Concierto
Wilco, apoteosis de guitarras y rock intrépido para inaugurar el Alma Festival
La banda de Chicago exhibió poderío instrumental y generoso repertorio panorámico en su regreso al Poble Espanyol
Wilco desembarca de nuevo en Barcelona y Madrid: "No creo que nos hayamos convertido en una banda conservadora"

Jeff Tweedy, cantante de Wilco, durante su actuación en el Alma Festival / EFE

Sonreía Jeff Tweedy, brazos en alto y pelo alborotado como de siesta aprovechada hasta el último minuto, mientras animaba al público a dejarse la garganta con el estribillo de ‘I Am Trying to Break Your Heart’. Vale que “estoy intentando romperte el corazón” quizá no sea lo más bonito que se le puede cantar a alguien, pero fue justo entonces, apenas veinte minutos después de haber pisado el escenario, cuando el líder de Wilco supo que se acababa de meter al público en el bolsillo. Sí, otra vez. Como siempre. Y como nunca.
Porque, aunque lo parezca, no es lo mismo la familiaridad que la costumbre. La tradición que la rutina. Y Wilco, embarcados ya en su tercera década de vida, nunca ha sido un grupo muy dado a dejarse llevar por el piloto automático. Estarán más o menos inspirados y sonarán más o menos atrevidos, pero es casi imposible no mostrarse agradecido y satisfecho cuando rematan dos horas de impecable concierto con el fogoso y despendolado arrebato juvenil de ‘I Got You (At the End of the Century)’. Apoteosis de guitarras y rock intrépido en formato enciclopédico y retrospectivo para inaugurar una nueva edición del festival Alma en el Poble Espanyol.
En su regreso a Barcelona, los estadounidenses no sólo exhibieron poderío instrumental y eficiencia teutona: sin apreturas promocionales ni álbum nuevo que presentar (sí que cayó ‘ Annihilation’, del reciente EP ‘Hot Sun Cool Shroud’), se dejaron llevar por el caudal histórico de su repertorio y picotearon de casi todos sus discos de estudio. Ahí estaba, además, el volcánico guitarrista Nels Cline, baja en 2022 tras dar positivo de covid y entregado anoche a conciencia a las seis cuerdas ante la mirada cómplice de sus compañeros. Una vez más, apoteosis de guitarras, soltura sobrenatural a los mandos y diez minutos para enmarcar cuando se enzarzaron con ‘Spiders (Kidsmoke)’, canción que no tocaban en directo en Barcelona desde hace casi veinte años. Trote ‘motorik’, formidables latigazos de distorsión y línea directa con ‘A Ghost Is Born’, el disco que lo cambió casi todo.

Wilco, durante su actuación en Barcelona / EFE
Antes de la tormenta, la calma. O, por lo menos, un poco. Porque arrancó la noche con ‘Company in My Back’ y ‘Evicted’ avivando la llama de la americana y bordeando el folk y el country más sosegado, pero a las primeras de cambio, tres canciones de nada, el zumbido de ‘Handshake Drugs’ abrió la puerta a esos Wilco que entonces eran disruptivos y son ahora clásicos en el mejor sentido del término.
Distorsiones cruzadas e ímpetu aventurero. Puño de hierro y guante de seda para alternar los calambrazos escuela Television de ‘Side With The Seeds’ y la melancolía rompecorazones de ‘I Am Trying to Break Your Heart’ y ‘Jesus. Etc’. Esa fue, durante buena parte de la noche, la tónica dominante, resumen casi perfecto de una carrera hecha de raíces y antenas, del brillo pop de ‘If I Ever Was A Child’ y el tacto rugoso e incómodo de una descomunal ‘Via Chicago’.
En la pista, calor sofocante, un pequeño cercado separando entradas de diferente precio y comunión total con ‘Hummingbird’, ‘One Wing’ y ‘Either Way’. Clásicos portátiles sobre los que Wilco han construido su imperio y que sonaron anoche nuevamente infalibles.
De la rabiosa actualidad al pasado más remoto, zapearon por ‘Cousin’ para traerse ‘Meant to Be’; exhumaron la rocanrolera ‘Box Full Of Letters’, reliquia de su primer disco; y rindieron honores a ‘Yankee Hotel Foxtrot’ con una jovial ‘Heavy Metal Drummer’.
No hubo, como se esperaba, comentario político de Tweedy ni humeante canción protesta (¿lo es ‘California Stars’, con letra de Woody Guthrie?), pero no faltó, no podía hacerlo, una ‘Impossible Germany’ con Cline desatado a la guitarra y el solo (pelín) kilométrico arrancando aullidos y exclamaciones de admiración. Otro concierto intachable y bendita rutina de las noches para enmarcar.
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