Opinión | Política y moda
Carlos III contra Felipe VI
A los cinco minutos de un monólogo, el espectador desconecta. Es ahí cuando la entonación, la interpretación o los recursos visuales (como intercalar imágenes) aportan ritmo, agilidad y atractivo al mensaje

El mensaje de Navidad del rey Felipe VI, en imágenes / Christophe Simon/AFP/dpa
Si comparáramos visualmente los discursos navideños de Carlos III y Felipe VI, Buckingham Palace gana por goleada. Así como la monarquía inglesa adaptó la tradicional felicitación navideña al formato radiofónico y luego al televisivo; también ha comprendido que el lenguaje visual dominante actual es el dictaminado por las redes sociales (rápido y dinámico). Pero Zarzuela y TVE, un año más, a lo suyo... Y no es tan complicado, sólo se precisan ganas de mejora y cuidar algunos detalles referentes a la comunicación no verbal:
Desconexión
A los cinco minutos de un monólogo, el espectador desconecta. Es ahí cuando la entonación, la interpretación o los recursos visuales (como intercalar imágenes) aportan ritmo, agilidad y atractivo al mensaje. Así como a lo largo (interminable) discurso de Felipe VI sólo lo observábamos a él sentado (a excepción de una foto de familia estática al final) con lenguaje audiovisual de otra época (aún le piden al rey que gire el cuello para cambiar de plano) y el himno al iniciar y al acabar el discurso; el mensaje de Carlos III se inicia en Buckingham Palace con la banda real interpretando el "God save the King", pasa a una capilla donde se encuentra Carlos III y a los 10 segundos ya incorporan vídeos con distintas acciones de la familia real para acabar con un coro cantando un villancico. ¡Vidilla, señores!
Na-vi-de-ño
"Discurso de Navidad".. Es decir, el mensaje del rey no es un repaso de la actualidad del último año. Por lo tanto, que Felipe VI dedique sólo 10 segundos de sus 15 minutos y 9 segundos de monólogo a desear feliz Navidad en las cuatro lenguas oficiales del Estado es llamativo. En cambio, Carlos III se desplaza a una capilla (aconfesional) de un antiguo hospital (homenaje a los sanitarios en un año delicado para la salud de la familia), habla de los valores de paz y amor que trajo Jesús y que son compartidos por todos las filosofías y religiones del mundo, y también por agnósticos y ateos. Porque integrar no significa excluirse a uno mismo...
¡El niño rey, la mula y la bandera española!
La presencia de las banderas, española y europea, junto al ejemplar de la Constitución tampoco son adornos demasiado navideños y no aparecen en ningún otro mensaje de ninguna monarquía europea. El rey ya representa al Estado y la Carta Magna y, por lo tanto, no hace falta repetir simbolismos (a no ser que exista cierto complejo nacional...).
(Des)Proporción
Como cada año, la foto enmarcada y que en esta ocasión estaba dedicada a los afectados y voluntarios de la DANA solo se intuía. Quedaba demasiado alejada (borrosa) cuando merecía mayor protagonismo (podían haber armado un carrusel de imágenes y sobreponerlas sobre la locución del monarca cuando se refería a la tragedia de Valencia, al igual que en otros asuntos abordados). El pesebre, por su parte, quedaba ridículo frente al gran tamaño de la localización (salón de las Columnas del Palacio Real) y el gran árbol. No sabemos si los adornos son sostenibles y replantables como los de Carlos III (bueno, sí lo sabemos: no lo son).
Incongruencias
No resulta convincente que Felipe VI afirme que somos una "sociedad abierta" mientras cierra la mano izquierda (hermetismo, desconfianza); que tenemos una "economía prometedora" pero con el ceño fruncido y las comisuras de los labios hacia abajo (pesimismo); o encogerse de hombros (indiferencia, realidad lejana desde palacio) al referirse al problema de la vivienda... Carlos III, pese a tener un recuerdo para las diversas guerras, sale airoso.
Puñitos
Gesto recurrente del rey español cada vez que pretende transmitir "fuerza, firmeza y contundencia". El problema es que si lo haces estando sentado y con el ceño fruncido, te conviertes en carne de meme. Cada Navidad igual... Las manos de Carlos III quedan fuera de plano por la inflamación que sufre, pero los miembros de la casa real británica han recibido formación en artes escénicas e interpretativas y son capaces de comunicar sólo con el rostro. Al fin y al cabo, esa es su principal tarea: ser actores públicos.
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