MÚSICA
Nena Daconte: "He muerto y he resucitado unas cuantas veces, ahora estoy viviendo mi última vida"
Reunida en su nueva oficina, María Meneses presenta las canciones que compondrán su próximo disco, el séptimo, titulado 'La escafandra' y producido por Sergio Sancho

María Meneses, cantante. / José Luis Roca
Reunida en su nueva oficina (Hook), María Meneses (Madrid, 1978) escucha con el equipo las canciones que compondrán el próximo disco de Nena Daconte, el séptimo, titulado La escafandra (Altafonte, 2025) y producido por Sergio Sancho. “Cuenta una historia de amor, de su dualidad, de la fase de idealización hasta la fase de desilusión. La escafandra es una metáfora de la coraza que nos ponemos para que nadie nos haga daño”, explica la autora. “Pero a la vez le estamos pidiendo a la otra persona que rompa esa escafandra y nos saque de la profundidad emocional en la que nos hemos metido”. Amar y no atreverse, amor de valientes, relatos intimistas y personales que parten de la realidad de María, “aunque al final hable de cosas que nos pasan a todos”. Pero para llegar hasta aquí, primero hay que recapitular lo sucedido, mencionar algunos pasajes del libro Tenía tanto que darte: amor, música, ansiedad, sueños y locura (Plaza & Janés, 2022) para tratar de entender este descenso a las profundidades.
P. ¿Por qué ya no es Mai, sino María?
R. Quería empezar de cero, desde donde lo dejé. Mi intención es quitarme todas las caretas, todas las barreras que yo me he ido construyendo, para que no me hagan daño, para protegerme e intentar llegar a tener la ingenuidad de cuando tenía diez años. Salía al escenario pensando que iba a hacer el payaso como lo hacía cuando tenía 10 años.
P. Tenía miedo escénico...
R. Sí. El miedo escénico lo he trabajado durante muchos años y al final trabajé mucho en la programación neurolingüística. Yo me repetía a mí misma todas las ideas que quería ser. Al final, al cabo de mucho tiempo, de muchos meses y de muchos años, el cerebro se acaba convenciendo. Para personas que tienen la autoestima por los suelos, es un trabajo que yo considero científico y útil.
P. Si mal no recuerdo, fue Narcís Rebollo, presidente de Vale Music, quien la llamaba Nunca Meneses, porque 'mai' en catalán significa 'nunca'.
R. Nos sugirieron cambiarnos el nombre para entrar en Operación Triunfo. Mai Meneses es como el diminutivo de María Isabel. Y de pronto creo que construí un personaje en torno a esa Mai, a ese nombre que estaba lleno de inseguridad; no tenía nada bondadoso ese nombre. Todo lo hacía mal, bailaba mal, cantaba mal. Era como una especie de voz interior súper perfeccionista, que no me dejaba realmente vivir, no me dejaba ser libre, no me dejaba fallar. Y supongo que esa voz era también fruto de muchas voces interiores que iba asimilando. Me pareció bonito ponerle un nombre a toda esa parte negativa de mi personalidad y echarla por la borda y olvidarme.
P. ¿Hace tiempo que está de vuelta?
R. Creo que sí. Lo que pasa es que desde marzo no lo había sentido. O sea, estaba de vuelta racionalmente, pero mi cuerpo todavía no lo sabía.
P. Dice en su libro que el problema que siempre ha tenido es que nunca ha considerado que su lugar fuera el del éxito. ¿Esto se puede aplicar tanto a lo artístico como a lo familiar?
R. Sí, sobre todo en lo artístico. Hay una frase de una canción mía que dice que en la vida, princesita, también hay que aprender a ganar. Y es verdad, a veces te enseñan a perder, te enseñan cómo tienes que afrontar esa frustración, cómo tienes que caminar para adelante, pero saber ganar también es importante. Saber que tu lugar a veces está por encima de las personas que te rodean. Y en eso siempre he tenido un gran conflicto. Y yo creo que ya lo estoy resolviendo. Me estoy permitiendo el lujo de ganar y disfrutar con eso.
P. ¿Cuánto se pierde cuando se gana?
R. Depende del momento en el que estés viviendo. Si yo ahora ganara, creo que no perdería nada. Me veo a mí misma como una persona que ha tenido un gran éxito, que luego se dedicó a otra cosa, y ahora esta remontando. A nivel industria, a nivel público, todavía no estoy en ningún lugar, estoy en una especie de tierra de nadie; la gente sí conoce a Nena Daconte, la canción Tenía tanto que darte, pero me preguntan si sigo cantando, cuando he seguido haciéndolo desde el 2021 y estamos girando en serio.
P. Su madre llamaba 'veneno' a la música y se lamentaba diciendo que iba a ser “una desgraciada”. ¿Cómo lo llevan ahora?
R. Están como en otra fase, ya son muy mayores, y han visto que llevo 20 años viviendo de la música. Nunca les he pedido dinero, entonces se han convencido de que la música puede ser una profesión.
P. ¿Cuándo ha empezado a comprender a sus padres?
R. Cuando tuve hijos. A veces somos muy injustos como hijos y no nos damos cuenta de lo que significa ser padre. Yo conocí el amor cuando fui madre, todo porque lo de antes no era amor.
P. ¿Sus hijos saben quién es?
R. Sí, ahora ya están empezando a saber que soy un poco famosilla, que me dedico a la música, que la gente conoce alguna canción mía... Son muy críticos conmigo (risas).
P. En Psiquiatría Forense el profesor les dijo que solo el 1% de los locos oficiales tiene algo artístico o interesante que aportar al mundo. Dice que fue devastador.
R. Cuando tienes en la cabeza tanto desequilibrio y tantas idas y venidas, pues piensas que a lo mejor todos los artistas son iguales. Luego, con el tiempo, aprendes a utilizar todos esos vaivenes. Todavía sigo buscando ese lugar de paz desde el que componer, y que aún no he encontrado. Y me cuesta, ¿eh? He ido muchas veces a terapia y siempre me dicen que deje de atormentarte, que busque un lugar de paz y componga desde ahí, pero siempre les digo que creo que no voy a poder. Si lo encuentro, lo mismo dejo de componer y no quiero dejar de componer tampoco.
P. Cuando fumó marihuana por primera vez, dice que escuchaba todo y que todo era como en tres dimensiones.
R. Sí. Pero no componía fumada. Me daba cuenta –de eso sí que siempre fui consciente– que cuando fumaba e intentaba coger la guitarra e intentaba componer algo, pensaba que era una mierda. Pero alguna rara vez he probado con otras cosas y ha funcionado. Pero no buscaba drogarme para componer, sino que daba la casualidad que en ese momento compuse.
P. ¿Por ejemplo?
R. Tenía tanto que darte. Pero no lo busqué para componer esa canción. Me quedé sola en casa, y dije: “Bueno, voy a distraerme”. Y me distraje y luego vi la guitarra, y pensé: “Ah, pues a ver”. Pero yo soy consciente de que casi nunca eso funciona. Sí que es verdad que hay muchas canciones que no recuerdo haberlas compuesto. Por ejemplo Disparé. No tengo ningún recuerdo de haber compuesto esa canción.
P. ¿Cómo se le declara la guerra a la cordura?
R. Pues dejándola de lado, dejándola de escuchar. Siempre he tenido esa dualidad entre lo que quiere mi cabeza –que lo sé porque soy muy racional y sé perfectamente qué tengo que hacer– y un corazón loco.
P. ¿Le diagnosticaron trastorno límite de personalidad?
R. Solo me lo han diagnosticado dos veces, de bipolar, cuando era joven, pero no me ha vuelto a decir nadie si soy bipolar o no. Y luego, depresión psicótica. Ahí empecé a tratarme de psicosis y todo eso.
P. ¿Cree que los médicos tiraron la toalla con usted?
R. Me decían que esa medicina tenía que tomármela de por vida. Quiero apoyar la salud mental desde el punto de vista médico; hay mucha gente que necesita ayuda. La medicina a mí me hizo mucho bien, pero yo me negaba a ser una enferma crónica, entonces me empeñé en ir al origen, dónde estaba ese estrés mental, por qué tenía tanto estrés mental... y entonces lo conseguí. Fue duro, pero lo conseguí.
P. ¿Cuánto tiempo le llevó?
R. Como 12 ó 13 años. Mucho tiempo. Pero al final salí. Yo pensaba que mi personalidad era esa, pero ahora estoy fenomenal y soy libre. Me he quitado una losa de encima. Estaba enferma. Iba tirando, haciendo, lloraba por todo...
P. En esas situaciones, hay quien opta por el suicido.
R. Claro, pero no fue mi caso. Yo he tirado la toalla a nivel de que me daba igual todo, como una especie de pasotismo vital.
P. ¿Por eso la canción Libre, de su próximo disco?
R. Es por otro tema. Le he puesto ese título también porque me siento libre. Habla del amor, de las relaciones abiertas en el siglo XXI. Ahora podemos decirle a la otra persona nuestra necesidad de que esto sea así o no. Es un tema que provoca muchas preguntas, que todavía provoca mucho miedo. En la canción muestro un amor vulnerable, pero con la capacidad de decidir que quiere soltar a la otra persona, aunque no vuelva al camino, aunque no vuelva contigo.
P. ¿Cuánto tiempo tiene estas canciones? ¿Torpezas fue la primera que grabó?
R. Sí, empezamos en agosto de 2022. Me parece que Torpezas es de junio.
P. Habla de cinco cicatrices en siete vidas...
R. Como ahora tengo gatos, me hace gracia. Yo me he muerto y he resucitado unas cuantas veces y ahora estoy viviendo mi última vida.
P. ¿Cómo surgió la colaboración con Iván Ferreiro en Sueño?
R. Me gusta Iván Ferreiro. De pronto, en las redes empezaba a decir cosas que para mí eran importantes y conecté con su mensaje como persona, no como artista en las canciones, que está relacionado, pero a veces somos más como persona que como en la canción. En los Premios de la Música del año pasado dijo algo así como que no nos olvidáramos de que la música no era una competición, entonces hice un post en Instagram y utilicé esa referencia suya; no estamos aquí para competir, estamos para hacer música, y los números en el fondo son una mierda, que es lo que ha dicho Carmen Boza. Iván me contestó y empezamos a hablar. Yo ya tenía esa canción, Sueño, y quería pedirle que la cantara conmigo, aunque no lo conocía, pero me atreví y le pregunté. Es una canción que no le pega ni con cola, pero es tan romántica que quería quitarle ese punto ñoño con una voz masculina como la suya, que no se le presupone ñoñería por ningún lado. Así que se lo pedí y sin escucharla y sin leer la letra ni nada me dijo que sí. Le conté la historia en una especie de nota de prensa personal, por dónde iba a ir la canción dentro del disco, lo que significaba... Y luego se la mandé. No me imaginaba ese tema sin su voz. Me parece perfecta y él me resulta súper generoso (artísticamente) por tirarse en plancha, venir al estudio y ofrecerse.
P. Como cantaba Silvio Rodríguez en El elegido, ¿lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida?
R. Bueno... Se parece un poco a lo de que en la vida hay que aprender a ganar también. O sea, es verdad. Cuanto más mayor te haces, y me imagino que cuando uno está a las puertas de la muerte, te das cuenta de dónde realmente fuiste feliz y lo que significaba la felicidad. Hay una canción de Cristina Rosenvinge (Ni una maldita florecita) que a mí siempre me gustó, que decía, “el día en que yo fui feliz, nadie tocaba el violín. Ni una maldita florecita, ni un arcoíris sobre mi”.
P. Entonces, ¿ahora es feliz?
R. Sí.
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