Cuentos desde el exilio
Rodrigo Blanco Calderón publica ‘Venecos’: “He decidido no convertirme en un emigrado profesional; no puedo hacer de la lucha contra la dictadura una causa”
El escritor venezolano, autor de las novelas ‘The Night’ y ‘Simpatía’ y ganador del premio O. Henry., publica una nueva colección de cuentos hermanados por la épica cotidiana del emigrado
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El escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón publica la colección de cuentos 'Venecos' / Jorge Zapata / EFE

La primera vez que Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981) escuchó a alguien utilizar la palabra ‘veneco’, el calendario andaba varado en 2013 y el diccionario de americanismos de la RAE ya recogía el término como una manera despectiva de referirse a algo o alguien relativo a Venezuela. A él, sin embargo, aquel primer contacto no le resultó especialmente insultante. “La utilizó con mucho cariño una amiga escritora colombiana y me pareció una palabra simpática y sonora. Después sí que se ha ido cargando de sentido y de contenido despectivo”, explica el autor caraqueño radicado en Málaga ahora que su nueva antología de cuentos, la primera desde ‘Los terneros’ (2018), llega a las librerías bajo el título de, bingo, ‘Venecos’ (Páginas de Espuma).
A veces se olvida que tanto el que emigra como el que sigue viviendo en una dictadura hace su día a día"
“Titular así el libro tiene que ver con una tendencia que hay entre los propios venezolanos de reapropiarse de las palabras”, defiende a la hora de presentar una colección de relatos hermanados por las orillas, los cruces de caminos y el vuelo de los aviones. Por la épica cotidiana del emigrado, los lazos que unen (o desunen) y el exilio masivo de venezolanos de la última década. “La experiencia de la emigración ha sustituido por completo la discusión de las causas políticas de esa emigración. Es eso lo que ha provocado un cuestionamiento de la propia identidad”, reflexiona Calderón Blanco, ganador del prestigioso premio O. Henry por su cuento ‘Los locos de París’.
Instalado en Málaga desde 2019, el también autor de la novela The Night’ dejó su país en 2015, pasó una temporada en la capital francesa y da forma ahora a historias en las que los personajes se conocen en talleres literarios de título estrafalario ("Aprenda a escribir una novela a la manera de 'El Padrino'"), homenajean de forma nada velada a Camus (y a John Cazale, impecable en el incómodo pellejo de Fredo Corleone) o se disfrazan de sobresalto en el Palacio de Miraflores.

Rodrigo Blanco Calderón, fotografiado en Málaga, ciudad en la que vive desde 2019 / Jorge Zapata / EFE
La tensión del desplazamiento
Cuentos en su mayoría escritos desde la distancia, orbitando alrededor de una zona gris de identidades líquidas. “Estoy como flotando entre el país al que ya no puedo volver, o que si vuelvo ya no será lo mismo, y otro país al que siento que llegué tarde”, subraya. También recoge ‘Venecos’ dos historias nacidas en territorio venezolano en las que, destaca, ya aparecen “la tensión del exilio, la diáspora y el desplazamiento”. “Cuando uno emigra, la decisión no se toma de un día para otro. Yo decidí emigrar tres años antes de llegar a irme, y ya era un tema que estaba muy presente entre los amigos”, explica.
Confiesa el venezolano que, por respeto a la odisea de quienes cruzan a pie la selva del Darién y ante el pavor que le genera “el efectismo y el dramatismo relacionado con la experiencia del emigrante”, prefiere no despegarse demasiado de su propia experiencia, también dramática, pero de otra manera. “A veces se olvida que tanto el que emigra como el que sigue viviendo en una dictadura hace su día a día. El que vive estas experiencias no es las 24 horas emigrante o esclavo de la dictadura”, asegura.
De ahí que los cuentos de ‘Venecos’ esquiven la militancia para rendirse al humor, el absurdo y el culto a la obra maestra de Francis Ford Coppola. “No me gusta que el contexto político se imponga a lo que escribo”, defiende. Y no sólo eso: “En mi caso, he decidido no convertirme en un emigrado profesional. Por salud mental, no puedo hacer de la lucha contra la dictadura una causa”, asegura. “No puedo ni siquiera imaginar mi vida dependiendo de si la dictadura cae o no en Venezuela, porque eso te come, y ya he visto a mucha gente que lo está pasando muy mal. Ahí está el ejemplo cubano: hay generaciones de cubanos que crecieron, envejecieron y murieron esperando que muriera Fidel”, añade.
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