película de la vida', el libro para niños que Maite Carranza publicó en 2017 inspirándose en el estallido de la burbuja inmobiliaria en nuestro país, 'L’Olívia i el terratrèmol invisible' es el primer largometraje producido en Catalunya realizado con la técnica 'stop motion', que consiste en la simulación del movimiento de objetos como figuras de plastilina mediante la sucesión de imágenes fijas. La película se presentó este verano en el Festival de Locarno (Suiza) tan solo unas semanas después de ser premiada en el de Annecy (Francia), el certamen de animación más importante del mundo, y acaba de ser nominada a los Premios del Cine Europeo. "Creo que logra conectar con el público en buena medida porque, pese a abordar temas amargos, es una obra llena de luz que transmite optimismo y alegría", opina Iborra. "En realidad, yo no la defino como una película sobre la crisis de los desahucios pese a que se hace eco de ella, sino como una celebración del poder de la solidaridad y la acción colectiva, del apoyo y la fuerza que pertenecer a una comunidad nos proporciona".

Para hablar de ello, 'L’Olívia i el terratrèmol invisible' pone el foco en una niña de 12 años que vive en un barrio de clase media barcelonés con su madre y su hermano pequeño hasta que una notificación de desalojo los obliga a ocupar, con la ayuda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, un piso vacío en la periferia. Mientras su progenitora va cayendo en la depresión, la niña consuela a su hermano haciéndole creer que los problemas de la familia no son reales sino parte del argumento de una película de la que ellos son protagonistas. "A través de ese elemento de fantasía hemos querido celebrar el poder que contar historias poseee para protegernos de la adversidad", explica la directora. "Y, en concreto, reivindicar la capacidad del cine tanto para abrirnos al mundo y liberarnos como para ayudarnos a entender la realidad a través de la imaginación y la metáfora".

Ataques de ansiedad

Cabe aclarar aquí que los terremotos invisibles a los que la película alude no son sino los ataques de pánico que sufre la joven Olívia, y a causa de los que siente que el suelo se agrieta bajo sus pies y la engulle hacia un abismo. "La técnica 'stop-motion' nos resultó especialmente útil a la hora de representar esas crisis de ansiedad porque, a ojos de los niños, esos muñecos animados son personas humanas como ellos pero no son actores de carne y hueso", aclara Iborra. "Eso les permite identificarse con los personajes sin ahogarse en las emociones que la película provoca".

Irene Iborra, durante el rodaje de 'L'Olívia i el terratrèmol invisible'

Irene Iborra, durante el rodaje de 'L'Olívia i el terratrèmol invisible' / Citoplasmas

La 'stop-motion', asimismo, otorga a 'L’Olívia i el terratrèmol invisible' el tipo de riqueza de volúmenes y texturas de la que las animaciones en 3D generadas por ordenador a menudo carecen. Por eso, resulta llamativo que hasta la fecha no exista ningún otro largometraje de producción catalana completado con esa técnica. "No es una cuestión de falta de talento", asegura la directora a modo de explicación. "Lo que pasa es que es un cine que requiere mucho tiempo, mucho dinero y equipos muy extensos, por lo que entraña más riesgo del que muchos financiadores están dispuestos a afrontar; ojalá mi película contribuya a cambiar las cosas".

La directora lleva 20 años promoviendo la 'stop-motion' a través no solo de los cuatro cortometrajes que también integran su filmografía sino también de su labor como docente. "Para mí, recurrir a ella y no a la animación digital tiene mucho de posicionamiento político: es una reivindicación de lo artesanal frente a la tecnología, de los tiempos lentos y la materialidad de las cosas frente a un mundo acelerado que se evade de lo físico. En suma, es una forma de resistencia".

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