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Festival 42

Amal El-Mohtar, novelista, poeta y arpista: "Crecí siendo educada para que la gente no pensara que éramos árabes furiosos"

Amal El-Mohtar habla en el Festival 42 de la influencia del folclore británico en su último libro, 'El río tiene raíces', una historia de hermanas y amantes llegados del mundo de las hadas, y de su vida como canadiense nacida de padres libaneses exiliados

Amal El-Mohtar

Amal El-Mohtar / Manu Mitru

Ernest Alós

Ernest Alós

Barcelona
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Amal El-Mohtar (Ottawa, 1984) es poeta, novelista, columnista de narrativa fantástica en ‘The New York Review of Books’ y arpista. Hija de libaneses exiliados, con raíces cristianas maronitas y drusas, ha llegado al lector español a través de dos novelas breves, ‘Así se pierde la guerra del tiempo’ / ‘Així es perd la guerra del temps’ (Insólita / Mai Més), coescrita con Max Gladstone, y ‘El río tiene raíces’ / ‘El riu té arrels’ (Obscura / Mai Més). Una historia sobre dos hermanas y un amante llegado del ultramundo mágico basada en baladas y cuentos del folclore inglés, que ha presentado en el Festival 42 de Barcelona.

¿Cómo desarrolló ese interés por el folklore británico?

Nací en Canadá y aunque mis padres son libaneses, mi lengua materna es el árabe y viví allí de los 7 a los 9, he leído mucho más en inglés y francés. Y lo que tenía a mi alcance eran cuentos de hadas y folclore. Y estaba Disney, donde reconocía esos cuentos y además podía cantar las canciones con mi hermana. En realidad es triste, he sido colonizada dos veces: en Canadá por los británicos y en el Líbano por Francia. Mis padres se fueron jóvenes del Líbano, no recibí nada de mi herencia árabe a través de los cuentos. El arpa… la verdad es que lo que más me atraía era la música celta. Loreena McKennitt. Algo que mis padres agradecieron porque, a diferencia del violín, es imposible que el arpa suene mal.

A diferencia de los cuentos populares de los Grimm o Andersen, parece que el los cuentos británicos tiene mucho más peso ese mundo mágico más allá del real, al que se puede ir y volver.

Mi tesis doctoral era justo sobre las representaciones de hadas y otras criaturas sobrenaturales en la literatura británica de la época romántica. Quería ver cómo se relacionaban esas ideas sobre las hadas con su concepción de la nación. Y para el protestante racional e ilustrado, era parte de lo que no quería que formase parte de la historia de Gran Bretaña, eran algo de católicos, y había quien argumentaba que esas fantasías extravagantes procedían de Oriente Próximo a través de las Cruzadas. Otra corriente de pensamiento consideraba a las hadas como parte fundamental de la historia natural británica, precristiana. Unos lo veían como auténtico y original, otros como ajeno e invasivo. Quería escribir sobre el mundo de las hadas desde esa dualidad.

En 'Así se pierde la guerra del tiempo' viaja entre tiempos. En 'El río tiene raíces', entre el mundo real e imaginario.

Cuando pensamos en un mundo imaginario, siempre lo pensamos en relación con nosotros, pero también reconocemos que es opuesto. Todo eso me interesa mucho como persona que vive en la diáspora y que además creció en la frontera entre Québec y Ontario. Y luego viví en el Reino Unido, en Cornualles y en Escocia. Me gusta todo aquello que puede ser dos cosas a la vez, aunque parezcan opuestas. Y creo que el mundo de las hadas suele ser una forma de pensar en eso, una forma de pensar en la similitud y la diferencia, y en cómo pueden coexistir en los límites.

En su libro, esas dos hermanas viven muy vinculadas a un río. Y a través del cual fluye la gramática, que se convierte en una fuerza mágica.

Me encantan los ríos. Siempre he vivido cerca de un río. Transforman constantemente cualquier lugar, aunque nunca vi algo que me pareciera tan mágico como las rías de Cornualles que se quedan secas con la marea baja, un país donde hay palmeras pero cubiertas de hiedra y a veces de nieve, como si fuese un portal a otro lugar. También pensaba en una balada que tenía en mente. El libro es una reinterpretación de una balada llamada ‘La Hermana Cruel’ o ‘The Bonnie Swanns’, donde una hermana mata a otra ahogándola, y la hermana ahogada experimenta ciertas transformaciones. Pensaba en cómo quería reinterpretarla, y se me ocurrió que quizás el río es mágico, porque su origen está en el país de las hadas, que está lleno de magia. Se me ocurrieron montones de ideas para jugar con ello, algunas de las cuales no llegué a utilizar en el libro. ¿Y si la palabra fuese algo físico? ¿Que la gramática tuviese gramos? (Me gusta jugar con las palabras? ¿Que sean las lágrimas de las hadas cuando escuchan el canto humano?

¿Cuántas canciones o cuentos cita en este libro?

Muchísimas. Me encanta cantar canciones folclóricas y coleccionar diferentes versiones. Pero la que es más especial para mí es la canción que las hermanas cantan a los Profesores, dos sauces gemelos. Es una canción tradicional palestina, ‘Los dos sauces’. Es como una canción al viento del norte, una súplica para que lleve una carta a tu amado y cosas así. Pero se canta con una técnica que introduce sílabas sin sentido en la letra para fragmentar las palabras y que no se entiendan. Así los cantantes podían incluir mensajes secretos en las canciones.

Cuando aparece la sororidad en los cuentos infantiles, se habla al mismo tiempo de amor entre hermanas y de solidaridad femenina también, ¿no?

Siempre que he visto representaciones de hermanas en los medios, o en los cuentos, siempre están peleando, siempre son rivales, se quieren pero se enfrentan. Este nunca fue mi caso. Mi hermana es mi amiga más cercana. Y quería plasmar eso en una historia. Hay demasiados cuentos y canciones populares sobre hermanas que se traicionan y se odian. ¿Por qué? Solo quería que hubiera una historia donde simplemente se quisieran y se cuidaran mutuamente, aunque hubiera conflictos entre ellas.

Sus libros siempre son cortos. Quizá como poeta necesita esta condensación.

Hablo mucho y escribo poco. Y creo que la poesía tiene algo que ver con esa concisión. Mi abuelo era poeta, y revolucionario, quería un gobierno laico en el Líbano. El de mis abuelos fue uno de los primeros matrimonios interreligiosos en el país. Para mí, desde muy joven, era como una herencia y una responsabilidad. Pero escribiré algún libro más largo.

¿Cómo se siente al ver la reacción mundial ante lo que sucede en Palestina, incluso en lugares o sectores inesperados?

Me ha parecido increíble. Cuando era pequeña, mis padres nos llevaban a muchas manifestaciones para protestar por la violencia en Palestina, Líbano o Irak. Pero era algo que solo hacíamos nosotros, solo veía gente de nuestra comunidad, unos pocos centenares. No contaba con un gran apoyo, y mucho menos intercomunitario. Lo que me ha dejado alucinada es ir ahora a las protestas en Ottawa y ver a gente de tantos orígenes y países diferentes marchando por Palestina. De cualquier país que haya sido colonizado. Durante gran parte de mi vida, todas estas comunidades diferentes todo lo que sabían de sus vecinos de otro origen pasaba a través del prisma de los medios norteamericanos, por ese poder que se empeñaba en que no tuviéramos nada en común. Creo que mi vida ahora está más clara. En mi casa fuimos criados para que nos sintiéramos muy orgullosos de ser canadienses. Y para representar a nuestra comunidad manteniendo siempre la calma aunque dijesen cosas horribles sobre Oriente Próximo, para que la gente no pensara que éramos árabes furiosos, que no éramos una amenaza, para no asustar a la gente blanca. Me rompe el corazón que mis padres tuvieran que hacer eso porque eran emigrantes. Me rompe el corazón que eso sea lo que mis padres tuvieron que hacer porque eran inmigrantes. Ahora, ver a mi madre manifestándose en el Orgullo y a la comunidad queer manifestándose por Palestina… presenciar estas diferentes maneras de manifestar la solidaridad es maravilloso. En fin, ese es el lado positivo que saco de todo este horror. Y que antes aguantaba muchas tonterías. Ahora ya no.

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