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ENSAYO

Marina Garcés: "La amistad en sí es poco épica, pero su ruptura es muy traumática; genera una desnudez bastante insoportable"

La filósofa barcelonesa reflexiona sobre la naturaleza de la amistad en 'La pasión de los extraños', su nuevo ensayo

Marina Garcés, durante un encuentro con estudiantes.

Marina Garcés, durante un encuentro con estudiantes. / MANU MITRU

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David Morán

David Morán

Barcelona
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A Marina Garcés (Barcelona, 1973) siempre le ha intrigado que el consenso alrededor de la amistad, ese halo de cotidianeidad y extrañeza que la atraviesa desde hace siglos, no haya desembocado en liturgia o institución. “Para ser amigos no nos casamos ni necesitamos firmar documentos ni inscribirnos en un registro elaborar unos estatutos o aprobar un proyecto”, constata ahora la pensadora barcelonesa en La pasión de los extraños (Galaxia Gutenberg), ensayo que pone en duda el ideal ético de la amistad para reflexionar sobre su naturaleza y entenderla “no sólo como un afecto privado, sino como un desafío, una manera de desplazar los límites de lo que somos”. “La amistad es la única relación estable para la que no hemos inventado instituciones. No hay leyes ni códigos. Los lenguajes son múltiples, muy codificados. No es que sea pura, es que siempre se mantiene extraña”, subraya la filósofa. 

La amistad es la única relación estable para la que no hemos inventado instituciones. No hay leyes ni códigos

Autora de títulos como Nueva ilustración radical y Malas compañías, considera Garcés que la amistad se ha convertido en una zona de seguridad “ante las inclemencias externas”. De ahí, apunta, que una nueva generación de narradores millennial esté dejando de explicar historias de amor para centrarse en otro tipo de relaciones. “Las historias de amor y familia se han ido oscureciendo y son historias de violencia, abuso, arrepentimiento y malestar. En este consumo de la amistad se busca un refugio de todos los ámbitos”, explica. Y aún así, añade, no es suficiente. “A la amistad tenemos que pedirle más. Es un lugar de aventura, descubrimiento y compromiso”, asegura. 

Vínculos en pandemia

Subtitulado Una filosofía de la amistad, el nuevo ensayo de Garcés ahonda en conceptos como sororidad, fraternidad, soledad y aislamiento al tiempo que intenta descifrar unos vínculos que, asegura, no tienen parangón. Quedó claro, por ejemplo, durante la pandemia, cuando la vida frenó en seco y mucha gente se quedó varada, casi atrapada, junto a personas que, de haber podido, quizá no hubiesen escogido como pareja de baile confinada. “Se decretó que el espacio de convivencia era el único espacio posible en el que estar juntos”, apunta. En la mayoría de casos, añade la filósofa, quedaron fuera los amigos, “aquellos con quienes nos explicamos la vida”. Y la cosa, como recordarán, salió regular. "La pandemia dejó en suspenso todos nuestros vínculos", insiste.

De ahí, reconoce, parte del interés por un tema que siempre ha irradiado su pensamiento pero que florece ahora, cuando la amistad se presenta al mismo tiempo como salvavidas emocional y bien de consumo. “Precisamente porque no hay un cuerpo institucional es muy fácil deslizarse hacia una desregularización de las relaciones tanto sociales como afectivas del individuo capitalista que gestiona sus emociones y concibe la amistad como algo terapéutico”, alerta Garcés, para quien no es casualidad que su libro aparezca justo cuando Acantilado acaba de publicar los libros VIII y IX de Ética a Nicómaco de Aristóteles. "No deja de ser un azar significativo", asegura.

Polaridad y 'desamistad'

La noción aristotélica de amistad es precisamente uno de los puntos de partida de un ensayo que, de Gilgamesh a Thelma & Louise y de E.T a Nietzsche, también alerta sobre las amistades a la contra, construidas únicamente en base a una enemistad común. “Es una de las grandes polaridades sobre las que se ha construido la política moderna. Y la sociedad de enemigos está ganando hoy en día, eso está claro”, asegura.

Otro asunto espinoso, acaso el gran tabú que rodea a la amistad, es el de las rupturas no precisamente amistosas. "Tenemos la palabra desamor, pero no existe la desamistad", ilustra. Lo que sí que existe, añade, es la certeza de que un desencuentro entre amigos, o simplemente la vida pasando, puede ser más doloroso que una ruptura amorosa. “La amistad en sí es poco épica, pero su ruptura es muy traumática: genera una desnudez bastante insoportable -asegura-. Es tal el tabú que casi no hay historias sobre deshacerse de la amistad de manera natural. Nos da mucho miedo. Al final, damos por hecho que una ruptura amorosa pueda formar parte de la propia historia de amor pero una amistad, en cambio, ¿por qué se ha de acabar?".