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Crítica de ópera

Calixto Bieito le da la vuelta a Händel con 'Giulio Cesare'

El director burgalés acierta con una propuesta rompedora que traslada la acción de esta obra maestra del Barroco a un país de superricos en pleno desierto

Montaje de ‘Giulio Cesare in Egitto’, de Calixto Bieito, en el Liceu.

Montaje de ‘Giulio Cesare in Egitto’, de Calixto Bieito, en el Liceu.

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

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Calixto Bieito lo ha vuelto a hacer: le ha dado la vuelta a una obra barroca para estampársela en la cara a la sociedad contemporánea haciendo suya las luchas por el poder político, los juegos de seducción y las traiciones que imaginó Georg Friedrich Händel para su espectacular ‘Giulio Cesare in Egitto’ (1724). Originalmente ambientado en la guerra civil que azotaba Roma durante la conquista de Egipto, el ‘regista’ español la ubica en la época actual, en un país imaginario construido en un desierto. Bieito imagina a la familia Julia y a la de Tolomeo como grupos de poder de superricos que se odian utilizando para ello un sorprendente aparato escenográfico firmado por Rebecca Ringst, todos vestidos con regusto ‘kitsch’por Ingo Kruegler e iluminados por Michael Bauer.

La propuesta, intensa, vitalista, con momentos visualmente impactantes –los vídeos son de Sarah Derendinger– y dramaturgia de Bettina Auer, estrecha colaboradora de Bieito, se decanta en un ambiente de lujo excéntrico en la que el soberbio sonido händeliano, estructurado en decenas de arias y recitativos, toma cuerpo ante potentes imágenes que se quedan en la memoria.

Estrenada en 2023 en Ámsterdam, esta coproducción de la Dutch National Opera y el Gran Teatre del Liceu deja claras las intenciones de Cleopatra, que utiliza el sexo como herramienta para obtener sus objetivos políticos, que al final consigue triunfante después de un genial juego de intrigas y seducción. Es quizás este personaje, defendido con inteligencia, técnica y virtuosismo por Julie Fuchs, el mejor trabajado, aunque no se le quedan atrás los que dibujan cuatro fantásticos cantantes españoles: el contratenor Xavier Sabata en el rol titular, entregado por entero a su personaje (como acostumbra) y, sobre todo, con gran control de las agilidades, así como, en papeles menores, el contratenor Alberto Miguélez Rouco en un Nireno que es todo un reto, el Achilla del camaleónico bajo-barítono José Antonio López y el ascendente barítono Jan Antem con un Curio de manual.

Completaban el entregadísimo reparto la expresiva, deseada, desquiciada y maltratada Cornelia de Teresa Iervolino, el sensible Sesto de Helen Charlston y el bien actuado y cantado Tolomeo de Cameron Shahbazi. Espléndida y aclamada la dirección musical del maestro William Christie, que guio a los a ratos algo nerviosos músicos de la reducida Simfònica liceísta (‘La marche’ podría haber sonado mejor), con el foso elevado y tocando con instrumentos de época, recorriendo de este modo un nuevo camino acústico.

Las casi cuatro horas de espectáculo bien valen la pena, tanto para los melómanos como para los amantes del mejor teatro.

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