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Literatura infantil

De 'La Sirenita' a 'Geronimo Stilton': la literatura celebra el el Día del Libro Infantil y Juvenil

La iniciativa nació en 1967 con el propósito de subrayar la importancia de la lectura en la infancia

Entrevista: Nahir Gutiérrez publica 'El cajón de las cosas que no duelen', una lección emocional sobre gestionar y soltar

Libros de literatura infantil y juvenil destacados

Libros de literatura infantil y juvenil destacados / EPC

Judit Bertran

Judit Bertran

Barcelona
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Cada 2 de abril se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, una fecha que, más que una conmemoración, es un recordatorio del poder de la literatura en la formación de las mentes jóvenes. La iniciativa nació en 1967 de la mano de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY), con el propósito de subrayar la importancia de la lectura en la infancia. Porque leer es un ejercicio de imaginación, una herramienta para la empatía, un laboratorio de creatividad y, en última instancia, un cimiento esencial en el desarrollo del lenguaje y el pensamiento crítico.

Si hay un nombre que brilla en la literatura infantil, es el de Hans Christian Andersen. El autor danés, con su gran imaginación, creó relatos que han trascendido generaciones y fronteras como 'Pulgarcito', 'La Sirenita', 'La Reina de las Nieves' -cuyo influjo pervive en fenómenos contemporáneos como Frozen- o 'El Patito Feo', una de las historias más universales sobre la identidad y la transformación. Sus cuentos, recogidos en ediciones como 'Cuentos de H. C. Andersen' (Austral Editorial), siguen siendo una puerta abierta a la imaginación de niños y adultos por igual.

Pero Andersen no estuvo solo en la tarea de dar forma al imaginario infantil. Los hermanos Grimm también dejaron una huella imborrable en la literatura. Más que creadores, dejaron bajo papel y rescataron relatos de transmisión oral y dotándolos de una estructura que los haría eternos. 'Caperucita Roja', 'Hansel y Gretel' o 'Barba Azul' han sobrevivido al paso del tiempo gracias a su capacidad de mutar y adaptarse, conservando siempre su esencia de asombro y misterio. Muchas de estas historias, recopiladas en 'Cuentos de los Hermanos Grimm' (Austral Editorial), siguen latiendo en la cultura popular.

Y si los clásicos construyeron los cimientos, la literatura juvenil ha sabido renovarse con fórmulas que atrapan a nuevas generaciones. En ese territorio, pocos personajes han tenido el impacto de Geronimo Stilton, el intrépido ratón periodista que convirtió la lectura en una aventura multisensorial. Con páginas con diferentes aromas (una de las claves de su éxito) y tramas que mezclan misterio y humor, la serie conquistó a los lectores de la generación Z en adelante. Cuenta con premios como el Andersen 2001 al personaje del año o el Ratitzer por 'El misterio del tesoro desaparecido' (Destino Infantil & Juvenil), Stilton no solo ha trascendido las páginas, sino que ha cimentado su lugar en la historia de la literatura infantil y juvenil.

Los beneficios de leer de pequeño

Según los expertos, leer es una poderosa herramineta para nuestra mente, para ejercitar la memoria y para aprender palabras nuevas. Y, para los más pequeños, leer un libro (o que se lo lean los padres) ayuda a pasar tiempo con los progenitores y, a la vez, aprender y ejercitar la mente para tener beneficios en un cerebro que está en plena fase de formación.

Ya lo aseguraba Nahir Gutiérrez, autora de 'El cajón de las cosas que no duelen' (Destino Infantil & Juvenil), en una entrevista con este diario: "Leer está en la base de todo, al igual que con la comprensión matemática", en la que explicaba que, en un mundo dominado por las pantallas y la gratificación instantánea, es importante recuperar el placer por la lectura pausada y reflexiva.

Entre los beneficios de leer están el desarrollo de la empatía, la maduración, a ser constantes y a potenciar la imaginación. Y estos beneficios no únicamente son individuales, sino que cuando los padres leen con los pequeños comparten ese tiempo de calidad que ayuda a reforzar el vínculo y a sentar la base del hábito de lectura.