Crítica musical
Leiva paladea su sintonía con Barcelona exhibiendo poder e himnos en el Palau Sant Jordi
El cantante y guitarrista madrileño presentó ‘Gigante’ y recuperó éxitos pasados y de sus tiempos en Pereza arropado por una banda imponente en su primera actuación en el local olímpico tras 25 años de carrera

Concierto de Leiva en el Palau Sant Jordi / FERRAN SENDRA / EPC

Después de seis álbumes en solitario, más los cinco anteriores con Pereza, Leiva vive su momento, y lo hace invocando un imaginario ajeno a las modas (guitarreo rockero, baladismo a corazón abierto, fibra soul) y desplegando una literatura sufrida y llena de demonios con la que traba hondas afinidades. Se crece en directo, gracias a una banda poderosa y a la naturaleza de muchas de las canciones, propensas al estribillo fortalecedor y al himno.
Así fue este sábado en un Sant Jordi con las entradas agotadas desde junio, 17.000, según The Project. Más de la mitad del público ya ocupaba sus asientos cuando Sidonie brindó su pase de telonero. Fue un poco raro ver en ese rol a un grupo de esta trayectoria y calado, circunscrito a un ‘set’ de 30 minutos (siete canciones), pero la banda, admiradora del protagonista de la noche (“¡te queremos, Leiva!”), le sacó partido a golpe del más expeditivo power-pop. Limitó a un tema, ‘Sé’, las citas a su nuevo álbum, ‘Catalan graffiti’, el primero de su discografía en la lengua materna de Marc Ros (que sale el próximo viernes), y apostó por cartas seguras como la admirable ‘Carreteras infinitas’.

Concierto de Leiva en el Palau Sant Jordi / FERRAN SENDRA / EPC
El último álbum de Leiva se titula ‘Gigante’ y ese fue el espíritu de la noche: empaque sonoro y tonadas con ramalazos de ‘stadium rock’ (y ‘gags’ a lo E Street Band), como en la canción titular. La voz de Leiva no permite el rugido de Springsteen, pero es un instrumento creíble y, aupado por su banda extralarga y rodada, lo suyo resultó arrollador, tanto en los temas pretéritos (‘Sincericidio’, con su toque de metales) como en los nuevos, aun con sus préstamos más o menos obvios. ‘Ángulo muerto’, con esa literatura autodescriptiva, la podría haber cantado el último Sabina. Lo de ‘Shock y adrenalina’ y su ‘riff’ a lo ‘Sweet Jane’, de Lou Reed, es tan nítido que debe ser un homenaje. Pero le honra tomar como referencia a los buenos.
Leiva recordó cuando actuaba en “los pequeños clubs que hay por aquí”, y confesó su tembleque previo al Sant Jordi: “Hoy no he dormido y tengo diarrea”. Esta clase de confidencias unen mucho, y a partir de ahí, reforzada más si cabe la complicidad, todo fue definitivamente rodado. Hubo diversión rocanrolera (‘You never can tell’, de Chuck Berry) y un receso a solas con la guitarra acústica (‘Vis a vis’), en el que se respetó a rajatabla su petición de guardar los móviles.
Aunque su obra en solitario es la que ha engordado la bola de nieve, Leiva recurrió a los éxitos de su época en Pereza para asegurarse la crecida final: cuatro, incluidos ‘Lady Madrid’ y ‘Princesas’. Composiciones suyas, al fin y al cabo, con las que volvió a recordarnos que en 2025 hay espacio para una figura sin coartada ‘trendy’, un cantautor envuelto en el eco del rock’n’roll.
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