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Musical

Crítica de teatro: 'Tootsie', o cómo travestir la nostalgia de modernidad

Una escena del musical 'Tootsie'.

Una escena del musical 'Tootsie'. / Teatre Apolo

Manuel Pérez i Muñoz

Manuel Pérez i Muñoz

Barcelona
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En el reino del gran musical casi nunca se salta sin red y se suele apostar por el caballo ganador de la nostalgia. La fiebre 'revival' contagia ahora a 'Tootsie', la popular comedia de Sydney Pollack que en 1982 convirtió a Dustin Hoffman en un icono pop travestido. El filme regresa ahora en forma de "'sitcom' musical" en el Teatre Apolo. Bernabé Rico dirige y adapta la premiada versión de Broadway de 2019, con libreto de Robert Horn y música de David Yazbek. La comedia de enredos ha crecido hacia una sátira blanca sobre el oficio actoral, con una necesaria evolución de las cuestiones de género.

Se repite la historia: brillante pero fracasado a causa de su egocentrismo, el actor Michael Dorsey se convierte en Dorothy Michaels para conseguir un papel. Rizando el rizo, la telenovela que ambientaba el argumento original se transforma en un delirante montaje basado en 'Romeo y Julieta'. Del melodrama televisivo al teatro dentro del teatro, la farsa se vuelve más autoconsciente, casi un espejo deformante del propio género musical. Incluso las coreografías, efectivas y dinámicas, caen en los mismos estereotipos que pretenden ridiculizar.

Paradoja temporal, la acción transcurre en un Nueva York actual cuya estética remite al pasado, con cafés y apartamentos que parecen sacados de un capítulo de 'Friends'. Todo tiene el aire retro e ingenuo de una 'sitcom' de los noventa, con decorados modulares que giran para transformarse en platós baratos y un tono de humor que oscila entre la parodia y el homenaje. En su necesaria actualización de las connotaciones “travestis”, se pasa de puntillas por los privilegios masculinos, y los roles hombre-mujer se reinterpretan con una mirada más 'woke' que en ningún caso busca la confrontación de ideas complejas. Nadie puede sentirse atacado.

La primera parte avanza con ritmo impecable, con cambios de escenario ágiles e imaginativos, pero el impulso se resiente en la segunda, cuando el enredo se vuelve más vodevil y el movimiento de los espacios pierde dinamismo. El gran protagonista Ivan Labanda debe deslumbrar en el papel principal, aunque el miércoles su 'cover', Ricky Mata, estuvo a la altura por su rico detalle emocional y la buena factura vocal. También Diana Roig brilló con su habitual solvencia, mientras que el resto del reparto se mueve en un tono menos realista, no del todo unificado. La orquesta, numerosa y bien equilibrada, aporta color y matices a una partitura algo reiterativa pero muy eficaz. En conjunto, 'Tootsie' es un musical bien calibrado para todos los públicos y, como resumían unas espectadoras, “estás con la sonrisa todo el rato”.

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