Opinión | La caja de resonancia
Oques Grasses: ansiedad, catalanidad, ‘FOMO’ y algo más
Sus cuatro conciertos en el Estadi generan mucha conversación sobre el fenómeno social, la angustia colectiva por conseguir entradas, los récords..., olvidando el lugar de dónde todo parte: las canciones, con letras que muchos fans llegan a tatuarse

El cantante de Oques Grasses, Josep Montero, durante un concierto en el Palau Sant Jordi. / FERRAN SENDRA
El modo en que Oques Grasses van sumando noches en el Estadi Olímpic (dos y otras dos que pone a la venta este lunes, apuntando a igualar la marca de Coldplay en 2023) espolea la conversación en torno al ‘FOMO’, ese efecto que te hace sentirte un desgraciado si no estás allí donde hay que estar. Parece claro que esa clave flota en todo ello: hoy el macroconcierto es un lugar al que se va para celebrar que existes y que estás en el lugar correcto, y la gratificación no pasa tanto por hacer algo que te incumbe solo a ti sino por sumarte a aquello que hace un montón de gente.
Pero si nos quedamos en eso tratamos la música como una simple excusa o telón de fondo, cuando la naturaleza de las melodías, ritmos y estrofas está en el núcleo de la cuestión. Estos días, en torno a Oques Grasses, se habla de fenómeno, de ansiedad colectiva, de récords, y poco de música, pero hablamos de un grupo que ha conectado con muchos oyentes uno a uno, por un carril emocional e íntimo. Ellos encarnan la suma de dos sujetos con gran tradición en la música catalana, el cantautor (Josep Montero, poeta iluminado) y la orquesta de baile y verbena (puesta al día con electrónica, reguetón y dembow, y muy fina: ejecutada por una tropa de músicos cualificada en la Esmuc).
Y esos textos salpicados por sentencias ocurrentes, portadoras de una filosofía de vida sencilla, idealista, melancólica de una sociedad más pura, celebrativa del presente contra los elementos, con una pizca de humor delirante y desdramatizador. Frases que muchos seguidores se han tatuado en brazos, muslos, cuello, tobillos, tórax, culos... Oques Grasses pidieron hace tiempo en Twitter fotos de esos ‘tattoos’ líricos, y la respuesta fue apabullante. “Porto l’estiu a dins per si t’agafa fred”, “Si la vida és un incendi, cantarem sota la pluja”, “Quina alegría, el rotllo d’existir”, “Una part de tu em floreix a dins”, “Fem-ho fàcil”, “Entre el miracle i el desastre, és on vivim”, “Torno a ser jo”, “Portes la vida als ulls”. Y muchos más.
También la exaltación de la catalanidad está en la ecuación: participar de la gesta de un grupo que llena tantos estadios o más que Coldplay o Springsteen, demostrar que en catalán sí se puede (en un momento en que se percibe una angustia por el futuro de la lengua). Pero eso, Oques Grasses no lo fomentan. Apenas dan entrevistas, no juegan a la épica ni a la conquista de mercados, y se diría que su éxito aparatoso se produce a pesar de ellos. Las canciones, amigos, ahí está el origen de todo.
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