La historia de las setas mágicas
De viaje psicodélico con el Cristóbal Colón de los hongos alucinógenos

El escritor Benoît Coquil fotografiado en la sede de Edicions del Periscopi, en Barcelona / Eli Don / ACN

Una cara estampada, una camiseta en un mercado callejero y una leyenda para la historia. En 2019, durante un viaje a Oaxaca, el escritor francés Benoît Coquil (Bretaña, 1989) descubrió la cara ajada y agargolada de una anciana que fumaba con los ojos cerrados. “María Sabina, sacerdotisa de los hongos mágicos 1894-1985”, anunciaba la franela. “Conocerla como camiseta ya dice mucho de lo que pasó a ser esa historia”, anticipa Coquil, para quien aquel primer encuentro casual con la gran dama de la psilocibina, chamana de Huautla de Jiménez y curandera de los hongos alucinógenos, fue más que suficiente para activar todos los mecanismos de lo que sería su primer libro, el lisérgico e hilarante ‘Cosetes’ / ‘Cositas’ (Edicions del Periscopi / Seix Barral).
Se trata, asegura Coquil, de una novela de aventuras que, de la Región Sierra de Flores Magón a Manhattan y de Walt Disney a la CIA, rastrea el fabuloso viaje que el discreto y larguirucho Psilocybe, esa simpática seta atiborrada de sustancias psicoactivas, emprendió hace más de setenta años. Una odisea de ida y vuelta que influyó notablemente en la cultura psicodélica de la segunda mitad del siglo XX y abrió aún más las puertas no a la percepción, sino a la banalización y espectacularización de las creencias ancestrales. “Es una historia que dice mucho de lo que hace occidente con las culturas autóctonas”, asegura el escritor. La cultura, en este caso, es la de los mazatecos, pueblo indígena de México que utilizaba en sus ritos adivinatorios y chamánicos una seta desconocida para los occidentales; unas setas alucinógenas a las que María Sabina se refería como sus ‘cositas’ .
El libro, sin embargo, no empieza con ella, sino con el banquero Gordon Wasson, vicepresidente de JP Morgan y micólogo aficionado que dio a conocer el Psilocybe en Estados Unidos. Él fue, de hecho, el primer extranjero en comer setas mágicas en una ceremonia conducida por la propia María Sabina y quien decidió incumplir la promesa de mantener aquellos rituales en secreto para publicar a toda prisa en la revista ‘Time’, un millón y medio de ejemplares de nada, un ensayo fotográfico de su doble viaje. "En busca de los hongos mágicos. Un banquero neoyorquino viaja a las montañas de México para participar en los antiguos rituales de los indígenas que mastican extrañas excrecencias que producen visiones", anunciaba el semanario en su número del 13 de mayo de 1957. El impacto, claro, fue colosal.

Gordon Wasson publicó en 1957 un artículo en 'Time' relatando su experiencia con las setas mágicas de María Sabina / EPC
Operación Psilocybe
De ahí que Coquil presente a Wasson como una suerte de “Cristóbal Colón de los hongos alucinógenos”. “Me interesaba reflexionar sobre la idea de descubrimiento. Aún hoy son reconocidos como los descubridores, pero esas setas ya se utilizaban desde hacía siglos”, explica. El plural, en este caso, hace referencia a Valentina Wasson, esposa de Gordon y auténtico cerebro en la sombra de la operación Psilocybe. “Fue ocultada de la historia psicodélica del siglo XX por su marido -lamenta Coquil-. Nada nuevo ni sorprendente, pero yo he querido rehabilitar su figura, porque ella era la científica. Era pediatra, y fue quien tuvo la intuición de que se podían utilizar los hongos con fines terapeúticos".
Lo mismo pensaron en la CIA, agencia de inteligencia que años antes ya le había echado el ojo al LSD para estudiar nuevas vías de sometimiento del enemigo, y que no dudó en infiltrar a sus agentes en las expediciones de Wasson para estudiar los posibles usos militares de la psilocibina. El interés, sin embargo, decayó pronto y el Psilocybe se convirtió en coto privado de "chamanes, brujos, alquimistas, hippies, sabios, locos, dioses y diablos". Lo que vendría a ser un día cualquiera en la oficinal de la revolución psicodélica de los 60, vamos. "Apareció en un momento en que todo el mundo estaba ansioso por probar nuevas cosas, experimentar. Llega en el momento perfecto, poco después del descubrimiento del LSD, y tuvo una influencia enorme en la música y en las artes visuales", explica Coquil.
También influyó notablemente, o eso parece, en Walt Disney, de quien cuenta la leyenda que pasó por Huautla de Jiménez y fue iniciado en el ritual de los hongos por María Sabina. "No se sabe si es verdad o no, pero me pareció interesante imaginar ahí a esa gran figura del divertimento occidental", apunta el francés. Por el camino, ecos de la fructífera relación entre el reino micológico y el rey Midas de la animación; ojos como platos en el estreno de 'Fantasía' con el baile de las setas al compás de Tchaikovsky; y una pesadilla final en al que Coquil fantasea con el cineasta asediado por todas sus criaturas. "Fue como una venganza", relativiza.
Wasson, por su parte, apuró su exitoso 'trip' con títulos como 'El hongo maravilloso: Teonanácatl. Micolatría en Mesoamérica' y murió, apunta Coquil, después de años de amargura y reproche. "Se volvió como una vieja seta, con un gran rencor hacia todos esos hippies que habían invadido su terreno de investigación", asegura.

'Cosetes' / 'Cositas'
Benoît Coquil
Edicions del Periscopi / Seix Barral
248 páginas / 256 páginas
19 euros
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