Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

ENTREVISTA

Iván Ferreiro: "No me fío de nadie que no haya sido gilipollas en algún momento"

El cantautor se despide de 'Trinchera pop' el próximo 5 de diciembre en La Riviera: además, acaba de lanzar 'Cuento de hadas en Madrid', un villancico coral junto a Leiva, Pablo López, Vega y Rozalén, entre otros

Iván Ferreiro acaba de lanzar el villancico coral 'Cuento de hadas en Madrid'.

Iván Ferreiro acaba de lanzar el villancico coral 'Cuento de hadas en Madrid'. / PAU ROCA

Carlos H. Vázquez

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La siguiente conversación con Iván Ferreiro es una entrevista de pana, pijama y lana (oda a El Niño Gusano). Es invierno, llueve... La Navidad está llamando a la puerta cuando todavía es noviembre, aunque hay quien lleva desde finales de octubre adornando su entorno con luces y espumillones. En estos días, de hecho, Iván presenta el villancico Cuento de hadas en Madrid, que ha hecho con Guadi Galego y que recuerda a Fairytale Of New York de The Pogues. Pero a Iván Ferreiro no le gusta la Navidad. Desde su casa, su trinchera, observa el mundo a través de una mirada de caleidoscopio que le ha permitido cambiar de edad según el momento. Así lo hará el 5 de diciembre en la capital, cuando se suba al escenario de La Riviera para despedirse de su Trinchera pop (Warner, 2023). El músico gallego habla y cuenta que ha visto naves ardiendo más allá de Orión.

P. “Solo hay una guerra que puede permitirse el ser humano. La guerra contra su extinción”, dijo Isaac Asimov. En esta trinchera suya, ¿de qué guerra se resguarda usted?

R. Pues qué difícil… Supongo que de la guerra que habla Asimov, ese mundo tratando de acabar con todos nosotros. Cuando pensaba en la trinchera, pensaba más en el compromiso que en la guerra. Era una guerra metafórica, más relacionada con el compromiso con el trabajo, con los gustos, con los discos que escuchamos, con los libros que leemos. Es una forma de enfrentarnos al mundo, una especie de escudo que encontramos en las expresiones artísticas o incluso en el entretenimiento. También es una manera de definirnos y protegernos de lo que no nos gusta, dejando claro con lo que no estamos de acuerdo.

P. Su anterior disco se titula Casa y este último, Trinchera pop. Como cuando jugamos al pilla-pilla de pequeños y nos refugiamos en “casa”, ¿se encuentra usted buscando un recogimiento?

R. Me gusta lo que dices del pilla-pilla. Al principio, “casa” es el lugar donde te proteges, pero con el tiempo se convierte en donde están los amigos felices, tu familia, tus rincones favoritos. Hay algo de protegerse en Trinchera pop, pero también hay crítica a lo que no me gusta. Por ejemplo, últimamente pienso mucho en la ultraderecha, en el fascismo. Hay gente que desea eliminar leyes, imponer sus normas, y eso me preocupa.

P. Abel Caballero (alcalde de Vigo) alardea de las luces navideñas de la ciudad. ¿Hay personajes que nos iluminan la batalla?

R. Sí, nos iluminan la batalla, pero tampoco me gustan mucho, ¿sabes? Utilizan herramientas autoritarias. Tengo la sensación de que cada vez contamos menos como personas, que somos solo números o followers. Y parece que cada vez más gente quiere que le digan qué hacer. Creo que tiene que ver con cómo está planteada la educación. Cada vez desean una sociedad más ignorante, simplificando todo con eslóganes fáciles. Entre tú y yo, me parece un poco estúpido ir a una ciudad solo por las luces.

P. En la película Land Of The Dead, de George A. Romero, los supervivientes lanzaban fuegos artificiales para distraer a los zombies. ¿Nos hemos convertido en los zombies de nuestra propia película?

R. En algunos aspectos sí. Las noticias, por ejemplo, están diseñadas para que cada uno escuche lo que quiere oír. Eso son fuegos artificiales. Incluso en el mundo cultural lo veo: hay conciertos que son más fuegos artificiales que música. Ahora todo gira en torno a quién hace el espectáculo más grande, y a veces olvidamos la esencia de las canciones.

P. ¿Y qué sucede con los villancicos? Publica ahora Cuento de hadas en Madrid.

R. No todo el mundo hace villancicos, no. Algunos hacen villancicos y hacen los de siempre, que son horrorosos. Creo que el villancico de The Pogues es el más bonito de todos los tiempos. Pero no me gusta mucho Navidad. Me pone bastante triste por cuestiones personales y familiares. No la odio ni nada, pero echo de menos cuando me encantaba la Navidad siendo un crío y me hacía ilusión; llegaba la Navidad y era muy feliz. Luego, en la Navidad adulta, por circunstancias propias, tuve otras sensaciones diferentes. Ahora tengo que esforzarme, cenar en un sitio que me guste, irme de viaje a donde me apetezca... La Navidad trae consigo un montón de pensamientos tristes y de recuerdos indeseados.

P. Una vecina me dice que ojalá pudiera dormirse en Navidad y despertarse el 8 de enero.

R. Yo me siento igual. Antes simplemente atravesaba la tristeza navideña como podía. Por eso, en mi villancico digo “que se acabe esto ya”.

P. Dicen en Musicradar.com que en un solo día se publica tanta música como la que se publicó en todo el año 1989. ¿Hay más cantidad que calidad?

R. No podemos saberlo porque no podemos escuchar todo. Quiero pensar que hay mucha música increíble que no nos da tiempo a descubrir. El problema es que hablamos muy a la ligera sobre música que no nos gusta. En los 80 también había mucha música mala, aunque ahora nos parece una época dorada. La percepción de lo bueno o malo cambia con los años. Creo que estamos en una mala posición al decidir que todo lo de ahora es basura. Es un error.

P. Debajo de la portada de mi vinilo de Trinchera pop me está la carpeta de Movin' On de Novecento, lanzado en 1984. Este collage sonoro y gráfico representa tu personalidad, pero ¿cómo organiza algo así?

R. Nuestra personalidad es caleidoscópica y a medida que crecemos, más. Estamos definidos por lo que éramos en la infancia, luego en la adolescencia, después en la juventud y al final ese paso a la adultez... Somos una mezcla de gustos, de cosas contradictorias todo el rato. No me gusta el cine de terror, pero me encanta tal película de M. Night Shyamalan. Tampoco me gusta el cine de acción, pero me gustan cuatro pelis. Somos una contradicción que camina, todos nosotros. Creo que va siendo hora de que abracemos esa contradicción y que sepamos que somos muchas cosas. El otro día tocamos con Sidecars en Madrid y acabamos hablando con Rubén Pozo. Mi hermano Amaro decía que siempre queremos comportarnos con la edad que tenemos, pero a lo largo del día deberíamos tener todas las edades; uno a las once de la noche tiene 54 años, pero cuando bebe un gin tonic a las doce igual ya tiene 45, y a lo mejor a las tres de la mañana puede comportarse como si tuviera 20. Y, probablemente, si hay un problema, vuelva a tener 54 y se comporte con más madurez. No está mal cambiar de edad a lo largo de un día, y tampoco está mal cambiar de gusto a lo largo del día o a lo largo del mes.

P. ¿Qué edad tendrá sobre el escenario de La Riviera?

R. Pues tendré todos: 54 años, 16, 12... Pienso mucho en mis edades cuando toco. En la banda llevamos mucho tiempo juntos, hay mucho amor, mucha amistad. Cada vez que tocamos y bajamos del escenario decimos que ha sido nuestro mejor concierto. Disfrutamos mucho. Siempre digo que mis últimas giras son las giras del adolescente, porque son las que yo soñaba, pero no podía hacerlas a los 14 porque no tenía la experiencia que tengo con 54. Todas mis etapas pasan por mi cabeza, todas las edades, y me doy cuenta que al público le pasa exactamente lo mismo; cuando oyen la canción se acuerdan de cuando eran jóvenes, pero la letra les habla de lo que son ahora. Creo que la música tiene que tener ese componente.

P. ¿Le siguen pidiendo Oh, nena?

R. Al seguidor hay que hacerle el caso justo, lo digo con todo el respeto. Creo que me pidieron Oh, nena en Málaga, pero me la piden poco. El público ya sabe dónde estoy, lo que pueden pedir y lo que no. Mi trabajo es hacer un repertorio que el oyente no sabe que quiere, así que tengo que estar un poco por delante. Si hiciera el repertorio que el oyente quiere todo el rato no me hubiera movido desde el año 95. Hay que ser muy respetuoso con el público pero para ser respetuoso con el público hay que ser fiel a uno mismo. Lo que más satisfacción me da de este trabajo es cuando me dicen que les ha encantado el concierto, porque he quitado esta y esta otra canción que era insustituible hace siete años.

P. Como en Interstellar, si pudiera volver a un momento específico de su carrera para modificar algo, ¿cuál sería?

R. No cambiaría nada, porque incluso los errores me han llevado a cosas buenas. Hasta las cagadas me han enseñado. Y no hablo solo de repertorio, hablo de la vida. Hay muchas más cosas de mi vida de las que no estoy nada orgulloso, pero sí estoy orgulloso de haber aprendido. Y supongo que incluso hoy día hay cosas de mí que no me gustan mucho, porque a veces actúo de maneras que no me gustan o digo cosas que no debo. Con los años –cada vez– aprendo más y también aprendo más a perdonarme a mí mismo, aprendo a entender que no puedo ser una persona perfecta y correcta todo el rato. Aspirar a que todo el mundo te quiera es una estupidez, porque es imposible, y tratar de aspirar a no cometer errores, también. ¿Sabes esa sensación que tienes cuando haces algo de lo que luego te avergüenzas, que te sientes mal y hasta te mareas? Esa sensación es horrorosa. Pero cada vez tengo menos miedo también a esos momentos. La vida me va a traer alegrías, pero me voy a morir, igual que se va a morir la gente. A medida que crezco, la enfermedad está más alrededor de la gente de mi edad. Sufro con mis hijos, con el futuro... Cuando veo a Donald Trump ganar, me entra un canguele que me muero... Pero cada vez tengo menos miedo existencial. La vida es eso: crecer y madurar, que es una cosa que no me gusta mucho, pero he tratado de hacerlo lo más lento posible (risas). Acepto un mundo que no es el que me gustaría, también me acepto a mí mismo, aunque a veces me caigo fatal. Pero también te digo una cosa: no me fío de nadie que no haya sido gilipollas en algún momento.

P. ¿Nada de lo que pasa se olvida, incluso si ya no lo recuerda, como en El viaje de Chihiro?

R. Esa frase me encanta. Es que me estás hablando de algo tan hermoso como es El viaje de Chihiro. Y sí, estoy de acuerdo con eso, que nada se olvida aunque no te acuerdes, efectivamente.