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Autobiografía

El hijo de Pablo Escobar evoca su violenta infancia en un cómic: "Yo conciencio, Netflix glorifica"

Juan Pablo Escobar regresa con 'Una educación criminal' a la década de los 80, cuando los esbirros y sicarios de su padre eran también sus niñeras

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Juan Pablo Escobar posa con un ejemplar de 'Una educación criminal'

Juan Pablo Escobar posa con un ejemplar de 'Una educación criminal' / Sandra Román / Video Atlas News

David Morán

David Morán

Barcelona
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Cuando era un crío, Juan Pablo Escobar (Medellín, 1977) no tenía niñeras, sino esbirros: sangrientos sicarios que le leían cuentos, lo llevaban al colegio mientras a su alrededor llovían balas y granadas y, en un descuido fatal, se reventaban la sesera limpiando la pistola. Una infancia demencialmente atípica pero un lunes cualquiera en la oficina para el hijo del narcotraficante y rey de la cocaína, Pablo Escobar. "Todos los días se nos caía alguien. Morían o los mataban. Fue una masacre. Es increíble la cantidad de muertos que dejó todo esto", evoca el colombiano.

A su alrededor, asesinos despiadados con nómina de 'nanny' y simpáticos apodos como Gatillo o el Poeta. "Con Gatillo hubo auténtica hermandad: tanta violencia, tantas veces que me salvó la vida... Al final se crea un lazo familiar", asegura a propósito de uno de los secundarios con frase (y nombre ficticio) de 'Una educación criminal' (Norma), cómic en el que reconstruye su atípica niñez con la ayuda del guionista Pablo Martín Farina y el dibujante Alberto Madrigal. El cómic, apunta, le permitió "conectar con la infancia" y recordar entre viñetas que quienes le llevaban a tomar un helado o a la escuela "eran los mismos que participaban en las más horribles atrocidades para defender el todopoderoso imperio de la droga". "Es una maduración sobre la historia personal, sobre las víctimas", enfatiza.

BARCELONA. 12 DE NOVIEMBRE DEL 2025. PHOTOCALL Y RUEDA DE PRENSA DEL CÓMIC AUTOBIOGRÁFICO DE JUAN PABLO ESCOBAR, HIJO DE NARCO PABLO ESCOBAR EN NORMA CÓMICS. FOTOS DE SANDRA ROMAN

Ejemplares del cómic autobiográfico de Juan Pablo Escobar / Sandra Román

No es la primera vez que Juan Pablo Escobar ajusta cuentas con la historia familiar -ahí están, sin ir más lejos, los libros 'Pecados de mi padre' y 'Pablo Escobar in fraganti', y el documental 'Pablo Escobar, mi padre'-, pero aquí el protagonista, subraya, no es el primer gran capo de la droga de Colombia, sino él: el chaval de 12 años que vivía rodeado de bandoleros, delincuentes y "niñeras asesinas". "Mi padre brilla por su ausencia. Es una respuesta al hartazgo que puede haber hacia alguien que genera más noticias ahora que cuando estaba vivo matando gente", explica el escritor, conferenciante y concienzudo pacifista.

Escobar, padre y bandido

En realidad, Escobar padre sí aparece, pero solo al final, como coda a una historia de violencia e inocencia interrumpida con la que su hijo, de apellido actual Marroquín, no intenta componer "una oda a la sangre", sino reflejar las experiencias que vivió en la década de los 80. "Siendo hijo de quien era, no tenía la oportunidad de soñar. Cada día que he vivido es otro milagro más. No es sencillo atreverse a contar cuánta sangre has visto cuando hay tantos prejuicios y tantas víctimas", resume.

Ser hijo de quien era, además, implicaba un complejo 'tetris' emocional y logístico que, asegura ahora, sobrellevaba como podía. "Mi padre vivió diez años en la clandestinidad, así que no estaba en mi día a día, pero estaba muy presente. Me escribía semanalmente o me enviaba un casete con su voz grabada", explica. Si ya cuesta imaginar al responsable directo o indirecto de cerca de 4.000 muertes enviando mensajes cariñosos a su hijo, más difícil aún resulta pensar en él impartiendo educación para la ciudadanía. "Era el papá y el bandido. No era el mejor ejemplo de nada, pero me educaba en valores. ¡Cómo no escuchar a alguien como Escobar cuando te dice que seas valiente y le digas no a la cocaína, porque es un veneno!", explica.

Una página de 'Escobar, una educación criminal'

Una página de 'Escobar, una educación criminal' / NORMA

Con todo, el también impulsor de 'Virtus', un juego de realidad virtual que permite a los jóvenes simular las consecuencias de sus pésimas decisiones, insiste en que de ningún modo busca celebrar ni reivindicar el legado paterno. Al contrario. "Yo conciencio, Netflix glorifica. Veo a jóvenes tatuados con la cara de mi padre creyendo que la suya es una historia de éxito y yo me dedico a desactivar ese mito", asegura.

Cualquier cosa, dice, con tal de devolver un chispazo de normalidad a un país que, asegura, sigue carcomido por las drogas y el narcotráfico. "La de Colombia es una historia triste. No hemos podido superar la época del narcotráfico y ninguna estrategia ha surtido el efecto deseado. Es un problema de salud pública que se quiere combatir militarmente y ahora ya no hay cárteles, sino que hay que hablar de corporaciones. Es una guerra que nadie ha ganado ni nadie ganará", lamenta.

Millonario a los 10 años

En la contraportada de 'Una educación criminal' se destaca que, a la tierna edad de 10 años, Juan Pablo Escobar ya tenía diez motos, un coche y un apartamento. "Fui millonario, pero no me hizo feliz", asegura. Ni siquiera el circo privado de su padre o los sacos de billetes que se amontonaban aquí y allá conseguían levantar el ánimo del joven Juan Pablo. "Tienes millones, pero no eres libre. Podrías comprar todos los supermercados de la ciudad, pero como tienes que estar escondido, no tienes qué comer", ilustra. De todo aquella borrachera de lujo y extravagancia, un mundo desaparecido del que, asegura, "no quedó nada", sacó Escobar Jr. una férrea concepción del bien y el mal. "Me generó una marca que yo utilizo para mantenerme dentro de la legalidad y no dejarme tentar", asegura.

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