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NOVEDAD EDITORIAL

Nuria Labari vuelve al relato: "Mi libro nace de la disonancia entre el Apocalipsis que vivimos y la felicidad que retrata Instagram"

La escritora y periodista publica 'No se van a ordenar solas las cosas', seis relatos que dan cuenta del malestar del siglo XXI

La escritora y periodista Nuria Labari, en una imagen de archivo.

La escritora y periodista Nuria Labari, en una imagen de archivo. / JOSÉ LUIS ROCA

Elena Hevia

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Barcelona
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Cazar rayos en una tormenta, con su fuerza destructiva y su iluminación súbita, es una actividad no muy aconsejable y, sin embargo, es la imagen que utiliza Nuria Labari para describir su último libro de cuentos, No se van a ordenar solas las cosas (Páginas de espuma), que aparece 15 años después de su debut en la escritura, gracias también a un volumen de relatos, Los borrachos de mi vida, con lo que es fácil pensar que está cerrando un círculo.

Y es que Labari, santanderina de 44 años, periodista a la par que escritora, siente que a través de estos seis rayos narrativos está profundizando en voces que siente muy alejadas a ella -adolescentes vigoréxicos con su jerga particular, judíos octogenarios que evocan los campos de concentración en yiddish, bereberes que destrozan (o reconstruyen) el español, etc, etc- para darles un cuerpo que no tienen en una sociedad en el que apenas se les percibe y, de paso, aprender y crecer como autora. “Este es un libro sanador”, adjetiva.

Confusión y miseria

No se van a ordenar solas las cosas podría parecer una reprimenda de madre sobrepasada por las tareas domésticas y, sin embargo, se trata de un verso de la gran Wislawa Szymborska, la Nobel polaca, que alude a las cosas cotidianas a las que deberemos enfrentarnos en tras una destrucción bélica. Ese estado de confusión y miseria que la autora relaciona con nuestro presente es el que le sirve de punto de partida a sus historias: “El libro nace de ese malestar íntimo que hemos sentido todos, desayunando con niños destrozados por las bombas y almorzando con Mr. Wonderful, esa disonancia entre el Apocalipsis que vivimos y la felicidad que retrata Instagram. Ese es el lugar disruptivo desde el que nos estamos relatando”. De ahí que no sea raro que la autora perciba que en este tiempo loco nuestra identidad ha fracasado: “Porque es imposible encontrar un espacio íntimo en esa tormenta, es imposible cualquier atisbo de bienestar”. 

A la autora se le ha adjudicado el membrete de combativa en sus dos últimas novelas, aparecidas en el sello Random House -donde seguirá publicando-, pero ella no parece del todo satisfecha con ello: “Cuando una mujer publica un libro sobre su madre, como hice yo con La mejor madre del mundoinmediatamente se la coloca en la estantería del feminismo, lo que no le ocurre a Richard Ford cuando escribe sobre la suya. Un libro firmado por una mujer en la que aparece la palabra madre no interpela a los hombres, parece que no tenga un valor universal” y resume: “Detesto la literatura ideológica”. 

No para Ayuso

La interpretación en base a la perspectiva de género, también se disparó claramente con El último hombre blanco. A su pesar, no porque Labari se opusiera a ello -como periodista jamás la abandona- sino por reduccionista o por sentirse mal comprendida. El libro seguía el proceso de una mujer triunfadora en el terreno laboral gracias a haberse comportado como un hombre. “Luego se ha leído como un libro combativo pero yo lo escribí en medio de una ola de feminismo y tenía miedo de que se malinterpretara. Vamos que temía que Isabel Díaz Ayuso lo leyera y dijera que el libro la reconfortaba”. 

Cansada de aquella voz femenina (o no tanto) que retumbaba como un tambor, y en un estado malrrollero y de ansiedad high level en lo personal y en lo político -échale la culpa al cambio climático, a las guerras, a la velocidad de las cosas, alas tensiones partidistas y a la precariedad a la hora de alquilar o adquirir una vivienda- se puso manos a la obra con estos cuentos que se engarzan gracias a esa atmósfera disonante. “No quería escribir con las tripas porque eso ya se agotó en mi última novela, quería organizar un consuelo sobre el sentido del mundo a través de un lenguaje más implicado en la realidad”. Y sí, Labari que se lanza a las explicaciones con una mezcla fogosidad e ironía, siente que ha puesto su granito de arena para comprender este apocalipsis que es exhibido cada día a través la red social que esté de moda en ese momento.