Crítica musical
Emoción con la 'Segunda' de Mahler de la Franz Schubert Filharmonia
La orquesta catalana celebró su 20º aniversario con la ‘Sinfonía Resurrección’ interpretada junto a la a la Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y al Coro Nacional de Colombia

'Segunda' de Mahler de la Franz Schubert Filharmonia / Marti E.Berenguer

Con la ‘Sinfonía Nº 2 en Do menor, Auferstehung’ (‘Resurrección’)’, de Mahler, la Franz Schubert Filharmonia está celebrando dos décadas de vida. Junto a la Sinfónica Simón Bolívar, la orquesta catalana arrancó en el Palau de la Música una gira que también la llevará a Madrid y Lleida, además de su habitual compromiso en su sede de Tarragona. A ambas orquestas se les unió el Coro Nacional de Colombia y las voces de la soprano Katja Maderer y de la mezzo Martina Baroni, todos bajo la batuta del director musical y artístico de la Franz Schubert Filharmonia, Tomàs Grau.
Asumir una obra tan inmensa, que requiere más de un centenar de instrumentistas y una masa coral eficaz y bien equilibrada, es todo un reto que la orquesta catalana con una versión emocionante, generosa en decibelios, pero también en lirismo. Tomás Grau se encargó de que su público consiguiera conectar con una obra maestra que este mismo año la han dirigido en Barcelona maestros connotados y consagrados como Currentzis o Harding. El enfoque de Grau pasó por extremar adecuadamente los contrastes, consiguiendo de unos músicos entusiastas un sonido muy expresivo, con una cuerda aguda más metálica que aterciopelada, una madera muy presente y unos metales en su punto; no era tarea fácil amalgamar el sonido dos agrupaciones orquestales unidas en un proyecto aislado, pero el resultado de la acción de conjunto fue casi siempre sorprendentemente satisfactorio.
En ‘Totenfeier’, el ‘Allegro Maestoso’ con el que arranca la obra, hubo suficiente trabajo en el fraseo de las diferentes voces consiguiendo un tono oscuro y marcial. Tras una pequeña pausa, el 'Andante moderato' mostró más las costuras con pequeñas imprecisiones en las entradas, y tras el simpático tercer movimiento llegó ‘Urlicht’, el maravilloso ‘Lieder’ del ciclo ‘Des Knaben Wunderhorn’ (‘El cuerno maravilloso del muchacho’) poniendo su punto de inflexión en la obra en la soberbia voz de Martina Baroni, con un saber decir delicado y rotundo.
El Coro Nacional de Colombia se lució en el grandioso movimiento final, ‘Im Tempo des Scherzos’, prueba de fuego que transcurrió sin sobresaltos (internos incluidos) en su montaña rusa de emociones con las correctas intervenciones de la soprano Katja Maderer, de excelente proyección, completando así una velada con mucho de reto superado.
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