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Opinión | Política y moda

Cómo detestar o encumbrar todo lo que haga Pedro Sánchez: de las gafas a la guayabera

La comparecencia de Pedro Sánchez en la comisión del Caso Koldo en el Senado.

La comparecencia de Pedro Sánchez en la comisión del Caso Koldo en el Senado. / Eduardo Parra / Europa Press

Parece que con el presidente español no hay término medio. O lo quieres o lo odias y, en función de ello, o lo idolatras o lo detestas. Con dicha actitud, que Pedro Sánchez escogiera lucir por primera vez en público unas gafas de ver para su declaración en la comisión de investigación sobre corrupción del PSOE, generó tantos reproches como alabanzas. Para unos, las lentes sólo eran un objeto de distracción y para otros, el nuevo accesorio de culto en su ídolo.

Sin embargo, premeditado o no, aquel precioso modelo vintage de Dior era una excelente estrategia estética. Al eclipsar con la imagen, logras que no se hable de aquello que incomoda o no conviene en ese momento. Es decir, sus detractores deberían reconocer su brillantez comunicativa y sus fieles, entender que tampoco estamos hablando de San Pedro…

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo'.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo'. / Eduardo Parra - Europa Press

Sin embargo, esta semana hemos vuelto a experimentar la misma reacción ante la guayabera que Pedro Sánchez se enfundó en Colombia. Y no sólo me refiero a los comentarios en RRSS, sino de lo publicado y recogido en distintos medios de comunicación. Según la cuerda del medio en cuestión, se le afeaba o aplaudía el gesto. La derecha mediática repitió hasta la saciedad la misma crítica de una supuesta experta que declaraba que Sánchez había hecho “el ridículo” por no lucir bien la prenda.

Según esta, la guayabera del presidente era demasiado corta. Habitualmente, en el hombre, este tipo de camisa suele sobresalir dos dedos por debajo de la muñeca con el brazo relajado. Y si bien es cierto que la del español iba a ras del puño, los únicos requisitos reglamentarios en cuestión de medidas para la guayabera es que se alargue por debajo de la cintura (aunque nunca muy allá de la cadera) y sea de manga larga. El socialista cumplía ambas condiciones, pero sus adversarios necesitaron tirar de invenciones estilísticas para atacarlo…

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, participan en la CELAC-UE, en Santa Marta (Colombia)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, participan en la CELAC-UE, en Santa Marta (Colombia) / Pool Moncloa/Fernando Calvo / Pool Moncloa/Fernando Calvo

De igual modo, también han pretendido calificar la elección del presidente como una nueva estrategia indumentaria para hacerse ver. Según su parecer, el hecho de que Sánchez no la luciera en Brasil para la cumbre del clima pero sí, a continuación, en Colombia es motivo suficiente de sospecha. Sin embargo, como se pudo comprobar en la foto de familia de CELAC, otros asistentes coincidieron en la elección de la guayabera (incluido Gustavo Petro, anfitrión del evento). 

Pese a su raíz campesina, la guayabera se convirtió en pieza de etiqueta y formal para ceremonias solemnes en los países caribeños. Su origen es confuso, pero se cree que la guayabera nació en Cuba en el s.XVIII gracias a familias andaluzas y canarias que adaptaron sus ropas de trabajo al calor y humedad del nuevo territorio. De hecho, desde 2010, es el uniforme oficial y obligado para todos los funcionarios cubanos, tanto hombres como mujeres. Fue gracias a una guayabera que Fidel Castro se liberó por primera vez de su sempiterna guerrera verde oliva. La vistió —con gran elegancia, por cierto— con motivo de una cumbre Iberoamericana celebrada en 1994 (casualmente, también) en Colombia…   

Al revolucionario, la recomendación estilística se la dio Gabriel García Márquez. Muy dado al activismo estético, el escritor las lucía (defendía) continuamente. Sin embargo, cuando estos días los medios progres se apresuraban en justificar a toda prisa la prenda de Sánchez, muchos han cometido la torpeza de asegurar que Gabo se la enfundó incluso para recoger el Premio Nobel de Literatura. Aquel día García Márquez no escogió una guayabera “cubana” para sustituir la imposición oligárquica del frac, sino que apostó por un liquiliqui (traje de lino blanco) colombiano

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