Centro expositivo en Barcelona
Un visir del faraón de hace más de 4.000 años y máscaras mortuorias, lo más nuevo del Museu Egipci
El empresario y arqueólogo Jordi Clos muestra las últimas 19 adquisiciones que ha sumado a su colección del Antiguo Egipto que ya alcanza las 1.300 piezas
Viaje al Inframundo con el Libro de los muertos bajo el brazo en el Museu Egipci de Barcelona

Estatua del visir Sejemanjptah, a la entrada del Museu Egipci. / Zowy Voeten

Nada más cruzar la recepción del Museu Egipci de Barcelona da la bienvenida al visitante un nuevo y visible miembro de la ‘familia’ del coleccionista, arqueólogo y empresario hotelero Jordi Clos. Se trata de Sejemanjptah, nombre que significa "el poder y la vida de Ptah" y fue visir hace unos 4.400 años, durante el reinado del faraón Niuserre, en el Reino Antiguo. Era escriba de los documentos reales y supervisor de todas las obras del rey. Desde su estatua en piedra caliza de tamaño real, luce faldellín y peluca corta. Le falta una mano. Y su cara transmite serenidad y "resignación ante la muerte". Si originariamente flanqueaba la puerta de acceso de una mastaba (donde se enterraba a nobles y figuras destacadas) junto a otras dos estatuas sedentes, ahora invita a adentrarse en el museo de la calle de València y perderse entre las alrededor de 1.300 piezas del Antiguo Egipto que alberga, coleccionadas durante más de tres décadas, desde 1992, por el creador de la Fundación Clos.

Clos, ante la maqueta de un barco adquirida para la colección (al fondo. / Zowy Voeten / EPC
El propio Clos presenta a Sejemanjptah y otras 18 piezas recientemente adquiridas con la voluntad de "reafirmar el relato y los huecos históricos" de un museo que atesora 30 años de trayectoria, que guarda 15.000 referencias bibliográficas y por el que han pasado 6 millones de visitantes. Todas, excepto una pequeña cabeza de Nectanebo II, que está restaurándose en el piso superior, están ya integradas en la colección permanente y también en la exposición temporal sobre el Libro de los Muertos que aún puede disfrutarse.

Conjunto de máscara funeraria y pectoral sobre la momia de un supuesto soldado y la radiografía de su interior, en el Egipci. / Zowy Voeten / EPC
Otra de las piezas que más destaca Clos, por los detalles y la belleza de sus pinturas, es el sarcófago antropoide de madera de un personaje llamado Nietemhat (dinastía XXVI; 664-525 a.C.). Lleva un collar rematado por una cabeza de halcón y bajo este una divinidad alada sostiene unas plumas de avestruz. En la parte inferior, se perfilan los cuatro hijos de Horus. En otra vitrina señala Clos un gran vaso canopo de alabastro utilizado para guardar las vísceras de animales sagrados de mayor tamaño como el toro Apis y cuya singularidad radica en que la tapadera tiene forma de cabeza humana (en realidad un geniecillo funerario).
Pero como conjunto, llama la atención la momia de un supuesto soldado bajo la cual se ve en una imagen radiográfica los restos óseos del difunto. La novedad es la adquisición de una mortaja frontal dorada y su máscara funeraria, del periodo Ptolemaico (305-30 aC), realizada sobre la cara de la momia con tela de lino estucada y pintada utilizando pan de oro para el rostro dorado.
Subastas internacionales
Normalmente Clos adquiere las piezas en casas de subastas de medio mundo en las que teme que se le crucen las habituales elevadas pujas desde países como Qatar, como le ocurrió con el visir, que tras batallarlo al final se lo trajo consigo. Otras son de hijos o familias que heredan el patrimonio de un coleccionista (en su caso, revela que uno de sus hijos sí tiene sensibilidad por el Antiguo Egipto y que incluso participa en alguna de las excavaciones del museo).

Parte superior de la tapa de un ataúd, una de las nuevas adquisiciones del Museu Egipci. / Zowy Voeten / EPC
El visir era de una pareja canadiense que la vendió para donar el dinero conseguido por ella a una universidad de Montreal. Confiesa que entonces se las lleva primero a su casa durante dos o tres meses, ‘intimando’ con cada una antes de ingresarla en la colección. "Me gusta verlas, estudiarlas de cerca... Cuando entran en el museo ya son de todos los visitantes".

Cubierta de ataúd de Neitemhat, reciente adquisición de Jordi Clos (derecha), en el Egipci. / Zowy Voeten / EPC
Otros nuevos inquilinos del Egipci son la maqueta de una barca de madera con cinco hombres a bordo que lleva al difunto a la otra orilla, estatuillas de Anubis y de Osiris o la tapa de un ataud en la que las manos están dispuestas mirando hacia cada lado, "símbolo de prestigio", una fórmula hasta ahora inédita entre las piezas del museo.
Aunque cada vez resulta más complicado adquirir piezas por las reclamaciones de Egipto de su patrimonio histórico, Clos aspira algún día sumar a su colección alguna pieza del hereje Akenatón, el rey sol, u otras piezas de Cleopatra VII, además de la estela que ya se puede contemplar en las vitrinas. "Una mujer extraordinaria, una intelectual que sabía hasta siete idiomas, que tuvo relaciones con dos grandes romanos [César y Marco Antonio]", concluye sobre la reina el empresario hotelero, que se inclina a pensar que su tumba está bajo el mar de Alejandría.
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