Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Historia

La historia menos conocida de la habanera: cuando era un baile sensual que escandalizaba

Se hizo popular a mediados del siglo XIX en Madrid, a donde había llegado procedente de Sevilla y Cádiz, antes que en Cataluña

La Cantada de Calella de Palafrugell es hoy el gran escaparate: reunirá el próximo sábado, 5 de julio, a miles de personas

‘El meu avi’, esa canción tan malinterpretada

Fragmento del cuadro «Las habaneras» (1864), de Manuel Rodríguez de Guzmán.

Fragmento del cuadro «Las habaneras» (1864), de Manuel Rodríguez de Guzmán. / EL PRADO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Alfons Petit

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Cuando la habanera llegó a Cataluña, a mediados del siglo XIX, no la cantaban señores vestidos con camisetas de rayas acompañados con guitarras, ni la interpretaban los pescadores en las tabernas después de una jornada de duro trabajo en el mar, ni mucho menos reunía a miles de personas como las que se reunirán el próximo sábado, 5 de julio, en Calella de habaneras con casi sesenta años de historia que se ha convertido en una referencia de este género musical y también en la ceremonia de inauguración oficiosa del verano en la Costa Brava.

No, a mediados del siglo XIX, la habanera era un baile sensual, casi pecaminoso (una especie de lambada avant la lettre, vaya), que se había hecho popular en Madrid procedente de Sevilla y Cádiz, los puertos por los que habían llegado a la península aquellos ritmos originarios de Cuba y el Caribe que supondrían una revolución musical.

Esta historia poco conocida de la habanera la explican los musicólogos gerundenses Anna Costal, Joaquim Rabaseda y Joan Gay en el libro 'Las primeras habaneras en Cataluña', editado en 2023 por Rafael Dalmau, Editor, y que lleva como subtítulo «Imperialismo y sensualidad antes de Carmen». El trabajo es fruto de una larga investigación a raíz de un encargo de la Fundación Ernest Morató, con sede en Palafrugell y dedicada a la conservación, promoción y difusión de la habanera.

"Es una investigación musicológica sobre la habanera que no se había hecho", explica Joan Gay, uno de los autores. «Había recopilaciones y estudios sobre las habaneras, como los de Xavier Febrés, por ejemplo, pero ninguna investigación sistemática y documentada de los orígenes de la habanera y de su recepción en Catalunya», añade.

Partiendo de esta premisa, «el hilo que recorre todo el libro es la explicación de que la imagen estética y acústica que tenemos hoy en día de la habanera, con los cantantes, las guitarras y si se quiere las camisetas a rayas, no se corresponde con lo que era la habanera cuando llegó aquí, en el siglo XIX». Gay añade enseguida que «vamos con mucho cuidado a la hora de dejar claro que no queremos cuestionar nada sino simplemente explicar que lo que tenemos hoy, lo que se verá el sábado en Calella de Palafrugell, es la última versión de la habanera, fruto de unas fuentes concretas que Xavier Montsalvatge fija en la década de los 9 predecesores. Y eso está muy bien, pero si tiras 100 o 150 años atrás ves que la realidad de la habanera era otra muy distinta, y también su entorno y su difusión». Explicar esta realidad, este entorno y esta difusión de la habanera a partir de mediados del siglo XIX ha sido el objetivo de la investigación de Costal, Rabaseda y Gay, que a juicio de este último «lo que hace es enriquecer el conocimiento sobre la habanera con esta perspectiva de 150 años de historia».

De entrada, el origen de la habanera nada tiene que ver con la guerra y el desastre de Cuba, ni con la nostalgia de la colonia perdida: «La guerra de Cuba es de 1898 y cincuenta años ya se bailaban y cantaban habaneras». Y aquí hay un primer elemento muy significativo: «Inicialmente la habanera se bailaba, y se bailaba en pareja. Era un ritmo lento procedente de Cuba y del Caribe que llega la península por los puertos de Cádiz y Sevilla y que pronto tiene éxito en Madrid, porque lo que triunfaba hasta entonces como baile de pareja era el vals, que había roto con los llamados baile de figura y daba mucha libertad a los bailadores».

La habanera (también conocida en sus primeros tiempos como americana) añade a esta libertad de movimientos la calidez y el ritmo de la música caribeña. Esto gusta mucho a los bailadores, pero no tanto a según qué sectores de la sociedad: «Que las mulatas fueran sensuales e insinuantes estaba muy bien, pero que lo fueran las chicas del Empordà, no, y por eso hay muchos escritos y folletos críticos con la habanera, considerado un baile casi pecaminoso». En la contraportada del libro se puede leer que «su ritmo cadencioso intensificaba la intimidad de las parejas que se cogían para bailar en teatros, lonjas, salas de baile, carpas, plazas y calles. Por eso se asoció al pecado, a la transgresión social, a las actitudes rebeldes.

Desde 1860

Costal, Rabasesda y Gay han documentado la presencia de la habanera en Madrid, con noticias y partituras, a partir de 1860: «No quiere decir que no hubiera antes, sobre todo en Madrid, pero este dato rompe la imagen del origen de la habanera como canto de pescadores y lo sitúa como baile de moda en Madrid, donde se sitúa como baile de moda en Madrid, donde todos los productos coloniales, y la habanera no deja de ser un producto colonial más». De hecho, si arraiga tanto en Madrid y en el resto de España es precisamente por esta procedencia: «El vals estuvo de moda, pero venía de Europa, en cambio la habanera era española, porque Cuba no dejaba de ser una provincia de España. Y además era un baile moderno y cálido y tenía ritmo y tonadas atractivas. Todo lo necesario para que fuera un gran éxito».

El estallido de la habanera hace que proliferen los bailes y que también se empiecen a cantar (con letras que evocan el Caribe, sensuales y seductoras como la misma música) y se incorporen a las representaciones teatrales, haciéndose muy presentes sobre todo en la zarzuela: «Cualquiera la zarzuela, la espera de tener la espera. La habanera se difunde también a través de partituras que compran las familias acomodadas que tenían instrumentos (piano, sobre todo) en casa, y de folletos con las letras impresas que se utilizaban para cantar en las tabernas. El techo de esta popularidad llegará cuando la ópera Carmen incluye una habanera, precisamente para reforzar el carácter "español" de una acción ambientada en Andalucía.

Joan Gay apunta que la habanera se esparce de forma «multipista», porque también llegará un momento en que «tras la guerra de Cuba, los que volvían y habían aprendido las habaneras allí, las cantaban con nostalgia». La habanera se canta en las tabernas, se toca en las casas de la burguesía, se publica en «hojas que costaban un real y que vendían los ciegos por las calles de Barcelona», se canta en los escenarios de los teatros «y al día siguiente se publica la partitura...».

Llega el declive

Una de las intenciones del trabajo de Costal, Rabaseda y Gay es «poner de relieve que la habanera no es una pieza de museo, no está en una vitrina aislada de lo que sucede a su alrededor». Y precisamente porque la habanera está estrechamente relacionada con todo lo que le rodea, también le llega el momento del declive: «Aparecen otros ritmos y otros modos, y como la habanera era una música de moda, también pasa de moda, quedando el recuerdo que conservan sus pescadores, los taperos, los obreros de las fábricas que las fabricaban.

En las comarcas gerundenses, la habanera será sustituida en el interés popular por una música procedente de América: «A principios del siglo XX empiezan a llegar los primeros ritmos del jazz y de la música negra de América del Norte, y en todos los pueblos, incluso en los más pequeños, nacen orquestrinas de jazz, y la habanera queda atrás...».

Sólo se mantiene en aquellos reductos antes mencionados que mantienen su tradición oral: pescadores, cantos de taberna... Hasta que «en los primeros años del franquismo, Xavier Montsalvatge hace la primera recopilación en el Álbum de habaneras (1948), que parte de la memoria de la gente que hoy me recuerda evocadoras, nostálgicas, románticas, que hablan de la guerra que se ha terminado y de las despedidas....». Aquel Álbum, según Joan Gay, se convierte en la fuente de la que beben la mayoría de grupos de habaneras que surgen a partir de entonces y de los que han ido apareciendo hasta la fecha, y por tanto es también la fuente que nutre la Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell, el gran escaparate actual de este género con más de 150.

Suscríbete para seguir leyendo

Fuente: Diari de Girona