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Lanzamiento celestial

'Lux', el nuevo disco de Rosalía, canción a canción: de la aparición de Daft Punk a los coros de su hermana Pili

La artista catalana publica este viernes 7 de noviembre su cuarto álbum

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Los secretos de 'Lux': cinco cosas que debes saber sobre el nuevo álbum de Rosalía

Los secretos de 'Lux': cinco cosas que debes saber sobre el nuevo álbum de Rosalía / Patricio Ortiz

Barcelona
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Un piano clásico abre el disco para introducirnos un dilema y acercarnos a la frontera entre lo terrenal y lo espiritual. "Quién pudiera vivir entre los dos; primero amaré al mundo, y luego amaré a Dios". En el primero, dice, "sexo, violencia y llantas". En el segundo, "destellos, palomas y santas". En el camino hasta esa segunda realidad establece su tándem de composición y producción con sus dos cómplices centrales del álbum, Dylan Wiggins y Noah Goldstein, ya partícipes de ‘Motomami’.

La textura frondosa aportada por la London Symphony Orchestra va cobrando forma a medida que Rosalía repasa el camino vital andado y lo que ha perdido viajando por el mundo. Mirando a sus orígenes, apunta: “Crecí y el descaro lo aprendí ahí por Barcelona”. Y añade: “Perdí mi lengua en París, mi tiempo en L. A.”, “un mal amor en Madrid”... La reliquia es su corazón, su pureza y su inocencia, que entrega sin cortapisas. "No soy una santa pero estoy blessed", estima. Los coros del Orfeó Català y la Escolania de Montserrat ahondan en el aura celestial de la canción, que al final se ve violentamente fracturada por un arreglo electrónico ‘glitch’ de signo caótico. Participa en la composición Guy-Manuel de Homem-Christo, de Daft Punk.

Rosalía canta en catalán (seis años después de ‘Milionària’) y se pone bíblica hablándonos de “la poma, que està prohibida” y apuntando que, para salvarte, tienes que mirarla “sense mossegar”. El estribillo, afilado y persistente, es en inglés. “A través de mi cuerpo puedes ver la luz”, repite sobre una poderosa dinámica de cuerdas y graves electrónicos en la que ha tomado parte, en las mezclas, Nigel Godrich, productor reconocido por sus trabajos con Radiohead como el clásico ‘OK Computer’ (1997).

Contrastes agudos, con violines esbeltos y engranajes siniestros, y Rosalía, cantando en latín (“yo soy la voz del mundo”) y en japonés (“renunciaré a mi belleza antes de que la arruines”). Una pieza convulsa, con un momento disruptivo de piano y una voz masculina sin acreditar, apuntando a un clímax en el que los coros angelicales se solapan con unas palmas flamencas. Carter Lang, productor de SZA, figura entre los siete coautores del tema.

La Rosalía políglota da otro paso en esta pieza cantada íntegramente en italiano. Una canción hipersensible en la que se dirige a la figura divina: “Eres el huracán más hermoso que jamás hayamos visto”, comienza, y en el estribillo afirma: “Mi Cristo llora diamante”. El piano da paso a la dinámica orquestal a medida que Rosalía va forzando su voz y alcanzando, en el clímax, agudos vertiginosos.

El primer sencillo de 'Lux', que tanto nos sorprendió, con su atronadora entrada y su propuesta lírica y orquestal. Una Rosalía torturada y minimizada ("sólo soy un terrón de azúcar"), con todos esos pensamientos intrusivos, salvada por una divinidad que tiene la voz de Björk, pero más tarde opacada por un diabólico Yves Tumor y su machacón "I’ll fuck you til’ you love me! [te follaré hasta que me quieras]".

Después de tanta tensión y solemnidad, es refrescante este rompedor vals cargado de puñaladas hacia un amor pasado, “rompecorazones nacional”, “’red flag’ andante” y otras delicadezas. Para cantarle las cuarenta, con tanta rabia como humor, Rosalía suma fuerzas con las voces de su hermana, Pili Vila, y sus amigos Albert Cusell y la fotógrafa y cineasta Carlota Guerrero, así como del grupo de música regional mexicana Yahritza y su Esencia. Una canción llena de subtexto que invita a la especulación sobre la identidad real de la tal ‘perla’.

Si alguien lo dudaba, el flamenco se filtra también en ‘Lux’. Y con fuerza, a través de la cita a 'Quisiera yo renegar', pieza tradicional asociada a La Niña de los Peines, que Rosalía transforma en un canto de anhelo por “un mundo nuevo” en el que pueda encontrar “más verdad”.

El hilo flamenco sigue ahí en esta pieza de atmósfera tensa, una de las más antiguas del álbum, que Rosalía ya interpretaba en la gira de 2018-19 y en cuya composición figuran El Guincho (mano derecha en ‘El mal querer’) y Pharrell Williams. Pieza muy breve (1’ 44’’) y vibrante, en la que cuela un verso en ucraniano: “No busco venganza / La venganza me busca a mí”.

Rosalía modula su voz, se adapta al ritmo galopante marcado por algo parecido a un contrabajo y se dirige a su alto interlocutor intercambiando el papel que suele asumir en la vida terrenal: “Detrás de ti voy, yo que siempre quiero que vengan a mí”. Estribillo con pegada, punteado por palmas flamencas y un salto de tonalidad final reforzado por la orquesta.

Comienza con unos pensamientos dolorosos ("¿cuántas peleas recuerdan las líneas de mis manos?") e incorpora giros de orquesta oriental, incluyendo una estrofa en árabe: “Por ti destrozaría los cielos / Por ti, demolería el infierno". Vertiginosa secuencia poética en el tramo final: “Yo no quepo en un haiku, y un haiku ocupa un país, y un país cabe en una astilla..” Termina con un audio de Patti Smith que está tomado de una entrevista de 1976 en la que hablaba de la canción ‘Break on through (to the other side)’, de The Doors.

Una de las tres canciones no incluidas en la versión del álbum para las plataformas de ‘streaming’, solo disponible en formatos físicos. Producción de tonalidades cósmicos y exóticos, otro juego de extremos entre la orquesta y la electrónica, en la que Rosalía alude a su boda rompiendo todo idealismo: “Quería ir de blanco y fue de violeta", “nadie tirará arroz al cielo”. Unas palmas conducen esta brillante pieza en la que la artista se muestra en paz y se reivindica libre ("nunca seré de tu propiedad; seré mía y de mi libertad"). Y más idiomas: aquí toca el siciliano.

Voz y piano en esta canción en la que Rosalía se despoja de todo lo material ("no quiero perlas ni caviar"), ya que solo necesita el amor divino. Una pieza de delicado ‘crescendo’ en el que insiste en una idea que repite durante el disco, la de un Dios con un "mi" delante, haciéndolo suyo y dando entender que cada uno puede encontrar la fe donde quiera. Toma parte en la autoría The Dream, estrecho cómplice de Beyoncé.

Canción inspirada en Juana de Arco, una de las santas a las que homenajea este álbum, en la que combina el castellano con el francés, y en la que participa como coautora Charlotte Gainsbourg. "No hay manera mejor de amar que aniquilarse", anuncia, y se proyecta al futuro, consciente de que “la vida es breve”, lista para despedirse y regresar. “No seré hombre, tampoco una mujer”. Es una de las canciones que no están disponibles en Spotify.

Otro giro: una divertida y angulosa pieza que empieza con un 'speech' teatral e irónico sobre una supuesta 'empresa de novias' "hechas para el placer del sexo opuesto". Hay acompañamiento sinfónico, pero también 'beats' electrónicos en esta canción que celebra haberse liberado del peso de las 'novias robot'. Tema, por cierto, con mención a la 'tradwife' RoRo, esa 'influencer' siempre dispuesta a cocinar para su novio los platos más alambicados en un plis plas. Esta canción solo está incluida en la versión física del disco (CD o vinilo).

Rosalía, en una rumba de fuertes ecos flamencos, para reconciliarse con ella (quien añore su perfil más enraizado) y para celebrar, con sus guitarras españoles, unos pegadizos “nainonainonás” y unos coros que dicen “toíto te lo perdono”. Dos voces de altura la acompañan, Estrella Morente y Sílvia Pérez Cruz.

Tras la fiesta, el recogimiento, apuntando hacia un clímax místico en el que Rosalía elige el ingrediente del sentimiento fadista. Rosalía lo comparte con la cantante portuguesa Carminho, cantando ambas en ese idioma e imprimiendo una melancólica severidad. "¿Aún te acuerdas de mí?", se pregunta. La pieza escala en el trayecto final, donde Rosalía llega a empequeñecerse frente a su ‘partenaire’, favoreciendo la emoción. Es el único texto del álbum que no firma Rosalía a solas, sino a medias con Carminho.

Un gran final, interiorista y purificador, como lo fue ‘Sakura’ en ‘Motomami’. Con aromas funerarios (ataúd y todo) y vistas al renacimiento espiritual. La Escolania de Montserrat y el Cor de Cambra de l’Orfeó Català, en castellano, la acompañan en esta ceremonia delicada y sobrenatural, diálogo directo con la trascendencia. “Dios desciende y yo asciendo. Nos encontramos en el medio”, dice, y concluye mirando a la bóveda celeste: "Yo que vengo de las estrellas / Hoy me convierto en polvo para volver con ellas".

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