Figura de culto
Laurie Anderson, elevada al cuadrado, en un cautivador concierto en el Auditori
La artista estadounidense brindó un espectáculo audaz y poético, dando un renovado tratamiento a sus canciones clásicas, arropada por septeto de vanguardia, en el Festival de Jazz de Barcelona

Concierto de Laurie Anderson en L’Auditori de Barcelona, dentro de su gira internacional / Zowy Voeten / EPC

Hay que celebrar que Laurie Anderson haya dejado reposar las ‘performances’ puramente conceptuales y recupere su faceta más musical en el escenario. Sigue siendo una artista rompedora, esta vez dejando que sus composiciones cobren relieves distintos, con agudos tratamientos a cargo de un septeto de instrumentistas de vanguardia y jazz, Sexmob, salido del entorno de la neoyorkina Knitting Factory.
Con todo, el concierto de este lunes en el Auditori (Festival de Jazz), titulado ‘x²’, fue también un espectáculo con su envoltorio de video y su narrativa. La voz de Anderson, dulce y sigilosa, condujo un temario que desde el principio deslizó derivadas políticas, con menciones al filósofo y activista afroamericano Cornel West y a la monja budista Pema Chödrön, y una declaración de alivio: “Somos de Nueva York y tenemos un nuevo alcalde”.

Concierto de Laurie Anderson en L’Auditori de Barcelona, dentro de su gira internacional / Zowy Voeten / EPC
Siempre hay mucho discurso en lo suyo, pero esta vez había miga musical viscosa, intrigante y colectiva, que condujo sus clásicos a nuevos planos. ‘Big science’, pieza sobre la fe en el progreso tecnológico, combinó sus capas de sintetizador con las interferencias de los tres metales y dos violines. En ‘Language is a virus’, inspirada en una frase de William S. Burroughs, que alerta del poder de las palabras para delimitar nuestro comportamiento, la cadencia rítmica adoptó un tenue ‘groove’ jamaicano sustentado por una batería de lujo, la de Kenny Wollesen. La insinuación de un reggae ralentizado se manifestó en otros momentos, como en ‘Bodies in motion’ y en ‘It’s not the bullet that kills you, it’s the hole’, una de sus composiciones más antiguas, que publicó en un ‘single’ en 1977.
Anderson esparció su poder hipnótico y se diría que el Auditori flotaba en una burbuja a medida que ella compartía suavemente las locas memorias de hipotéticos ancestros suecos en ‘The story of grandfather Axel Anderson’, con su violín eléctrico, y que llevaba ‘Dirty boulevard’, pieza rockera del que fuera su marido, Lou Reed, a un plano deconstruido y lunar (y ‘Junior dad’, de su disco con Metallica y con su voz pregrabada). Consumó así una sesión bella e intelectual, poética y musicalmente aventurada, cantando, hablando, procesando su voz con ‘vocoder’, señalando partes de su cuerpo para imprimir acentos rítmicos… y, en el bis, animando al público a imitar sus movimientos de tai chi, en una escena que Reed, el maestro de arte marcial, observaría complacido.
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