Barcelona en 1849
Xavier Theros: "Abusar de las obreras era una práctica habitual de amos y jefes. La fábrica del Cànem era llamada 'Can Esgarriadones'"
'La Verge de la Punyalada', tercera novela protagonizada por el dipsómano capitán Llampades, transcurre en los albores de la industrialización de Sants

Xavier Theros, en Sants, esta semana / Zowy Voeten

Xavier Theros resta importancia a la labor de documentación realizada para escribir 'La Verge de la Punyalada' (La Campana), tercera novela protagonizada por el capitán Llampades. "Si escribes ahora una novela histórica de los últimos 200 o 300 años y no la documentas bien es porque eres un vago -dice-. Las hemerotecas digitales son algo maravilloso y casi todos los barrios de Barcelona tienen un archivo histórico; el de Sants es una fuente inagotable de información. Además, soy la cuarta generación de mi familia que vive en Sants, con lo cual tengo una memoria oral. De niño, a las seis o las siete de la mañana me despertaban las sirenas de las fábricas".
De todos modos, son muy remarcables el detallismo y el vigor de la reconstrucción que Theros hace de la Barcelona aún amurallada y el municipio de Sants, naciente polo industrial, de 1849, año en que se sitúa 'La Verge de la Punyalada'. "En Barcelona, las primeras industrias modernas se instalaron en el Raval a principios del siglo XIX -cuenta el autor-. Pero esa zona se empezó a poblar y las industrias causaban problemas de insalubridad y, sobre todo, muchos incendios. Las cererías, una industria muy típica, ardían solo con mirarlas. El ayuntamiento prohibió la instalación de nuevas industrias en el Raval y como Sants tenía fama de tener buen clima y abundaba el agua, nos tocó el premio de la industria que no quería Barcelona". Entre Barcelona y Sants se desplegaba Sant Antoni, un "inmenso barrio de barracas que no desapareció hasta la Exposición Universal de 1929" y cuyos habitantes se dedicaban en su mayor parte a "reciclar la basura que generaba Barcelona en abono para los payeses de La Bordeta y de Les Hortes de Sant Bertran, y en alimento para cerdos".
Timbas y luditas
Con estos paisajes y sus paisanajes se entrelaza la nueva peripecia del dipsómano Llampades, ahora guardia municipal de Sants. En su investigación del intento de asesinato del propietario de una fábrica de cerillas y el asesinato de su hijo, un crápula, conocerá timbas distinguidas, reñideros de gallos, una siniestra cofradía de jugadores, obreras en huelga, una agencia de matones, una sociedad secreta de luditas, el trabajo infantil, una abortista y hasta un espíritu.
El motivo de las huelguistas no es que amos y jefes se crean con derecho a abusar de ellas. "En la Rambla del Poblenou hay una plaza dedicada a las mujeres del Cànem, una fábrica de cáñamo donde casi solo había obreras -relata Theros-. La llamaban 'Can Esgarriadones' (descarriamujeres) porque los encargados no las contrataban si no se iban a la cama con ellos. No era un caso puntual sino una práctica habitual".
Olvidadas
En la primera mitad del siglo XIX, prosigue el escritor, el trabajo industrial fue "básicamente una historia de mujeres, y las huelgas y las revueltas, también". "Hay estadillos de fábricas en los que el 70% de los trabajadores son mujeres -añade-. Eran mano de obra más barata que los hombres. Lo que pasa es que cuando el movimiento obrero se empezó a construir a partir de los textos de Marx y del anarquismo, se olvidó de eso".
Otro tanto sucedió con los luditas. "Curiosamente, vuelven a estar de moda -señala el autor de 'La Sisena Flota a Barcelona'-. Su percepción de que las máquinas iban a dejar sin trabajo a las personas es como la percepción actual de lo que puede pasar con la inteligencia artificial".
'Hooliganismo' en el teatro
Los altercados entre incondicionales del Teatre Principal (antes Teatre de la Santa Creu, durante tres siglos el único teatro de Barcelona, conservador y eclesiástico, para resumir) e incondicionales del nuevo Liceu (impulsado por liberales progesistas, también para resumir) quedan reflejados en las páginas de 'La Verge de la Punyalada'. "Había un enfrentamiento político entre ambos teatros, situados a poca distancia en la Rambla -expone Theros-. Pero lo que más había era 'hooliganismo'. Hay que entender que la ópera era lo que hoy es el fútbol. Aun no tenía la pátina aristocrática que tendría. Iba todo el mundo. Donizetti y Verdi eran músicos de moda, como Rosalía hoy. Los que se enfrentaban a hostias y a palazos en la Rambla a la salida de sus respectivos teatros eran los jóvenes 'hooligans' de ambos bandos".
¿Bullangas? Más bien, revueltas
A Theros le gusta la primera mitad del siglo XIX en Bacelona porque todavía está poco trillada, cuando es "un periodo interesantísimo" en el que la capital catalana aún "no es una ciudad buguesa" y en el que "pasaban cosas increíbles". "En menos de diez años creo que hubo nueve bullangas -desarrolla-. Llamar bullangas a lo que eran revueltas armadas que siempre acababan con enfrentamientos con el Ejército y muertos, y en las que se quemaban iglesias, fábricas y otros edificios, ya te muestra la intención de la ciudad de que quedaran como una especie de verbenas populares. Si esto hubiera pasado en Nueva York, tendríamos un 'Gangs of New York' cada dos por tres".
A Llampades dedica Theros cariñosas palabras: "Es un antidetective. No tiene ninguna habilidad para hacer el trabajo que hace, es un completo negado. Él lo que quiere es beber y que no le toquen las narices. Es un señor que tiene una monomanía: el alcohol. Me resulta atractivo meterlo en aventuras digamos policiacas en las que siempre es el último en enterarse de lo que pasa".
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