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'Gig tripping'

El fenómeno del turismo de conciertos da alas a Barcelona como plaza fuerte del circuito global

La popularización de los viajes para acudir a conciertos y festivales, a juego con la inclinación de las grandes estrellas a moverse menos y concentrar sus ‘shows’ en menos ciudades, sitúan a la capital catalana en un punto preferente de mapa internacional, con una agenda de 2025 repleta de grandes atracciones musicales

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Jaylen, Aaron, Isha y Kobil, de Estados Unidos, en el Primavera Sound de Barcelona

Jaylen, Aaron, Isha y Kobil, de Estados Unidos, en el Primavera Sound de Barcelona / MANU MITRU

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Jordi Bianciotto

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Barcelona
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Viajar para acudir a un concierto, o hacer turismo con la excusa de un espectáculo, ha dejado de ser una práctica propia de los muy fans para convertirse en una tendencia social con repercusión en distintos ámbitos, desde la configuración de las giras a las políticas de turismo de las administraciones. Barcelona aparece ahí como un punto del mapa bien posicionado, parada preferente de los grandes ‘tours’ (este año, una docena de estrellas en exclusiva española) que propicia la escapada exprés envuelta en el paquete de atractivos de la ciudad: cultura, gastronomía y comercio (y esa gran excentricidad europea de tener una playa a la que se puede ir en metro).

Hablamos de un fenómeno con nombre propio, el ‘gig tripping’ (viajes para asistir a bolos), y cuantificable, como esa cifra del 12% de los aforos de eventos en vivo en España ocupado por turistas extranjeros, según el último Observatorio Ticketmaster. Procedencia: Reino Unido (16%), Francia (15%), Estados Unidos (12%)… Pero los desplazamientos son también internos, un “turismo interterritorial, entre comunidades autónomas”, para acudir a conciertos y festivales, que “tiene un peso cada vez más relevante”, hacen notar desde la Asociación de Promotores Musicales (APM), que sitúa, citando al INE, en 3.800 millones de euros el gasto en turismo de conciertos en España.

Lady Gaga, que acaba de anunciar su tercera fecha en Barcelona, durante su actuación en la Superbowl.

Lady Gaga, que acaba de anunciar su tercera fecha en Barcelona, durante su actuación en la Superbowl. / Matt Slocum / AP

Conciertos concentrados

De la disposición del público a moverse para cazar una gira ‘top’ se han percatado los artistas y sus agencias, que ahora tienden a concentrar los conciertos en menos ciudades para que sean sus seguidores quienes se desplacen. Notable chollo para ellos: menos gastos en transporte de escenarios y producción. Se trata de optimizar al máximo el impacto social de una estrella, aunque esta práctica está solo al alcance de las más deseadas.

Ahí está Beyoncé, que en Europa presentará su ‘Cowboy Carter’ en dos únicas plazas, sendos estadios de Londres (seis noches) y París (tres). Y punto. O el grupo coreano Blackpink, cuyo ‘2025 World Tour’ se circunscribe a diez únicas urbes del planeta, cuatro de ellas europeas: París, Milán, Londres y Barcelona (Estadi Olímpic). En España, ahora las figuras más codiciadas tienden a preferir dar dos conciertos (o más) en una única ciudad, ya sea (preferentemente) Barcelona o Madrid, en lugar de actuar en las dos, dando por hecho que el público responderá (y, hasta ahora, así suele ser). Van en esa línea las visitas de Lady Gaga (tres noches exclusivas en el Palau Sant Jordi) o Dua Lipa (dos en el madrileño Movistar Arena).

La gira 'Cowboy Carter' de Beyoncé empieza el 25 de abril y tendrá varias paradas europeas.

La gira 'Cowboy Carter' de Beyoncé empieza el 25 de abril y tendrá varias paradas europeas. / Maria Lysaker / AP

Cuestión de estado

Está dinámica del ‘show business’, y su conjunción con la industria del turismo, llega a propiciar episodios inéditos, como cuando el gobierno de Singapur pactó con Taylor Swift que la ciudad-estado fuera la única parada en el sureste asiático del ‘Eras tour’ en 2024. Están en danza la proyección de una ciudad, su asociación con marcas de prestigio y el fomento de un turismo selectivo. Una ecuación que en Barcelona está nítidamente identificada. “Barcelona es campeona en turismo urbano y, eso, sumado a la excelencia de los programadores y a unas infraestructuras competitivas, posicionan la música como un factor por el cual apostar para seguir apuntando al turismo de calidad”, explica Mateu Hernández, director general de Turisme de Barcelona.

La capital catalana arrastra una larga tradición al respecto, sobre todo desde que en los años 70 acogiera los debuts en España de artistas como los Rolling Stones, Patti Smith o Lou Reed (Gay Mercader mediante). “Ha generado una industria local y unos festivales propios, como el Primavera Sound y el Sónar, que son referentes internacionales y que no compiten con la oferta local, sino con la global”, añade Hernández. Jugar a atraer público de otros países “hace que la exigencia de los programadores sea más alta y que la oferta sea mejor”.

El público vibra durante el concierto del australiano Tame Impala en el Primavera Sound de 2022, cuando el 65% de los asistentes fueron extranjeros.

El público vibra durante el concierto del australiano Tame Impala en el Primavera Sound de 2022, cuando el 65% de los asistentes fueron extranjeros. / Alejandro García / EFE

Un 60% de guiris

Para el Primavera Sound, el primer festival catalán (268.000 asistentes en 2024; segundo de España en volumen de público tras el castellonense Arenal Sound), la captación de foráneos es consustancial y de gran peso: un 59% de la audiencia en su última edición. “Este año seguiremos estando alrededor del 60%, una cifra con la que nos sentimos cómodos”, apunta su codirector Alfonso Lanza.

La muestra tiene experiencia en trabajar sus estrategias comunicativas y de marketing en otros mercados. “Centramos esfuerzos en los territorios de donde proviene nuestro público: España, Reino Unido e Irlanda, Estados Unidos, Italia, Alemania… Vemos que, desde hace muchos años, buena parte del interés mediático que recibimos es de la prensa internacional, especialmente de Estados Unidos. El público norteamericano es el que más crece en los últimos años”.

La cantante Taylor Swift en el Estadio Santiago Bernabéu, el año pasado.

La cantante Taylor Swift en el Estadio Santiago Bernabéu, el año pasado. / José Luis Roca / EPC

¿Condiciona esa clientela internacional a la hora de programar un festival? Para el Primavera, la confección del cartel tiene en cuenta “muchos factores y variables”, y se destaca su “elaboración minuciosa y artesanal, artista por artista”. ¿Y los precios? “En comparación con los principales festivales del mundo, nuestra media de las entradas se sitúa en la parte baja”, señala Alfonso Lanza. Este año, el abono para tres días partió de los 199 euros (para los asistentes de 2024) y trepó meses después hasta los 265 (y se agotaron).

Cierto estigma de ‘evento para guiris’ acompaña a veces a esas citas donde el público extranjero llega a superar el local. “Pero es motivo de orgullo que tenga fama mundial algo creado aquí, generando una industria propia muy importante. Nos hace mejores”, estima Mateu Hernández. Para Primavera Sound, “la música está en el centro de todo” y ha permitido contar con una “gran base de público local” y otro que viene de fuera, y todo ello “contribuye a poner a Barcelona en la primera división de los acontecimientos musicales a nivel mundial”.

Residencias en el radar

Según datos de Turisme de Barcelona, el ‘turista escénico’ es más joven que la media (35,5 años), es abrumadoramente internacional (76,4%) y gasta más durante su estancia (79,35 euros al día frente a 67,34). El consorcio toma ahora nota de la última tendencia: las residencias de artistas en un único escenario. Como la de Adele, diez días del pasado mes de agosto en Múnich, o esa Sphere que estrenó U2. “Eso es lo que tenemos que conseguir”, desliza Mateu Hernández, que observa la temporada baja, de noviembre a abril, como “una enorme ventana de oportunidad”. Queda camino por recorrer, añade. “Las promotoras tienen que entenderlo, debe haber infraestructuras preparadas…” Mira de reojo a un escenario futurible, el exPalau d’Esports, en proceso de reconversión. “Ojalá entre en el ecosistema musical”.

Por parte de la APM, se trata de valorar la música y la cultura como “eje de desarrollo”. Piden que las instituciones tengan un “papel activo”, ya sea “facilitando el acceso a infraestructuras” como “agilizando trámites y licencias, apoyando con incentivos fiscales o subvenciones específicas, y reconociendo al promotor musical como un agente cultural esencial”. Todo ello, a juego con ese aumento global del público de conciertos (los del ‘star system’), una tendencia que, por ahora, no toca techo y que comporta aparatosas derivadas en el campo industrial y económico.