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La 'reina del grimdark'

Anna Smith Spark: feminismo en el género fantástico más violento y machirulo

La autora de fantasía oscura presenta su primer título traducido en España, 'La corte de los cuchillos rotos'

Anna Smith Spark, en el Festival 42 de BaRCELONA

Anna Smith Spark, en el Festival 42 de BaRCELONA / Pep Herrero / Icub

Ernest Alós

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Entre los diversos subgéneros de la fantasía, el ‘grimdark’ nació con el ADN más machito del lugar. Violencia, cero romanticismo, antihéroes peludos, grasientos y llenos de cicatrices y huesos rotos. Aunque progresivamente haya evolucionado hacia la inclusión de personajes femeninos en primera línea de batalla, no siempre resultan muy creíbles. Es algo que aspira a combatir Anna Smith Spark, la llamada ‘reina del grimdark’ (fue un amigo suyo, reconoce, quien le hizo el favor de bautizarla así en la crítica del libro publicado en 2017, ‘La corte de los cuchillos rotos’, que ahora publica por primera vez en castellano Oz Editorial).

“No hay muchas mujeres escribiendo ‘grimdark’, aunque cada vez más. Este libro, el primero de la serie ‘Empires of dust’, empieza con las habituales convenciones de la fantasía oscura, con muchos hombres y un personaje femenino muy tradicional, que atrae el interés amoroso del héroe, que puede ser más aguerrido pero no deja de ser eso. Pero ella, Thalia, pasa a ser narradora, a romper la cuarta pared, en los dos siguientes libros”, explica la escritora durante su visita a Barcelona por el Festival 42.

El ‘grimdark’, por supuesto, habla de violencia. “Es algo que ya estaba presente en la fantasía heroicay épica tradicional. ¿Porque qué hubiese pasado si en ‘El señor de los Anillos’ se hubiesen sentado con Sauron y Saruman para pactar un acuerdo de paz? Sería bastante aburrido. No se trata de ver triunfar al bien, sino de verlo luchar y vencer. Hasta en la novela negra se suele acabar con el asesino muerto a tiros, no llevado a juicio”, repasa. Pero el ‘grimdark’ más digno habla más bien de las consecuencias. Dolor, cicatrices y más estrés postraumático que desfiles de triunfo. “Sí, y para mí, como feminista, mi papel es señalar que la violencia siempre es negativa. Mi libro intenta ser sombrío y realista porque señala que la violencia es terrible incluso en nombre del bien, no es heroica, es oscura”, explica.

“El género ‘grimdark’ -añade- es radical porque, en lugar de la narrativa tradicional del bien contra el mal, muestra el dolor, el sufrimiento y los horrores. Que muere gente, no orcos, zombis o robots. En lugar de deshumanizar al enemigo, destacas que las víctimas sufren, mueren, alguien está devastado por su pérdida y has matado algo que podía contener amor y belleza. Que incluso si la victoria vale la pena, lo cual no suele ser el caso, el coste sigue siendo inmenso”. Aunque la fascinación siga por la violencia siga y justifica gran parte del éxito de esta narrativa. “El primer capítulo, en particular, es intensamente homoerótico; la gente sucumbe al placer de disfrutar de la violencia, quería mostrar ese erotismo de la violencia y esa atracción por ella. Somos criaturas que disfrutamos de la violencia”, lamenta.

Anna Smith Spark dice beber de la poesía pero también, y mucho, del cine bélico y de los libros de no ficción militar. Y de la correspondencia y relatos orales de soldados reales: pasa un buen rato rememorando la experiencia de los soldados de las guerras napoleónicas formados y en pie mientras las balas de cañón reventaban las cabezas y arrancaban las piernas de los hombres que los rodeaban. “Intentar imaginar cómo debió ser pasar por eso y no huir gritando y volverse locos, es realmente asombroso”

Si la novela ‘grimdark’ ha considerado que ponerse al día en cuestión de género implica simplemente que haya mujeres que maldigan, maten y huelan igual de mal que los hombres, Anna Smith Spark se plantea que no se trata solo de actuar como las doncellas guerreras de los romances pero a lo bestia. “Algo que es muy importante para mí -añade- es hablar de la vida doméstica, hablar de padres e hijos… escribí este libro mientras mi hijo pequeño dormía en su cochecito, y cuando lloraba interrumpía una escena donde estaba haciendo una descripción muy gráfica de violencia. Además tengo una condición… dispraxia, es decir, que soy muy torpe físicamente. Si de verdad viviera en mis libros, estaría muerta a la segunda línea”.

Así que (es doctora en historia clásica) prefiere ponerse en otra tesitura: la de preguntarse, por ejemplo, cómo pensarían de verdad las mujeres de la Grecia clásica. “Como la Andrómaca de la Ilíada que despide a Héctor con su hijo en los brazos. El lector sabe que ella será esclavizada, su hijo Astianacte será arrojado desde lo alto de una torre y Héctor morirá. Y en su última despedida, Héctor lo que hace es desear que su hijo cuando sea grande sea guerrero, es decir, que sea él el que esclavice mujeres y arroje bebés desde lo alto de un muro. ¿Pero Andrómaca, qué pensaba de verdad? ¿Qué siente la mujer al respecto? Así que intento escribir sobre ese tipo de cosas”.

En otras obras aún lejos de ser traducidas en España, Anna Smith Spark bucea en el mundo del folclore fantástico británico, al que la introdujo su padre. “Lo que realmente le interesaba era lo extraño. Hay muchas tradiciones populares extrañas en Gran Bretaña, y nadie está seguro de si son creaciones victorianas o si son muy antiguas. Como Gran Bretaña fue el primer país en industrializarse, tuvo una desconexión mucho más extrema con su pasado agrícola. Existe una fuerte sospecha de que en la era victoriana se creó una gran cantidad de tradiciones folclóricas, probablemente basadas en modelos europeos continentales, para compensar la gran cantidad de cosas que se habían perdido. Pero al mismo tiempo existen contraargumentos que defienden que se tratan de tradiciones realmente antiguas, prerromanas. Son como dos realidades totalmente separadas, pero que coexisten perfectamente. Yo elijo creer en la idea de que son tradiciones antiguas, aunque sepa que no es cierto. La fantasía -concluye- se basa en escribir sobre ese tipo de romanticismo del campo y de una forma de vida que, de alguna manera, era mejor, pero que se perdió”.

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